BELÉN ARAÚJO

Cada año que pasa se produce más y más electricidad a través de energías renovables. Ya hemos hablado en estas páginas de la solar y de la eólica, dos tecnologías que producen energía aprovechando la luz solar y el viento. «A día de hoy ya hay más de 30.000 megavatios de fotovoltaica instalada y otros tantos de eólica. Es una barbaridad y el objetivo es seguir instalándola hasta 2030», explica Ignacio Aparicio, el director de la central térmica de Sabón, en Arteixo.

Pero, ¿qué pasa cuando es de noche? ¿O si un día no hay ni un poquito de viento? En esos momentos es cuando entran en juego otras maneras de generar electricidad que no dependen de los elementos de la naturaleza. «El reto es que hay que seguir generando energía cuando la solar y la eólica todavía no están en funcionamiento y también cuando estas desaparecen», añade el experto.

Imagínatelo como un partido de fútbol o de baloncesto. Hay un equipo titular, que serían las renovables, pero también hay jugadores que se sientan al banquillo y que están listos para saltar al campo si sus compañeros se lesionan o cuando están muy cansados. Una de esas tecnologías que está siempre disponible para entrar en acción es el ciclo combinado. «Nosotros nos consideramos una energía de respaldo», admite el director de la central arteixana.

Un tecnología que son dos

Como ya te imaginarás por su nombre, el ciclo combinado es, en realidad, una mezcla de dos tecnologías diferentes. Es decir, que las centrales de este tipo tienen dos turbinas: una de gas natural y otra de vapor. La primera que se activa es la de gas, que empieza a girar gracias a la combustión de ese compuesto. Esta turbina, por si sola, ya está generando electricidad.

Pero es que además de producir energía, la combustión del gas también produce mucho calor. Piensa en el motor de un coche, que también se calienta al arrancarlo. Para no desaprovechar ese calor, las centrales de ciclo combinado lo usan para calentar agua. Y, como seguro que sabrás, cuando el agua se calienta por encima de los 100 grados centígrados se convierte en vapor de agua. Es precisamente ese vapor el que mueve la segunda turbina de estas centrales produciendo, a su vez, más electricidad.

Todo este proceso lo verás más claro en el gráfico que acompaña a esta información.

La más veloz

Pero, ¿por qué se utiliza esta tecnología como respaldo y no otras? «Las centrales de ciclo combinado son muy flexibles. Pueden estar produciendo cargas muy bajas y, en un momento determinado, cuando las necesites, aumentar la producción de energía de manera muy rápida», afirma Aparicio. En ellas se va regulando cuánta electricidad producen utilizando más o menos gas natural. Y como la combustión sucede de manera instantánea, encender y apagar este tipo de centrales es un proceso muy rápido. ¿Cuánto de rápido? «En menos de media hora desde que pulsamos el botón de arranque ya estamos listos para acoplarnos a la red», asegura el director de la central.

Este papel de energía de banquillo lo tenían antes las centrales de carbón, que también eran bastante rápidas arrancando motores. Pero la mayoría han ido cerrando porque, como explica Aparicio, «una central de carbón produce el triple de CO2 que una de ciclo combinado, lo que conlleva grandes costes económicos —por las tasas de derecho de emisión que hay que pagar— y, sobre todo, medioambientales».

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