ANA ABELENDA

Verse envuelto en un huracán de versos no es para gente que aspira a llevar una vida de prosa. Con agendas medidas, cálculos estándar y planes geniales. Busca prosa en el diccionario y verás la diferencia. Hace tiempo que me escondo como puedo la poesía, pero a veces las aliteraciones me abullonan la camisa y las metáforas me caen como monedas de 1 céntimo de la cartera. Voy al súper, tengo hijas y oscuros pensamientos que cortan las parrafadas y van dictando a lo fast poetry sentencias. Y no es que hable en verso, pero lo que pienso rima. Alguna vez me han reñido por caer, sin venir a cuento, en el vicio de la rima interna.

«O eres de poesía o eres de prosa, esa es la cuestión», dice una compañera. Para unos, todos los días son poemas. Para todos, el 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía, que entra como lo hace la primavera, con cambios locos de tiempo que parecen un soneto de Quevedo o de Lope de Vega, que golpean ahí donde el cuerpo se pone interesante. «Besas como si fueras a comerme, besas besos de mar, a dentelladas». «Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo». «Si muero sin conocerte no muero porque no he vivido». «Para vivir no quiero islas, palacios, torres. ¡Qué alegría más alta vivir en los pronombres!». ¿Sabes qué hablo? ¡No me digas «entiendo»! Responde con un verso…

Darse a la poesía es tener una segunda vida, un tigre dentro, una identidad secreta. Suelo olvidar cuántos años tengo, pero no esos versos que me salvaron de las prosas y las prisas adultas en la adolescencia. Si en clase decían Zorrilla y se oía una risilla (¡rima interna!), yo me convertía en hurí del Edén por la vega que lleva a las puertas de Granada.

No son prosa el amor ni el miedo. ¡La vida va en verso!, de Homero a Nathy Peluso, pero eso solo lo saben los que van por libre, los que están creciendo. La poesía es salvaje como el sentimiento, que no acata más normas que las de la métrica que sostiene la sólida estructura del verso. Sucumbe a la belleza y toca la verdad. O lo intenta, no como el común de los prosistas…

La poesía tiene la edad de los adolescentes, de Nathy Peluso y de Homero.

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