CARLOS OCAMPO

Al final solo hubo una víctima mortal aquella noche de los terremotos, y además indirecta, pues murió de un infarto, pero hace 5 años pudo haber una tragedia. El temblor más fuerte de la madrugada del 22 de mayo de 1997 tuvo una magnitud de 5,1 en la escala de Richter, una cifra que quizá no te diga mucho, pero es la misma que la del que sufrió la localidad murciana de Lorca en el 2011, en el que murieron nueve personas.

El seísmo principal de aquel día se registró a «la 1.49 de la madrugada, con magnitud 5,1 y con epicentro en el triángulo Becerreá-Sarria-Triacastela», detalla La Voz al día siguiente, 23 de mayo. Y después de este temblor «Los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional registraron casi 400 réplicas» durante aquella jornada. No era un dato definitivo, aclaraba la crónica, y de hecho la primera magnitud que ofreció el IGN fue de 4,8, más tarde matizada por «Martínez Solares, ingeniero geográfico de dicho instituto». Pero sí que «hizo saltar los sistemas de registro», lo que explica ese desfase en las mediciones, pues la señal obtenida por los ordenadores aparecía saturada.

Toda Galicia sintió ese primer temblor, del que llegaron noticias de que también se enteraron en lugares como Guadalajara, Ciudad Real, Bilbao, Extremadura o el noroeste de Andalucía. Y una anécdota: también lo notó Felipe de Borbón, que entonces era príncipe heredero, «mientras dormía en el Hostal San Marcos, en la capital leonesa». Pero lo que sembró el pánico, sobre todo en la zona del epicentro, fueron las 400 réplicas que lo siguieron, algunas también de gran magnitud. El temblor principal «fue seguido de otro de 4,1, a las 2.02 de la madrugada». Hubo a continuación «varias réplicas con magnitudes de entre 2,5 y 3,9». Y «a las 5.28 de la madrugada hubo otro de 4; a las 7.06, otro de 4,2». A partir de entonces no se superó la magnitud de 3,5, pero «durante toda la jornada hubo momentos en los que los sismógrafos registraron los movimientos entremezclados».

La información técnica añadía que el IGN había comenzado a registrar la magnitud de los terremotos en Lugo a partir de marzo de 1965 y que, «a partir de esa fecha, el mayor fue el del 29 de noviembre del año 1995, que no superó la magnitud de 4,5». Y avisaba: «A lo largo de los próximos días se espera que haya más réplicas, aunque de menor magnitud».

La falla Este-Oeste

«Los gallegos tendrán que acostumbrarse a convivir con los movimientos sísmicos», titulaba La Voz en la página 7. «Este es el mensaje transmitido ayer por los catedráticos de Geofísica Juan Vidal Romaní, de la Universidad de La Coruña, y de Geodinámica de Oviedo, Javier Álvarez Pulgara». Y avanzaban que podrían ser aún peores, aunque consideraban que no era previsible que superasen una magnitud de 5,5.

El gráfico que presidía esta página indicaba que «la falla responsable de los movimientos telúricos recientes es la que transcurre de este a oeste desde los Pirineos hasta Ortegal». En el subsuelo de Galicia hay otra, que se llama falla de Vivero, pero los expertos señalaron a la primera porque «es menos profunda […] y pasa exactamente por la zona epicentral».

El despliegue periodístico de La Voz permitió conocer los pormenores de las consecuencias del terremoto y sus réplicas. «Grandes destrozos en viviendas y caída de cascotes» puede ser el resumen de los principales daños materiales que provocaron en toda Galicia, «aunque Lugo —y sobre todo el municipio de Becerreá— fue la provincia más afectada». Y para muestra, este resumen: «Las fachadas de varias casas se desplomaron en localidades de la montaña lucense», sin bien algunas carreteras sufrieron caídas de cascotes. Becerreá, que registró daños en la iglesia parroquial, Pedrafita, Baralla, Láncara, Cervantes, Castro de Rei, Sarria, O Incio y O Courel son los municipios mencionados en la página 4. Si no los sitúas mentalmente, coge un mapa y podrás comprobar que están todos concentrados en un punto y son limítrofes unos de otros. Solo se alejan en esta enumeración Boiro, que se quedó sin agua, Poio y A Coruña.

El pánico

Cada una de las ediciones locales dedicó la página 35 de aquel 23 de mayo a la información más próxima. En la imagen, la de Vigo

Lo peor fue el miedo que retrata la crónica de la página 5, con un titular dedicado a la única víctima mortal: «Un vecino de Sarria muere de un infarto después de pasar la noche en su vehículo». Simón Puentes, de 41 años, padecía del corazón y había pasado la noche en el coche junto su suegra y su hija minusválida, a la que «había bajado en brazos por la escalera, de forma apresurada».

Esta persona reaccionó al terremoto como tantas otras: «Centenares de personas de toda Galicia sufrieron crisis de histeria y ansiedad. Muchos abandonaron sus viviendas sin reparar en que se dejaban las llaves». En Sarria «familias enteras buscaron el calor humano en aceras, parques y plazas públicas, donde también se refugiaron ancianos solos y mujeres. En la calle hubo un silencio de muchedumbre en bata y niños envueltos en edredones».

PARA SABER MÁS

Los suscriptores pueden acceder a la Hemeroteca de La Voz. Un consejo: para tener éxito en la búsqueda, utiliza los cuadros que permiten acotar las fechas.

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