Miguel Barral
No, no me refiero a que estén impresionantes, sino a que han sido creadas por una impresora 3D. Lo cierto es que ya puedes hacerlo (al menos en el caso de la hamburguesa o de una tarta), pues de las primeras existen alternativas vegetarianas elaboradas mediante esta revolucionaria tecnología a la venta; y en el caso de la segunda, investigadores de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) han conseguido imprimir una tarta de queso.

Pero ¿en qué consiste la impresión 3D de alimentos? Para responder a esta cuestión lo mejor es ir un paso más atrás y arrancar explicando cómo funciona la impresión 3D: es una técnica o procedimiento controlado por ordenador de fabricación de un cuerpo sólido mediante la adición de geles capa a capa (y casi píxel a píxel); y que tiene ya una gran aplicación en la confección de objetos plásticos (a partir de geles de polímeros plásticos) y metálicos (a partir de metales fundidos).

Una vez sabido esto, la impresión 3D de comida —que, a diferencia de las anteriores, todavía está en pañales— recurre a impresoras 3D en las que los geles empleados son comestibles (geles y pastas elaborados con alimentos). Y lo cierto es que este tipo de texturas abundan en la cocina: purés, cremas, quesos fundidos, masas, gelatinas… Se trata de crear un alimento o preparación a partir de la adición de gotas de estas tintas, capa a capa. Por ejemplo, en el caso concreto de las hamburguesas vegetarianas referidas al principio, se imprimen a partir de un puré elaborado con distintos vegetales.

Las ventajas de esta comida son, fundamentalmente, dos. En primer lugar, permite elaborar formas y geometrías de lo más complejas y sugerentes. Más allá de ser una gran ventaja estética, sobre todo en pastelería, esta capacidad no es una cuestión menor cuando lo ideal en aras de alcanzar una dieta global sostenible es adoptar nuevas fuentes proteicas menos lesivas para el medio ambiente que la carne tradicional, como pueden ser los insectos o las algas. Más trascendente todavía: debido a la precisión del proceso, en la que diferentes geles se depositan gota a gota, se puede personalizar tanto su contenido nutricional como su textura y propiedades organolépticas. O dicho de otro modo: personalizar la comida de acuerdo a las necesidades concretas de cada individuo. Algo fundamental sobre todo en el caso de personas con necesidades especiales o de personas con disfagia (dificultad para tragar).

Pero eso no eso todo, porque la impresión 3D de alimentos también tiene otra aplicación. ¿Has oído hablar de la carne cultivada, sintética o de laboratorio? Bueno, pues la receta genérica para la carne cultivada comienza con una biopsia de un animal para tener una muestra de células madre que a continuación son cultivadas en un medio con los nutrientes necesarios en biorreactores, donde se multiplican y se diferencian en las diferentes líneas de células adultas. Una vez listas, estas células se preparan a modo de geles. La etapa final es sintetizar el corte, pieza o elaboración deseada mediante impresión 3D a partir de esos geles. Así pues, la carne cultivada sigue siendo carne animal pero que se imprime en una fábrica en lugar de ser cortada en el matadero o la carnicería. Incluso es más rápida de producir, ya que los cultivos celulares crecen y maduran mucho antes que un animal.

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