Carlos Ocampo

Desde los tratados de paz de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), Inglaterra se hizo con un pedacito de tierra en España y lo convirtió en una de sus colonias: el peñón de Gibraltar. No encontrarás noticias de esto en nuestra Hemeroteca, porque La Voz de Galicia nació mucho después, en 1882. Pero sí unas cuantas sobre el Peñón en el mes de mayo que se acaba de ir, pues ahora mismo está de total actualidad. Desde que el Reino Unido decidió que quería dejar de pertenecer a la Unión Europea (brexit) uno de los asuntos en los que más difícil resultaría llegar a un acuerdo entre el miembro saliente y el resto era el de Gibraltar. Y lo sigue siendo.

Las negociaciones, que dependen en gran medida de España, dado que es el único país de la UE con el que tiene frontera, se centran en la gestión del aeropuerto, que está construido en el istmo del Peñón; qué funciones tendrán las policías españolas y la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) en el control de las fronteras; y la regulación de impuestos de productos como la gasolina, el tabaco y el alcohol (La Voz, 16/5/2024).

Lo de la frontera es muy importante porque España pertenece al espacio Schengen, lo que permite a sus ciudadanos viajar por casi cualquier país de Europa sin pasaporte, pero, tras el brexit, el Reino Unido dejó de pertenecer a él y, por tanto, ya no se puede ir libremente de España a Gibraltar. Esto supondría un grave incordio para los 15.000 españoles que van a diario al Peñón a trabajar. Por eso se negocia que la Verja que lo separa del resto de la península desaparezca.

Nueva ordenación jurídica

Volviendo a la Hemeroteca, lo que sí puedes encontrar sobre Gibraltar es la promulgación de la Constitución de 1969. Fue una noticia importante, pues apareció en la primera página del 24 de mayo de dicho año —por cierto, junto a una noticia, con foto de la torre Eiffel incluida, que hoy seguiría teniendo la misma actualidad: «París, a 32 grados»—.

Lo que se pretendía con esta Constitución, continuaba la noticia en la página 12, era «una nueva ordenación jurídica a la colonia» que los «16.000 gibraltareños» de entonces debían confirmar en un referendo. El texto, redactado por técnicos de la Commonwealth —la Mancomunidad de Naciones, compuesta por 56 países y los llamados territorios de ultramar, entre los que se cuenta Gibraltar—, establecía que la colonia continuaría «siendo parte de los dominios de su majestad, a menos que el Parlamento decida por ley otra cosa», e introducía «cambios mínimos en el sistema de elecciones, en la composición de la asamblea».

«Lo principal es que a partir de ahora la Constitución es el único vínculo legal de Gibraltar con Inglaterra. Pero esto no afecta a los habitantes», continuaba la noticia. Sin embargo, creó «un intenso malestar entre los gibraltareños, que pedían la ciudadanía británica con plenos derechos» —justo todo lo contrario que ahora, pues el 96 % querían seguir en la UE cuando se votó el referendo del brexit—, aunque no tendrían «más remedio que aceptar» lo que se les ofrecía. Por una razón: «La resolución del pasado mes de diciembre de la Asamblea General de las Naciones Unidas era clara y taxativa y no dejaba lugar a maniobras dilatorias. Gran Bretaña tenía que iniciar conversaciones con España para abandonar la colonia antes del 1 de octubre de 1969».

La jugada del Reino Unido

Ante esto, el Gobierno británico se sintió «atrapado, según el periódico The Guardian», y se vio obligado a dar el paso de la Constitución para no devolver el territorio. Porque lo que estaba claro es que no tenía ninguna intención de acatar esa orden: «Si Inglaterra somete a votación la Constitución, demostrará desde ese mismo momento su intención de no cumplir la orden y por lo tanto abre las puertas de par en par a cualquier medida posterior que adopte el Gobierno español, y, como dice el periódico británico, el Gobierno inglés se encuentra atrapado por colocarse abiertamente en una postura de inferioridad».

La Constitución de Gibraltar entró en vigor el 30 de mayo, y la reacción de España fue cerrar la Verja, la frontera con el Peñón. «El Gobierno español ha acordado el cierre total de las comunicaciones terrestres entre España y la actual colonia británica de Gibraltar [… y ha tomado medidas] para garantizar el salario íntegro a los obreros españoles —alrededor de 4.700— que hasta ahora pasaban diariamente a Gibraltar para trabajar, de manera que permanezcan en España sin sufrir el más mínimo daño económico mientras encuentran un nuevo puesto de trabajo, bien en las instalaciones industriales que están surgiendo en la misma zona del Campo de Gibraltar o en la zona turística de la Costa del Sol», contaba La Voz el 8 de junio. Y es que, como ocurriría hoy si hubiera un nuevo cierre, estas órdenes implicaban «la imposibilidad de que los obreros españoles se trasladen a Gibraltar». Sin embargo, no se cambió el régimen de pases especiales establecido el año anterior «en beneficio de las personas civiles residentes en Gibraltar», que podrían «seguir entrando en España por cualquier frontera habilitada, así como circular libremente por el territorio español».

El cierre de la Verja fue duradero. La Voz anunció su reapertura el 14 de diciembre de 1982.

PARA SABER MÁS

Los suscriptores pueden acceder a la Hemeroteca de La Voz. Un consejo: para tener éxito en la búsqueda, utiliza los cuadros que permiten acotar las fechas.

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