BELÉN ARAUJO

Hace cuatro años el sistema educativo ucraniano dio un giro de 180 grados. En el 2018, el Gobierno puso en marcha un proyecto para reformar la educación al que llamó Nueva Escuela Ucraniana, y que promovía un cambio de mentalidad tanto en el alumnado como en el profesorado y las familias. El objetivo de la reforma era decirle adiós de una vez por todas a la memorización y la repetición para abrirle las puertas al pensamiento crítico, al aprendizaje basado en proyectos y, sobre todo, a la tecnología.

El cambio más evidente sucedió en primaria. Durante sus cuatro primeros años, los alumnos trabajan a través de actividades, juegos y con contenidos estructurados en competencias más que en asignaturas. No hay notas, tampoco deberes y se busca que los niños puedan relacionar lo que aprenden en clase con su vida diaria. Después comienza la enseñanza secundaria (a los 9 o 10 años), que dura cinco cursos y todavía sigue un modelo más tradicional: con asignaturas y exámenes. Una vez superada esta etapa (a los 15), los alumnos deben tomar una decisión. Si quieren hacer una FP, deberán asistir a una Escuela Vocacional en la que estudiarán entre 1 y 3 años. Si por el contrario quieren seguir un camino más académico, deberán estudiar durante dos años lo que para nosotros sería el bachillerato y después acceder a la universidad.

Planes frustrados

La modernización de la educación en Ucrania tuvo en cuenta todos los ciclos formativos, aunque no todos los cambios eran tan fáciles de aplicar, y el plan era ir implantando medidas poco a poco, año a año. Pero la guerra llegó en el 2022 y puso contra las cuerdas muchos de los avances planteados. El bachillerato se iba a ampliar a 3 años, la FP iba a adoptar un modelo dual, el aprendizaje por competencias se iba a extender a más cursos… y de momento todo eso está en standby.

Las TIC, claves

Lo que sí se pudo llevar a cabo, y resultó ser de vital para la educación del país, fue la integración de las nuevas tecnologías. Este era uno de los pilares de la reforma educativa ucraniana y finalmente las TIC demostraron su valía, ¡y de qué forma! Dos años después de que el proyecto comenzase a andar, la pandemia del coronavirus puso patas arriba todos los colegios del mundo, también los ucranianos. Haber dado los primeros pasos creando, por ejemplo, un sistema de aulas virtuales, permitió que las escuelas se adaptasen al modelo 100 % en línea impuesto en el 2020.

Y poco después de aquello, en febrero del 2022, la guerra declarada por Rusia volvió a poner a las escuelas del país al otro lado de la pantalla.

Valora la educación

La apuesta por reformular la enseñanza no es algo puntual. Ucrania es un país que apuesta por la educación. En el 2019, por ejemplo, invirtió el equivalente a un 5,4 % de su PIB en el sistema educativo, mientras que España se quedó en un 4,2 %, según datos del Banco Mundial. Además, lidera los ránkings europeos de ratio de profesores. Hay una media de 12 alumnos por cada profesor, una cifra solo mejorada en Europa por países como San Marino, Andorra y Mónaco, que son muy pequeños y tienen menos de 100.000 habitantes.

¿Es Ucrania una superpotencia educativa? A día de hoy, no lo es. Sus resultados en PISA no superan los 470 puntos y la reforma, aunque con buenas intenciones, todavía no ha dado sus frutos. ¿Pero puede serlo en un futuro? Le seguiremos la pista.

¿Cómo se estudia en un país en guerra?

Este dato es sobrecogedor. Durante los primeros meses de la contienda un 6 % de los centros educativos ucranianos sufrieron daños por los bombardeos rusos y, aunque la información llega a cuentagotas y no está muy actualizada, sí sabemos que el Ministerio de Educación ucraniano ha contabilizado 337 colegios totalmente destruidos. Si a esto le sumamos que muchos centros educativos tuvieron que ser utilizados como refugio para los afectados y que 2 de cada 10 estudiantes ucranianos han dejado sus hogares huyendo de la guerra… solo nos queda una opción: las clases virtuales.

Sobre todo al principio de la contienda, esa fue la solución más rápida y eficaz que encontraron la mayoría de las escuelas. También hubo profesores que decidieron dar clases en centros comunitarios o en búnkeres, aprovechando que la mayoría de sus alumnos se alojaban allí. En otras ciudades como Kiev, la capital, o en la parte oeste del país (la más alejada a Rusia y la que menos ha sufrido los ataques), el modelo dual de clases en línea y presenciales era el más común y ya a finales del curso pasado la mayoría de estudiantes había vuelto a la escuela. Pero otras regiones decidieron esperar.

Este curso, sin embargo, se calcula que la mitad de las escuelas de toda Ucrania han sido reabiertas. Además, algunos colegios ucranianos aprovecharon el parón veraniego para construir refugios antibombas en los sótanos de los centros para proteger a los niños. Una situación que, lejos de ser la ideal, hace que muchos menores puedan seguir aprendiendo pese a la guerra.

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies