Marcos P. Maldonado
Las fotografías enviadas por las primeras misiones que aterrizaron en Marte hace ya medio siglo mostraban que en los bordes de algún cráter el terreno recordaba al permafrost, suelos helados permanentemente como los que se encuentran en Siberia. En este tipo de suelo los fragmentos de rocas y tierra se mezclan con hielo, que actúa como una especie de cemento. Estos primeros indicios de hielo marciano se confirmaron en los primeros años del siglo XXI, cuando la sonda orbital Mars Odyssey detectó una notable acumulación de gas hidrógeno sobre el polo sur de Marte. El hidrógeno en superficie se interpretó como el resultado de la presencia de agua congelada bajo el suelo, un hallazgo que pronto se repetiría en el polo norte.

Las pruebas de hielo en los polos marcianos se fueron acumulando y no pasó mucho tiempo hasta que también se encontraron evidencias en latitudes intermedias. Años después, las observaciones de una nueva generación de sondas orbitales mostraron que algunos depósitos de hielo polar podían alcanzar varios kilómetros de profundidad, formando estructuras que parecían casi transparentes en el radar. Las sondas Mars Express y MRO, que al igual que Odyssey todavía siguen operativas, encontraron formaciones parecidas en otros lugares del planeta, incluso en las regiones ecuatoriales, donde nadie abrigaba demasiadas esperanzas de encontrar hielo. Una de estas formaciones, conocida como Medusae Fossae (MMF), tiene fama de ser la principal fuente de polvo en la superficie marciana. Seguramente por ello, hasta ahora se pensaba que la baja densidad de este macizo se debía a que estaba integrado por polvo o cenizas volcánicas, pero los últimos análisis han determinado que, de ser así, el peso de la estructura habría acabado compactando estos materiales.

El estudio conjunto de todos los datos disponibles ha permitido ahora resolver el misterio de Medusae Fossae, que estaría formada por una sucesión alterna de capas de minerales y de agua congelada que, al igual que en el permafrost, sería la responsable de dar cohesión a la estructura. La conservación de este formidable milhojas helado que ocupa una superficie de casi 5.000 kilómetros cuadrados es posible porque una capa de varios cientos de metros de polvo y roca lo protege de la radiación solar. La formación tiene unos 4 kilómetros de profundidad y se estima que, en estado líquido, toda el agua que contiene podría cubrir, como un océano de varios metros de profundidad, todas las tierras bajas del planeta.

Marcas de los cursos de agua
Por desgracia, no podemos imaginar ningún escenario natural en el que el agua líquida vuelva a fluir por la superficie de Marte. Sabemos que lo hizo en el pasado, porque en un planeta sin vegetación y con muy poca actividad geológica podemos ver claramente las marcas de los cursos de agua. Sin embargo, cuando la vida en la Tierra todavía se limitaba a organismos unicelulares flotando en los océanos Marte perdió todos sus mares. La mayor parte del agua se evaporó y se perdió en el espacio, pero una fracción permaneció congelada. Saber que está ahí es importante, porque nos enseña a interpretar mejor los signos de presencia de agua en otros lugares del sistema solar.

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