CRISTINA PORTEIRO

No es fácil llegar a un país que no conoces y empezar de cero. Aprender sus costumbres, el idioma y esforzarte por integrarte. Hacer amigos y sentirte uno más. Hay gente que lo intenta, pero choca de frente una y otra vez con la intolerancia y el racismo de algunas personas. Lo más grave es que ese rechazo se cuela muchas veces en las instituciones públicas, encargadas de velar por nuestro bienestar y seguridad. Ocurre en muchas partes, incluso en Europa, donde presumimos de ser tolerantes y abiertos al extranjero. Los Países Bajos son un ejemplo de ello. Todos los miembros de su Gobierno acaban de dimitir por un escándalo de racismo institucional (es decir, de la propia Administración).

¿Qué ha pasado?

Varios ministros acusaron desde el 2014 a 26.000 familias (la mayoría de origen marroquí y turco) de cometer fraude al cobrar ayudas públicas para la guardería y manutención de sus hijos. Les enviaron cartas, acosando y exigiendo la devolución de miles de euros en plazos muy cortos de tiempo (incluso semanas), así que muchas de esas familias acabaron en la ruina. Después de investigar el caso se llegó a la conclusión de que el Gobierno había abusado de su autoridad para discriminar a los inmigrantes.

¿Por qué abandonan?

El líder de los Países Bajos, Mark Rutte, admitió que «se criminalizó a personas inocentes, sus vidas fueron destruidas». La investigación ha dejado en evidencia el racismo de su Gobierno, algo que deshonra al país. Por eso, y porque la exigencia de ética política en Países Bajos es alta, se han ido.

¿Por qué les acusaron?

Por prejuicios. El Gobierno holandés, al igual que una parte de la sociedad, piensan mal de los inmigrantes. Creen que solo buscan formas de vivir sin trabajar y que son gente conflictiva. Cuando los partidos políticos beben de estos prejuicios y los utilizan en sus discuros para conseguir votos, las cosas se ponen feas. Tanto que los xenófobos del PVV (que odian a los extranjeros) llegaron a ser el segundo partido con más votos.

¿Se arrepienten de lo que han hecho?

Hay muchas dudas. De hecho, el motivo por el que han dimitido no es que hayan arruinado a las familias sino que lo han hecho saltándose la ley. Hay que decir que Rutte tiene intención de presentarse a las próximas elecciones que estaban previstas para dentro de dos meses (hay quien dice que dimitió para quedar como un político honrado sin perder demasiado). Además, sabe que el escándalo no le restará apoyos, porque muchos quieren restringir las ayudas a los extranjeros. Por eso parte como favorito en las encuestas.

 

EL ESCÁNDALO DANÉS

INGER STOJBERG

Una ministra que separó a 22 parejas de refugiados

REUTERS

El Parlamento danés enjuiciará a la exministra de Inmigración por haber separado a parejas de jóvenes inmigrantes saltándose la ley. Es la misma que obligó a la policía a quitar las joyas y objetos de valor de quienes solicitaban asilo para compensar los gastos de manutención.

«LES BANLIEUES»

La Francia de los guetos se rebeló contra los abusos y la marginación

Escándalos como el que acabas de leer podrían haber acabado en nuevos disturbios, como los que se vivieron hace 15 años en los suburbios de París. En los barrios marginados de las afueras de la capital francesa (banlieues) estalló una ola de violencia. Cientos de coches fueron incendiados tras la muerte de dos menores musulmanes de origen africano que huían de la policía (murieron electrocutados).

El hartazgo, la frustración, la pobreza, el desempleo y, sobre todo, el abandono y desprecio por parte de las autoridades hizo que sus habitantes se levantaran contra la policía. Lejos de reconocer que las políticas de integración habían fallado, el entonces ministro Sarkozy criminalizó a quienes protestaban llamándoles «escoria». La violencia se contagió hacia los guetos (zonas donde la gente, generalmente pobre e inmigrante, vive aislada) de países vecinos. Solo el presidente Jaques Chirac admitió «problemas innegables».

 

BRUTALIDAD POLICIAL

Las protestas del Black Lives Matter se trasladan a Bélgica

Habrás oído hablar de las protestas antirracistas en Estados Unidos. El movimiento Black Lives Matter (BLM) se generalizó precisamente para denunciar la discriminación y los abusos policiales contra los negros tras el asesinato de George Floyd (afroamericano) a manos de la policía el pasado 25 de mayo. Los casos se repiten en Europa, aunque no es tan frecuente.

La semana pasada la policía belga presuntamente asesinó a un joven. La víctima no era blanca y rica, sino negra y pobre: Ibrahima Barrie (23 años). La marcha antirracista convocada en protesta también acabó con el incendio de una comisaría, comercios e incluso con el coche del rey Felipe de Bélgica apedreado. El monarca atravesaba una de las calles en el momento de los altercados.

Enquistado en nuestras vidas

La discriminación contra afroamericanos e hispanos en EE.UU. se traduce en Europa en rechazo a árabes, musulmanes y gitanos

No hace falta poner el foco en Estados Unidos para poder percibir el racismo que germina a nuestro alrededor. Es cierto que es más visible en el país norteamericano. Y lo es más desde que el movimiento Black Lives Matter (BLM) (las vidas negras importan, en inglés) se manifiesta en las calles para denunciar la violencia y la discriminación persistente y estructural (no fruto de un suceso, sino como parte de la sociedad) que sufren los afroamericanos a manos de la policía y la Administración. La lucha por los derechos civiles viene de largo. La chispa la prendió Rosa Parks en 1955, quien acabó en la cárcel por negarse a ceder en el bus su asiento a un pasajero blanco. Su gesto desencadenó protestas masivas y marcó el inicio del fin de la segregación racial. El contrapunto lo representa el Ku Klux Klan (KKK), que defiende la supremacía blanca y atesora un largo historial de violencia y asesinatos contra negros.

En Europa el racismo también persiste. El partido de la ultraderechista francesa Marine Le Pen —que detesta a los musulmanes— llegó a disputarle el poder al actual presidente de Francia. En Austria llegaron a gobernar hace poco. En España ese lema de «los españoles primero», excluyendo a quien es extranjero, lo ha adoptado Vox.

El racismo también sigue presente en los estadios de fútbol. Esta semana un jugador llamó al alemán Nadiem Amiri «afgano de mierda». Y esto es lo más suave. Los gestos imitando a monos para insultar a los jugadores negros como Iñaki Williams todavía se producen. ¿Qué hay del día a día? Podemos encontrarnos con el racismo cara a cara en lugares como el transporte público. Hace unos días se hizo viral un vídeo de un hombre insultando a una pasajera por no ser española.

Galicia, tierra de emigrantes

Es importante analizar de forma crítica los argumentos de quienes cargan contra los extranjeros. «Vienen a España a quitarnos el trabajo» o «son unos vagos que no quieren trabajar y viven de ayudas» son dos acusaciones tan falsas como contradictorias. ¿Has oído alguna de ellas? Parece increíble que España y Galicia, tierra de emigrantes, mire mal a quienes luchan por una vida mejor.

 

 

La matanza de Utoya, motivada por el odio a otras culturas

Cuando el racismo se instala en una sociedad y se mira para otro lado, aumenta el riesgo de que se desate la violencia. El 22 de julio del 2011, el ultraderechista y fanático religioso Anders Breivik abrió fuego en la isla noruega de Utoya, donde los jóvenes del Partido Laborista Noruego (socialistas) se encontraban de campamento. En 70 minutos asesinó a 69 de ellos. Cuando la policía investigó el caso, recuperaron de Internet textos escritos por Breivik en los que mostraba su deseo de iniciar una guerra de civilizaciones. El ataque, uno de los peores en suelo Europeo, estuvo motivado por el odio hacia un partido que defiende el multiculturalismo y la tolerancia.

 

La trampa del lenguaje: de inmigrante a empresario

También hay discriminación en el lenguaje. A un trabajador español en Bélgica lo llaman expatriado, pero a un solicitante de asilo afgano pobre se le llama refugiado o inmigrante. ¿Qué hay de los británicos que se asientan en España? Si compran una casa son residentes; si abren un negocio son empresarios o inversores. Incluso se les facilita un «visado de oro» para quedarse en el país si desembolsan mucho dinero. A la discriminación racial se suma la discriminación por ser pobre.

 

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ENTENDER

Un pasado colonial de dominio y explotación

¿Sabes qué es una colonia? Se trata de un territorio dominado y explotado por potencias extranjeras. La India era colonia de los británicos. Marruecos estuvo bajo control francés. ¿Te preguntas por qué en Cuba, Puerto Rico o Filipinas se habla español? Fueron colonias españolas.

Antes de conseguir su independencia, estos países servían para extraer materias primas y mano de obra esclava para servir a las clases pudientes europeas. El rey de los belgas Leopoldo II se apropió personalmente del Congo. Su ejército privado asesinó a millones de africanos, a muchos les cortaban las manos si no recolectaban la cuota de caucho diaria. «Yo les cortaría todo lo demás, pero no las manos. Eso es lo único que necesito en el Congo», llegó a decir.

El supremacismo hoy tiene sus raíces en ese pasado colonial. Hay quien todavía cree que congoleños, indios o cubanos son inferiores. Incluso hay colonias que aún siguen bajo dominio de una potencia (Gibraltar del Reino Unido o las Antillas holandesas).

 

PROFUNDIZAR 

Norteños trabajadores y sureños vagos: los prejuicios que siembran la discordia entre países europeos

Dentro de Europa existen actitudes discriminatorias alimentadas por los prejuicios que suelen tener los países del norte con respecto a los del sur. Un ejemplo lo protagonizó el expresidente del Eurogrupo (lo integran los países que comparten el euro) Jeroen Dijsselbloem. Al hablar de los rescates en la última crisis económica, culpó a los países como España de gastarse el dinero en «alcohol y mujeres». El ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, repitió la jugada este año. Cuando Italia y España pidieron ayudas por las pérdidas de la pandemia, este los llamó derrochadores.

Esa imagen se ha visto alimentada por los medios sensacionalistas. La revista holandesa «Elsevier Weekblad» publicó este año una portada en la que caricaturiza a los sureños como gente morena, vagos que solo quieren tomar el sol en una hamaca, y a los norteños como blancos trabajadores que se esfuerzan por su país.

Salvando las distancias, ese tipo de propaganda fue la que utilizó el régimen de Adolf Hitler para estigmatizar en los años 30 a los judíos y los eslavos. Y es que cuando hay problemas, algunos políticos y ciudadanos sienten la tentación de culpar al diferente, al que viene de fuera. Por eso en época de crisis florecen partidos xenófobos (odio al extranjero). Cuando Grecia vivió su pico de crisis, los neonazis de Amanecer Dorado subieron como la espuma.

La situación es preocupante en Hungría y Polonia. Ambos países se niegan a auxiliar a las personas que llegan a sus países. Quieren «proteger la identidad cristiana».

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