En los últimos días las páginas de los periódicos y las redes sociales se han llenado de espectaculares imágenes de cielos nocturnos teñidos de color rosa por auroras boreales. Estos fenómenos son habituales en latitudes cercanas a los polos, pero resultan extraordinarias en lugares más próximos al ecuador terrestre. Tanto es así que para encontrar un registro de episodios similares en los cielos de Galicia hay que remontarse hasta los tiempos de la Guerra Civil.

El origen de este fenómeno se encuentra en una poderosa tormenta geomagnética en el Sol que proyectó una enorme cantidad de radiación y partículas hacia la Tierra. El campo magnético de nuestro planeta desvió el impacto, pero se deformó dejando que parte de la radiación penetrase hasta interaccionar con los gases de las capas más altas de la atmósfera.

La visibilidad de las auroras boreales depende tanto de la intensidad de la actividad solar como de la calidad del cielo desde donde nos encontremos. Estos días estamos viviendo un notable pico de actividad y si bien la luz del Sol tarda sólo 8 minutos en llegar hasta la Tierra, el plasma que producen las explosiones en su superficie deben viajar entre 1 y 4 días hasta llegar a la atmósfera terrestre. Por eso es posible hacer una previsión de la posibilidad de ver auroras. De todos modos, al igual que ocurre con la predicción meteorológica, hay cierta incertidumbre en la intensidad y hora exacta de su ocurrencia. Aplicaciones para móvil y páginas como www.spaceweatherlive.com nos mantienen informados de la evolución de la actividad solar, y cuando el índice Kp, que mide la actividad geomagnética es muy alto, podemos tener opciones de ver auroras en nuestros cielos.

Por otra parte, las auroras sólo pueden verse si el firmamento está despejado o parcialmente nublado, y siempre en dirección al norte. También debemos tener en cuenta que la luz de las auroras es muy débil y si estamos bajo los efectos de la contaminación lumínica que provocan el alumbrado de pueblos y ciudades no las podremos apreciar. Como regla general, para ver auroras es una condición imprescindible poder ver un montón de estrellas en el cielo.

Por último — y quizá sea lo más importante — a simple vista no vamos a ver colores tan intensos y nítidos como los que aparecen en las fotografías que se han distribuido estos días. Esas imágenes suelen tomarse con cámaras especialmente sensibles o con exposiciones largas que acumulan la luz que llega durante varios segundos. Además nuestro ojo no es muy sensible a los colores de las luces tenues. Lo habitual es percibir regiones del cielo con brillo o claridad que en ocasiones puede fluctuar y sólo en casos excepcionales y bajo firmamentos muy oscuros se apreciarán colores en el cielo, normalmente rosa, rojo o verde.

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies