ANTONIO SANDOVAL

Un buen día, hace pocas décadas, las palomas torcaces de nuestros campos y bosques, unas aves que hasta entonces apenas habían salido de esos lugares totalmente ajenos al frenesí urbano, comenzaron a acercarse a las ciudades. Hoy son parte inseparable del paisaje de casi cualquier plaza, parque o jardín, y por lo tanto de nuestros barrios. Así es como, según lees esto, casi con toda seguridad hay una o varias palomas torcaces cerca de ti: tanto si vives en una localidad pequeña como si resides en una capital de provincia.
Identificarlas es muy sencillo: son de tonos grises y azulados, con el pecho ligeramente teñido de color vino y unas manchas blancas muy llamativas a ambos lados del cuello. De cerca se aprecian en torno a estas unas irisaciones violetas o verdes. Los machos son algo más grandes que las hembras. Y ambos son bastante mayores que las palomas domésticas.

Vuelo de exhibición

En estas fechas los machos llevan ya varios meses mostrando su disposición para la cría. Lo hacen con unos espectaculares vuelos de exhibición sobre los parques.
Primero se elevan hasta gran altura. A continuación, sin aletear, con las alas abiertas, se dejan caer como por un tobogán de suave pendiente. Y vuelta a empezar. Las hembras los admiran desde tierra. Luego, cada una elige a su acróbata aéreo favorito.

Pero antes ellos todavía tienen que ganárselas del todo con un baile galante que incluye oscilaciones con la cabeza, subidas y bajadas del cuello o reverencias hasta tocar el suelo con el pecho. Es como si, en unos salones pasados de moda, se deshicieran ante ellas en saludos de lo más complicados. Comprueba si hay palomas torcaces alrededor de tu centro escolar. Si es así, intenta observar este comportamiento.

Igual te viene bien conocer cómo suenan, por si llegas a escucharlas incluso mientras estás en clase. Su voz llega a menudo desde los árboles. O desde tejados y azoteas: les gusta posarse en lugares despejados para lanzarla a los cuatro vientos. Por ejemplo, en las antenas o farolas. Es inconfundible «¡Du-duu-du… du-dú!», cinco sílabas repetidas una y otra vez, y hay quien opina que suenan un poco a morriña de bosque.

Los nidos de las palomas torcaces no pueden ser más sencillos. No les llevan mucho, pues todo consiste en entrelazar unas cuantas ramitas. Son los machos quienes las encuentran. Las hembras las colocan. Al nacer, los pollitos, a menudo dos, son de color amarillo. Para que crezcan rápido y fuertes, los padres los alimentan con la llamada leche de pichón, una sustancia cremosa que segregan en su buche. Los pequeños tardan en volar unos 20 días.

■ Para saber más. Información sobre la paloma torcaz en la Enciclopedia virtual de los vertebrados españoles.


Antonio Sandoval es escritor y divulgador.

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