3. CONTENIDOS

Biografía de Fray Junípero hasta el inicio de la colonización de California

Su nombre de pila fue Miguel José y sus apellidos Serra Ferrer. Nació el 24 de noviembre de 1713, en el seno de una familia muy modesta de agricultores del pueblo de Petra, en la isla de Mallorca. Aunque sus padres eran analfabetos, enviaron a Miguel a la escuela que el convento de franciscano de San Bernardino tenía en el pueblo y allí demostró sus buenas aptitudes para el estudio. Por eso lo llevaron después a Palma, al cumplir los 15 años, para que pudiera seguir estudiando y, más tarde, entró en la orden de los franciscanos el 15 de septiembre de 1731, cuando iba a cumplir los 18, sustituyendo su nombre de pila por el de Junípero.

Sus estudios de filosofía y teología fueron brillantes y durante una primera etapa de su vida se convirtió en catedrático por oposición de la Universidad Ramón Llul de Palma. Su prestigio como docente y como predicador se extendió por toda la isla, pero cuando parecía que había alcanzado a sus 36 años una madurez personal que le garantizaba un porvenir tranquilo y brillante, tomó de forma repentina y sin avisar siquiera a su familia la decisión de abandonarlo todo para embarcarse en una aventura misionera por tierras americanas.

Su primer destino en el Nuevo Mundo le llevó a la Nueva España, a una zona montañosa, próxima a Querétaro, llamada Sierra Gorda, en la que permaneció ocho años. Allí adquirió una gran experiencia en el trabajo de las misiones, aprendió la lengua indígena y enseñó a los indios no solo la doctrina cristiana, sino también a cultivar los campos, a montar granjas de ganado doméstico y de labor, a organizarse socialmente y a trabajar en los oficios necesarios para la comunidad. La fama de su buen hacer con los indios llegó a la capital del Virreinato de Nueva España, así que, cuando surgió un problema grave en Texas, en las misiones del río San Sabá, donde los indígenas habían matado a los misioneros, sus superiores pensaron en él y le llamaron a la capital. Sin embargo, nunca llegó a organizarse esta expedición y Fray Junípero se dedicó al ministerio sacerdotal en la ciudad de México y el territorio circundante durante los años que siguieron.

Su vida volvería a cambiar de rumbo en 1767, cuando ya tenía 54 años. La orden de los jesuitas fue expulsada por una orden de Carlos III de todos los territorios de la Corona de España y de ella dependían las misiones de la Baja California que se quedaron así huérfanas de misioneros. Fue entonces cuando a Fray Junípero se le encomendó una nueva tarea que iba a convertirle en protagonista de la historia de los Estados Unidos. Se le ordenó liderar el relevo de los jesuitas por frailes franciscanos en las viejas misiones de California. Recibió la orden el 12 de julio de 1767 y llegó a la misión de Loreto, en Baja California el 1 de abril de 1768, a bordo de un barco que se llamaba Purísima Concepción.

Toma de decisión sobre la colonización de Alta California

La larga península que se extiende frente a las costas de México en el Océano Pacífico fue tierra conocida ya desde los tiempos de Cortés. El conquistador se mostró muy interesado en ella porque la corona se la concedió como propiedad particular. Por ello organizó cuatro expediciones de exploración. Más tarde, en el siglo XVII, se encargó a los jesuitas la tarea de la colonización de aquel territorio. Siguiendo su método tradicional, la Compañía de Jesús fue estableciendo misiones que se ocupaban de la evangelización de los indios y, para proteger a estas misiones, el ejército construía a su lado presidios, edificios fortificados, que servían de acuartelamiento a destacamentos militares. Este fue el sistema establecido para ir empujando hacia el norte la colonización y así fueron surgiendo pueblos estables y bien organizados a lo largo de la península que hoy se denomina Baja California. Pero no pasaron más allá de la península y todo el territorio al Norte estaba sin colonizar hasta la segunda parte del siglo XVIII.

Fue en los dos años posteriores a la expulsión de los jesuitas de los territorios de la corona española, cuando sus misiones de California se confiaron en parte a los dominicos y en parte a los franciscanos. Por la misma época, la corona española se planteó la conveniencia de extender la colonización hacia el Norte para prevenir la amenaza que constituían las exploraciones rusas y de otras potencias en las costas del Pacífico. A principios del siglo los rusos habían abierto la ruta por el estrecho de Bering y, comenzando por Alaska, fueron explorando y estableciendo algunas colonias a lo largo de la Costa americana del Pacífico Norte.

El Virrey de Nueva España, el Marqués de Croix, encargó al Visitador General, José Gálvez, la confección de un proyecto de colonización. Gálvez se reunió con varios marinos y militares en el puerto de San Blas, antes de embarcar hacia Baja California, el 16 de mayo de 1768 y en esa reunión les informó de los planes de la corona y los primeros bosquejos del proyecto. Gálvez llegó a la Baja California en julio de 1768. Desde el principio confió en Fray Junípero Serra, pero no logró reunirse con él para organizar y liderar el proyecto en la parte colonizadora hasta noviembre de ese año en la misión de Santa Ana.

El apoyo militar de la expedición fue confiado a Gaspar de Portolá, nombrado gobernador de los nuevos territorios. El proyecto contemplaba que los franciscanos protagonizasen una colonización semejante a la que habían realizado los jesuitas en siglos precedentes, fundando nuevas misiones. El territorio pasó a llamarse Nueva California, primero, y Alta California después.

El sistema de las misiones como forma de colonización. Las reducciones y las misiones jesuíticas

Desde la llegada de los españoles al Nuevo Mundo se planteó una cuestión que iba a crear fuertes tensiones entre los hombres que emprendieron la tarea de su exploración, conquista y colonización. El problema derivaba del mismo debate que precedió a la decisión de los Reyes Católicos de financiar el viaje del descubrimiento de Colón.

La reina Isabel tenía como objetivo prioritario muy claro el de cristianizar a las poblaciones indígenas con las que se encontrasen en los nuevos territorios, pero un segundo objetivo, también claro, era el de abrir nuevas fuentes de riqueza y de financiación para sus reinos. De ahí se derivaron dos consecuencias. La primera fue que los misioneros, órdenes religiosas y clero formaron parte importante desde el principio de la tarea colonizadora, simultáneamente con muchos que se engancharon a la empresa para conseguir salir de la pobreza y buscar enriquecerse con la mayor rapidez posible. La segunda fue que estos dos colectivos se vieron enfrentados entre sí por lo dispar de sus objetivos.

La estructura organizativa que se implantó fue la de la Encomienda. Los españoles utilizaron los viejos procedimientos del Imperio Romano. Las legiones romanas conquistaban los territorios y los soldados veteranos recibían como premio colonias, la propiedad de una parte del territorio conquistado para explotarla, así se quedaban en ellos en las tierras recién conquistadas y latinizaban a la población a su alrededor. El término colonizar se deriva precisamente de ese sistema. Así se romanizó todo el vasto imperio. España en el Nuevo Mundo hizo lo mismo y a sus soldados veteranos les daba encomiendas, la propiedad sobre trozos de territorio, aunque no sobre sus habitantes que únicamente quedaban encomendados a sus cuidados. Esto era en teoría, porque en la práctica los indígenas encomendados se convertían en mano de obra gratuita para cultivar la tierra. Desde el principio los misioneros se opusieron al sistema y se convirtieron en los protectores de los indios que hacían valer su predicamento ante la Corona. Las famosas intervenciones del Obispo Fray Bartolomé de las Casas son un buen ejemplo de ello.

Los jesuitas resolvieron, con la protección inicial de la Corona, superar esta tensión manteniendo a la población indígena fuera de las encomiendas y creando las llamadas misiones en territorios más o menos periféricos y alejados de los primeros centros de la colonización. Fueron famosas las misiones, también llamadas Reducciones del Paraguay y las de la Baja California. Estas misiones tenían como objetivo prioritario cristianizar a los indios y los misioneros empezaban por bautizarlos. Pero, para conseguir su perseverancia en la nueva fe, se proponían fijarlos en el territorio y organizarlos en pueblos estables. Por lo general, las tribus indígenas eran nómadas, como todavía podemos seguir viendo en las películas del Oeste. Explotaban los recursos naturales de una zona, cazaban sus animales y, cuando los agotaban, se trasladaban a otro lugar. Los misioneros les enseñaban la agricultura, la ganadería y los oficios. Los organizaban y estructuraban socialmente. Les enseñaban a hacer construcciones estables y les dirigían en la urbanización de las calles. Es decir, creaban pueblos y así la población echaba raíces en ellos. De esta forma los civilizaban. Pero las misiones se mantenían alejadas de las poblaciones y del contacto con los colonizadores procedentes de la península. Tenían su estatuto jurídico independiente y eran una especie de comunidades autogestionadas. Y eso fue lo que hicieron durante más de un siglo los jesuitas en la Baja California.

La colonización de Alta California durante la vida de Fray Junípero

La colonización que se planeó en el verano de 1768 siguió el modelo que habían utilizado los jesuitas en Baja California. El visitador General, José Gálvez, eligió a Fray Junípero Serra, como superior de toda la organización, porque era un veterano experto en un sistema que había practicado con gran eficiencia en sus ocho años de evangelización de Sierra Gorda. En la reunión que Gálvez había mantenido en mayo con varios militares y marinos, se había planeado la creación de una especie de base naval en San Blas para que sirviera de base a las futuras expediciones. Con Fray Junípero determinó el proyecto inicial de ocupación del territorio se dividiera en cuatro expediciones colonizadoras: dos que entrarían por tierra, saliendo desde la misión de Loreto, y las otras dos por mar, partiendo del puerto de San Blas, en la costa continental de México. Los cuatro grupos debían volver a juntarse en lo que hoy es San Diego. Pensaban de este modo asegurar la empresa ante la eventualidad de que si alguno de los grupos fracasaba y no llegaba a la meta, los demás podrían seguir adelante con el plan.

La primera misión que se fundaría sería la de San Diego. Desde allí, otro grupo avanzaría por el territorio hasta llegar al puerto natural de Monterrey, donde fundarían la misión de San Carlos y establecerían un presidio. Después, en algún lugar propicio establecerían una tercera misión con el nombre de San Buenaventura.

Las expediciones se prepararon con minuciosidad. Llevaban toda clase de pertrechos: provisiones alimenticias, aperos de labranza, herramientas, semillas, ganado, animales de carga, etc. La mayor parte de este cargamento se trasladó en las expediciones marítimas y los misioneros y soldados, junto con los animales de carga y el ganado, formaron parte de las expediciones terrestres. Primero salieron los barcos, el San Carlos, en enero, y el San Antonio y el San José, en febrero de 1769.

Después las expediciones terrestres en marzo y mayo del mismo año. En la última, que salió el 21 de mayo iban el Gobernador nombrado, Gaspar de Portolá y Fray Junípero Serra. Llegaron a San Diego el 1 de julio y allí se reunieron con los otros tres grupos. Estaban todos en el lugar de la cita, a pesar de haber perdido un barco en la travesía. Fundaron la misión de San Diego de Alcalá el día 16 de julio. Al año siguiente volvieron a organizar una expedición doble, por mar y tierra, para buscar el puerto de Monterrey. Lo consiguieron y Fray Junípero fundó la Misión de San Carlos Borromeo el 3 de junio de 1770. Inmediatamente se acometieron también las obras de construcción de un presidio. Los siguientes catorce años de la vida de Junípero Sierra transcurrieron en este territorio fundando misiones a lo largo de lo que se llamó el Camino Real que recorre la actual California, desde la frontera de Tijuana hasta el norte de la ciudad de San Francisco y su bahía. Las fundaciones se sucedieron a lo largo de este tiempo: el 14 de julio de 1771, San Antonio de Padua en Monterrey; en el mismo año, el 8 de septiembre, San Gabriel, actual Los Angeles; San Luis Obispo de Tolosa, el 1 de septiembre de 1772; en 1776 San Francisco, Misión Dolores, y San Juan de Capistrano; Santa Clara de Asís en 1777. La última fundada en vida de Fray Junípero fue San Buenaventura en 1782.

El padre Serra murió a los 71 años en su misión preferida, la de San Carlos Borromeo, situada en el famoso pueblo de Carmel, en la península de Monterrey, el 28 de agosto de 1784, y allí están enterrados sus restos. Juan Pablo II lo beatificó en 1988.

El reconocimiento de Fray Junípero en los Estados Unidos y la conmemoración de su centenario

Estados Unidos reserva un lugar especial en el edificio más emblemático de la nación, el Capitolio, para los héroes nacionales que contribuyeron a hacer de su país una de los más poderosos de la historia de la humanidad. Se le llama el National Satatuary Hall. Cada estado de la Unión tiene el derecho a escoger a dos personajes que le representen en esta especie de santuario de la patria. California eligió por votación en 1931 que uno de sus héroes en la sede del Congreso y del Senado fuera Fray Junípero Serra y ahora este humilde fraile franciscano es el único español y uno de los muy escasos no norteamericanos que disfruta de la honor.

Con motivo de este centenario el estado de California ha organizado en la Huntington Librery de Los Ángeles una gran exposición titulada Junípero Serra y los regalos de las misiones de California. La exposición fue visitada por los Príncipes de Asturias y estuvo abierta desde el 17 de agosto de 2013 hasta el 6 de enero de 2014.

La huella española en la California actual: en la toponimia y en la arquitectura

Todo el sur de Estados Unidos fue territorio bajo la soberanía de España durante tres siglos y conserva huellas profundas de su paso por allí. Esa huella se hace evidente en la toponimia, nombres de pueblos y ciudades, de ríos y accidentes geográficos son españoles y muchas veces reproducen nombres que también existen en España. Hay en Estados Unidos 11 poblaciones que tienen como nombre Madrid. Pero en California esa situación se hace mucho más intensa. El mapa del territorio tiene más nombres en españoles que en inglés.

Otro aspecto en el que es perceptible la influencia española es el de la arquitectura. No son sólo los viejos edificios de la misiones, cuidadosamente conservados, que son iguales a las iglesias mexicanas y a otras iglesias del sur de España, hay un estilo peculiar de muchas casas californianas que son herederas directas de muchas casas andaluzas o extremeñas. Casas de mampostería o de ladrillo, con tejados típicos de teja roja acanalada, ventanas enrejadas y adornos de hierro forjado. Hay cientos de urbanizaciones con casas unifamiliares de ese estilo, que muy oportunamente se denomina Spanish style, mientras lo habitual en el resto del país son casas de madera, con su típico porche.

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