C. PORTEIRO

El día 25 de diciembre, mientras abríamos los regalos de Papá Noel, el cohete Ariane 5 despegaba llevando en su interior un telescopio. No cualquier telescopio. El James Webb, un gigante que han tardado 26 años en crear desde que se ideó y que abrirá una nueva era de la astronomía.

¿Por qué es tan importante?

Nos permitirá ver mucho más lejos de lo que jamás habíamos visto o soñado. Tan lejos, que ni aunque viviéramos 1.000 años podríamos acercarnos a las estrellas —como nuestro Sol—, los planetas que las rodean o los cometas que se pasean por el espacio en los lugares más lejanos. Será como abrir la puerta de nuestra casa y descubrir que tenemos vecinos nuevos. También podremos conocer mejor el origen de nuestro sistema solar, la Vía Láctea y otras galaxias. Incluso podremos saber cómo fueron los primeros instantes del universo.

¿Podrá encontrar vida?

Es posible. Tomará fotos de muchos planetas que podrían albergar vida extraterrestre —aunque no sea compleja—. Por ejemplo, el sistema Trappist (a 40 años luz) tiene siete planetas que podrían ser habitables y el telescopio permitirá estudiarlos de cerca.

¿Dónde estará situado?

El telescopio orbitará —girará— alrededor del Sol, pero a una distancia de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, y tardará un mes en llegar. Eso sí, tendrá despejada la vista (el Hubble, su predecesor, está a 560 kilómetros).

¿Qué pasa si se estropea?

Crucemos los dedos para que eso no pase, porque costó 8.760 millones de euros. Es difícil imaginar tanto dinero junto. Aunque el telescopio tiene una esperanza de vida de 15 años, podría vivir más, como el telescopio Hubble, que vivió el doble de lo que habían esperado los científicos. Cualquier contratiempo deberá resolverse de forma remota.

¿Cómo se construyó?

Participaron una veintena de países —incluido España— coordinados por tres agencias espaciales: la NASA (Estados Unidos) la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA). El telescopio tiene un espejo de 6,5 metros de ancho, el objeto más plano construido en la Tierra. Es tan plano que si tuviese el tamaño de Estado Unidos la parte más alta mediría 5 centímetros. Está dividido en 18 piezas hexagonales de berilio con una capa de oro que es muchísimo más fina que un cabello humano. Se ha hecho por piezas para poder plegarlo y transportarlo en el cohete. También tiene un parasol para regular su temperatura. Si no se enfría lo suficiente, habrá cosas que no pueda ver.

 

Un bautizo en nombre del padre de la exploración espacial

¿Te has parado a pensar por qué han bautizado el telescopio con ese nombre? Lo han hecho en honor a James Webb. No era ni astrofísico ni ingeniero, ni siquiera científico. Pero dirigió el programa Apolo de la NASA con el que la agencia estadounidense logró llevar a cabo el alunizaje —aterrizar en la Luna— en 1969, a pesar de un intento fallido en el que murieron tres astronautas. Webb asumió la responsabilidad para proteger el proyecto, convirtiéndose en una figura clave para la carrera por la exploración espacial, que ahora recupera su gloria.

 

Begoña Vila, una astrofísica gallega estudiando las estrellas

Hasta hace poco tiempo era muy difícil encontrar referentes femeninos en la ciencia puntera. Aunque contribuyeron a lo largo de la historia a hacer importantes descubrimientos, siempre quedaron eclipsadas por sus compañeros masculinos. Pero las cosas están cambiando. Fruto del esfuerzo, el entusiasmo y la curiosidad, mujeres como la gallega Begoña Vila ha conseguido demostrar que la ciencia no entiende de sexos. Estudió Física en Santiago y, después de trabajar en Canadá, la fichó la NASA para formar parte del equipo que ha dado forma al sueño del James Webb, un telescopio que «va a revolucionar la idea que tenemos del universo».

ACTIVIDAD BÁSICA

El universo está casi lleno de vacío

Para entenderlo, comparemos el tamaño de diversos objetos celestes con el espacio que les separa de otros parecidos en sus proximidades. Utilizaremos como referencia el mayor círculo que cabe en un folio. Si ese círculo es el diámetro de la Tierra, ¿a qué distancia se encuentra la Luna? Si es el diámetro del Sol, ¿a qué distancia se encuentra la estrella más próxima (Alfa Centauri )? Si es el de nuestra galaxia, ¿a qué distancia se encuentra la galaxia Andrómeda?


Las actividades de esta unidad están diseñadas por el divulgador científico Marcos Pérez Maldonado.

Ingenieros y técnicos de la NASA haciendo pruebas de plegado del James Webb. Foto: DESIREE ESTOVER Efe

Viaje al inicio del universo

¿Te imaginas cómo sería viajar al pasado? Conocemos cómo vivían los vikingos o cómo se organizaba la vida en el Imperio Romano pero, ¿cómo surgió el universo? El telescopio James Webb es lo más parecido a una máquina en el tiempo que tenemos ahora mismo los humanos. No nos traslada de forma física por el espacio, pero nos permite ver el pasado. ¿Cómo?

Los cuerpos, ya sean estrellas, planetas o cometas, emiten radiación electromagnética —ondas— de mayor o menor intensidad en función de su temperatura. Los telescopios como el Hubble o Webb son capaces de «ver» esas ondas y traducirlas en color, el lenguaje que entienden nuestros ojos. Incluso las «invisibles» que emiten los cuerpos más fríos. Así es como toman las fotografías. No viajan hasta los confines para disparar el flash.

Lo que hará el telescopio Webb es detectar la luz de cuerpos que se formaron al inicio del universo, tras el Big Bang. ¿Cómo es posible si quizá ni siquiera existen? La luz que emitieron hace 13.800 millones de años viaja por el espacio a casi 300.000 kilómetros por segundo. El universo es tan inmenso que esa luz todavía no ha llegado a la Tierra, no podemos verla con los telescopios actuales. De hecho, el espacio es tan grande que, si se apagara el Sol, tardaríamos ocho minutos y 18 segundos en darnos cuenta. De algún modo, cuando miramos al cielo, estamos viendo el pasado.

El telescopio Webb nos permitirá mirar hacia atrás en el tiempo. Eso significa que, posiblemente, muchas de las imágenes que recibamos sean de cuerpos que ya no existen. Lo importante es saber que estuvieron ahí, analizarlos para poder conocer mejor el origen del universo y de la vida en la Tierra. Parece una locura, ¿verdad? Pues aún lo es más pensar en los viajes interestelares. Por ahora no tenemos la tecnología para hacerlos. Para llegar a timbrar a la puerta de nuestro vecino Alfa Centauri, tendríamos que viajar 4,37 años a la velocidad de la luz, sin parar. Imagina ir hasta la galaxia GN-z11, la más lejana. ¡Tardaríamos 13.400 millones de años! Se piensa que la única manera de poner un pie en los confines del universo es curvar el espacio como una hoja de papel y atravesarlo con un agujero que se abriría liberando una enorme cantidad de energía.

 

 

Los humanos aparecimos en los últimos 21 segundos de un año cósmico

Somos presumidos, arrogantes y pensamos que no hay una especie mejor que la nuestra. ¡Hasta llegamos a creer que el Sol giraba alrededor de la Tierra! Pero los Homo sapiens somos unos recién llegados, los nuevos de la clase. ¿El libro de Historia se te hace largo y piensas que las batallitas de tus abuelos son de otra era? Echa un ojo al calendario cósmico. Si la vida del universo (13.770 millones de años, aunque en los años 70 y 80 del pasado siglo se pensaba que eran 15.000) se pudiera comprimir en uno solo de la Tierra (365 días), los seres humanos habríamos aparecido en los últimos 21 segundos del 31 de diciembre, al filo de las campanadas de fin de año, según el cálculo del astrónomo y divulgador científico Carl Sagan.

El Big Bang se produjo el 1 de enero. La Vía Láctea —galaxia donde se encuentra nuestro sistema solar— habría aparecido hacia el mes de mayo. Nuestro vecindario —sistema solar— se habría formado en septiembre. La vida en la Tierra se abrió paso poco después. Los dinosaurios no aparecerían hasta el 7 de diciembre. El famoso Tyrannosaurus rex lo hizo el 29, un día cósmico antes de su extinción y dos antes de que irrumpiéramos en el planeta. ¿Puedes llegar a imaginarte lo viejo que es el universo y lo insignificantes que somos? Como resumía Sagan: «Un segundo son 500 años de nuestra historia, apenas un parpadeo».

ACTIVIDAD MEDIA

Una ventana a nuestro pasado

¿Desde qué lugar del cosmos se podría «ver» hoy lo que pasaba en nuestro planeta cuando naciste? ¿Cuándo los romanos llegaron a Galicia? ¿Cuáles de estos lugares quedarían en el Sistema Solar? ¿En la galaxia? ¿Podría un observador en esos lugares «contarnos» lo que ocurrió aquí en el pasado?

ENTENDER

Los extraterrestres, entre el mito y las matemáticas

Piensa en los extraterrestres. Seguro que hasta tienes una imagen. No eres el primero en hacerlo, hay quien cree que los extraterrestres llegaron hace mucho e impulsaron el desarrollo humano, como las pirámides en Egipto o América Central.

Gracias a la televisión y al cine, los extraterrestres nos parecen algo familiar, aunque a la vez increíbles, como un personaje de cuento. Con Star Trek, Star Wars y Marvel tenemos un catálogo casi infinito de formas. Pero los extraterrestres no son solo cosa de la ficción.

El mayor divulgador del espacio hasta el siglo XXI, el norteamericano Carl Sagan, estaba convencido de su existencia. Partía de una premisa sencilla: si la vida en la Tierra se abrió paso, ¿por qué no en otro lugar de los miles de millones que hay? Puro cálculo de probabilidades Eso sí, Sagan no pensaba en Yoda o en ET, sino en microorganismos. ¿Tú qué crees?

ACTIVIDAD AVANZADA

Una ausencia paradójica

Si la vida extraterrestre es tan probable, ¿cómo es que no hemos tenido ningún contacto?, se preguntaba el físico Fermi. Investiga las causas. ¿Crees que un encuentro podría transcurrir de forma pacífica? ¿Qué tendríamos que hacer para que así fuera?

PROFUNDIZAR

¿Por qué nos empeñamos en buscar soluciones fuera de la Tierra y no cuidamos nuestro planeta?

La Tierra tiene fecha de caducidad. En 5.000 millones de años el Sol se convertirá en una enana roja y «engullirá» varios planetas, entre ellos la Tierra y Marte. Pero mucho antes, dentro de unos 1.000 millones, la vida en la Tierra será muy difícil por la fuerza del Sol.

Los científicos de hoy lo saben y ya están buscando soluciones. La primera es hallar un exoplaneta (que esté fuera del sistema solar, porque no será habitable) compatible al que poder ir. Después, enviar a los humanos para colonizarlo. No es poca cosa, porque hablamos de cientos o miles de años de viaje.

El primer paso es buscar una base fuera de nuestro entorno. La exploración no ha hecho más que empezar, y Galicia participa, aunque sea humildemente. La empresa Alén Space trabaja en un proyecto con la NASA para analizar cuevas en la Luna, con el objetivo de testar sus robots y saber si podría haber una base humana allí.

Claro que Marte siempre se ha visto como un plan B perfecto, aunque no lo sea a muy largo plazo. Servirá para practicar en cómo se hace una base artificial donde puedan vivir las personas.

Hay quien cree que hemos tirado la toalla con la Tierra. Que estamos buscando un planeta cercano al que irnos cuando hayamos destruido este en el que vivimos. ¿Por qué no esforzarnos en ampliar su vida y protegerla, en detener su deterioro? ¿A ti qué te parece?

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