ANA T. JACK
Tu hijo se ha pasado otra tarde más delante de la pantalla en vez de estudiar el examen de Lengua o en vez de salir a jugar a la calle o hacer las tareas domésticas que le habías encomendado. ¿Cómo reaccionas?:

A. Refunfuño un poco, pero me convence diciendo que todos sus amigos están conectados (y además si le interrumpo se pone como una fiera).

B. Le echo el discurso diario de que se pasa la vida pegado a las pantallas, le amenazo con que un día le voy a tirar el ordenador por la ventana y acabo con un resignado «¡Si te pasaras las mismas horas estudiando, sacarías todo sobresaliente!».

C. Esta situación no se da en mi casa porque tenemos un acuerdo sobre cuánto tiempo, en qué momento y dónde puede conectarse que los adultos de la casa nos encargamos de supervisar (y de que se cumpla).

La pandemia del covid-19 nos ha convertido en cada vez más dependientes de los dispositivos tecnológicos: para teletrabajar, seguir las clases por Internet, conectar con familiares y amigos y pasar nuestro tiempo de ocio en redes sociales, videojuegos o plataformas de cine y televisión. Y eso, de alguna manera, nos ha salvado la vida al permitirnos cubrir los vacíos del aislamiento social y los continuos confinamientos domiciliarios y perimetrales.

Pero en la otra cara de la moneda están las consecuencias negativas a nivel de desarrollo físico, psicológico y emocional de niños y adolescentes, que hoy en día son de sobra conocidos. Algunas de las que ya tenemos evidencias científicas son:

Hiperestimulación. Los contenidos de la pantalla acostumbran a los niños a ritmos trepidantes muy diferentes a los que les ofrece la vida real. Por eso la vida cotidiana les puede llegar a parecer muy aburrida y necesitan estímulos cada vez más intensos para sentirse motivados.

Problemas de atención y concentración. El investigador Dimitri Cristackis demostró que cada hora de televisión diaria en menores de 3 años aumenta en un 10 % el riesgo de presentar trastornos de atención en la edad escolar. En niños mayores y adolescentes habituados a las pantallas también se observa un aumento de la dispersión y dificultades de concentración.

Actitud de apatía frente a la vida, sentimientos de soledad, baja autoestima o dificultades para sobreponerse a la adversidad también son algunas de las características a nivel psicológico y emocional que manifiestan muchos menores que abusan de videojuegos, redes sociales e Internet en general.

Por no hablar de las consecuencias a nivel físico: falta de sueño reparador, sedentarismo, obesidad, problemas de visión, …

En definitiva, como educadores debemos fomentar en los menores autonomía progresiva y responsabilidad individual frente al irresistible embrujo de las pantallas.

Explícale a tu hijo por qué se queda hipnotizado frente a las pantallas

1. ¿POR QUÉ?

Debemos tener claro que muchas redes sociales, videojuegos y aplicaciones web están diseñadas hasta el último detalle para engancharnos y que pasemos el mayor tiempo posible frente a ellas.

Las aplicaciones gratuitas no lo son tanto: a cambio se quedan con nuestros datos y diseñan la publicidad a la carta que capta nuestra atención y estimula nuestro deseo de consumir.

2. ¿CÓMO?

Buscando el equilibrio entre la cantidad de horas que pasa con los dispositivos electrónicos y las que dedica a actividades de la vida real, a ser posible al aire libre o en plena naturaleza, con amigos y en familia.

Cuando es pequeño: poniendo un sistema de control parental, pero sin relajarse, ya que a medida que va creciendo aprende a saltárselos.

Fomentando su propio autocontrol: que sea consciente de que hay que autoimponerse un horario, sin renunciar a otras actividades fundamentales.

Enseñándole a ser crítico, a diferenciar las experiencias artificiales de las reales, la manipulación y falsedad de muchas redes sociales…

Acompañándolo en sus primeros pasos por Instagram o TikTok, hablándole de cómo hay que comportarse en la vida virtual (básicamente, igual que en la real).

Utilizando los recursos online para fomentar sus aficiones e intereses off line, consiguiendo poco a poco que domine las pantallas como herramienta, y que no sean las pantallas las que le dominen a él.

3. ¿CUÁNTO?

Lo más importante será conseguir, mediante un pacto, que sea él mismo quien decida interrumpir la conexión. Por ejemplo, se puede acordar un tiempo diario e ir descontando ya el tiempo consumido.

A nivel orientativo (recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, OMS):

Los menores de 3 años no necesitan estar delante de una pantalla (en todo caso, nunca deben hacerlo antes de los 2 años de edad).

Entre los 3 y los 6 años se recomienda evitarlas. Si acceden, que no sea más de 15 minutos seguidos y no más de una hora en total al día, después de seleccionar los contenidos adecuados a su edad. Siempre en compañía de un adulto.

Entre los 7 y los 12 años: no más de una hora al día. Los contenidos tienen que estar supervisados. No necesitan redes sociales de momento.

Entre los 12 y los 18 años: no más de 2 horas seguidas al día.

4. ¿DÓNDE?

Los dispositivos electrónicos deben estar en una zona común de la casa, en el salón o el comedor, donde podamos estar presentes.

No se le debería permitir estar en su dormitorio con la puerta cerrada sin ningún tipo de supervisión.

5. ¿CUÁNDO?

Es necesario establecer horarios y reglas. Por ejemplo, para estudiar no puede haber distracciones. Si ya tiene teléfono móvil (no es recomendable antes de los 13 años), debe estar en un cajón o incluso fuera de la habitación donde estudia, para evitar interferencias y tentaciones.

Limitar a lo imprescindible los dispositivos tecnológicos a la hora de la comida, en reuniones familiares, en momentos de juegos de mesa o salidas a la naturaleza.

Y apagarlos al menos una hora antes de acostarse.

Y, quizá lo más difícil de todo, dando ejemplo.

Escuela de padres

Tema del mes: Las otras consecuencias del covid-19

Etapa: Infantil, primaria y secundaria

El dato: Seis de cada diez progenitores no saben qué tipo de contenido consumen sus hijos mientras navegan por Internet (Ciber Security Insights)

Errores que conviene evitar: Demonizar o prohibir del todo Internet, los videojuegos o las redes sociales

Algunas claves: Supervisar y acompañar en el uso de dispositivos tecnológicos fomentando poco a poco el autocontrol

Para saber más: Habla con ellos de pantallas y redes sociales, de Alicia Banderas, publicado por Lunwerg Editores, 2021. Un libro ameno y riguroso dirigido a familias y a los propios adolescentes para aprender a hacer un uso responsable y seguro de las nuevas tecnologías.

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