TERESA MOLEZÚN

A lo largo del día vivimos muchas situaciones que nos impactan emocionalmente: en casa, en el instituto, en los entrenamientos, mientras estudiamos…. Solemos tener activado el «modo automático», así que apenas nos damos cuenta de cómo pueden llegar a afectarnos todas esas emociones, especialmente, las que nos resultan desagradables. Es muy importante que podamos dedicar un ratito cada día para prestarles atención y aprender a gestionarlas para que no lleguen a desbordarnos. Puede ser por la noche, antes de acostarnos, activar durante unos minutos el «modo atención emocional» para poder comprender cómo me siento y valorar, de una manera consciente, qué cambios de comportamiento puedo hacer para conseguir sentirme mejor..

Vamos a ver cómo podemos hacerlo. Os presentamos algunas situaciones habituales en nuestro día a día. ¿Te sientes identificado con alguna de ellas?

1 |  En ocasiones observo como algunos compañeros se ríen de otros, a mí me da pena y me hace sentir mal, pero no me atrevo a decir nada. Decido seguir siendo “invisible”, no vaya a ser que la siguiente vez me toque a mí.

2 | Mi grupo de amigas se divierte riéndose de otras chicas, yo no estoy de acuerdo, pero prefiero callarme, si digo algo para pararlo, igual me expulsan del grupo y me pongo en el punto de mira. Siento cómo algo se revuelve dentro de mí, pero…

3 | No me gusta el plan de mis amigos cuando salimos, pero no digo nada y lo hago igualmente, no vaya a ser que no me vuelvan a avisar. Cuando salgo con ellos me siento muy incómodo y estoy deseando que llegue la hora de volver a casa.

4 | En el colegio, se suelen reír de mí, yo disimulo y hago como que no me importa…, me encantaría pararlo, pero no sé cómo hacerlo, así que me callo. Lo cierto es que no me gusta y me hace sentir muy mal pero no puedo contárselo a nadie. Si lo hago me resultaría más difícil disimular y actuar como si todo fuese bien.

5 | Me divierto mucho vacilando y metiéndome con la gente en el instituto, sé que no está bien, pero si dejo de hacerlo, igual se empiezan a meter conmigo. No sé cómo cambiar, aunque me gustaría.

6 | Me gusta ser el centro de atención, así que en clase me comporto mal, respondo a los profesores, a mis padres… es la manera que he encontrado para que todos me respeten. No está bien, pero ahora todos esperan que me comporte así. En el fondo no me siento bien, pero no sé cómo cambiar.

7 | Si mis padres o los profes me pillan haciendo algo mal, prefiero mentir y mantener la mentira durante todo el tiempo posible, así evito la bronca o el castigo. Cuando miento, no me siento bien.

Seguramente te hayas sentido identificado con alguna de estas situaciones u otras parecidas. ¿Y qué podemos hacer? ¿Cómo podemos enfrentarnos a situaciones de este tipo? Pues poniendo en práctica la fortaleza de la valentía.

Antes de nada, vamos a aclarar lo que entendemos por valentía, porque a veces, se puede confundir con imprudencia o con temeridad (cuando hacemos cosas que pueden ser peligrosas para nosotros mismos o para otras personas); con inconsciencia (cuando hacemos algo sin valorar las posibles consecuencias) o incluso con chulería o mala educación (cuando nos relacionamos con adultos o iguales de una manera inadecuada).

La valentía es la fortaleza que nos permite ser capaces de reconocer nuestros miedos y, a pesar de ellos, enfrentarnos a la situación. Lo cierto es que la valentía no requiere de grandes hazañas, ser o no valientes es algo que se nos presenta casi cada día en nuestra vida.

Ser valiente es:
Asumir las consecuencias de nuestro comportamiento y comprender el impacto que puede tener en otras personas.
Es no permitir que algunas personas estén sufriendo simplemente para que otros chicos se rían.
Es atreverme a pedir ayuda, si me siento mal, solo o triste.
Ser sincero con las personas que me quieren, incluso aunque suponga una “bronca” o un castigo. Asumir la responsabilidad de mis acciones.

Una vez que hemos identificado nuestros miedos ¿Cómo puedo enfrentarme a ellos para comportarme de una manera diferente? Una estrategia es cambiar nuestros pensamientos por otros que nos ayuden a atrevernos a actuar de una manera diferente. Os ofrecemos algunas ideas que os pueden resultar útiles:

Me da un poco de miedo, pero lo voy a intentar
Voy a buscar ayuda de un adulto (profesor, padres, hermanos mayores….)
Cambia el pensamiento del no puedo hacerlo por: tal vez puedo; lo voy a intentar; por qué no; al menos, me lo voy a pensar.
A lo mejor me equivoco, pero algo aprenderé.

Ser valiente no significa no tener miedo, sino enfrentar nuestros miedos y hacer lo correcto, incluso si te sientes asustado.

Ser sinceros con nosotros mismos y reconocer lo que nos da miedo es imprescindible para averiguar a qué tenemos que enfrentarnos y, por tanto, el primer paso para poder ser valientes. ¿Te atreves a ser valiente?


Teresa Molezún Socia Catemo Educación

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies