Que la sangre recién oxigenada en los pulmones se mezclaría con la que llega al corazón cargada de dióxido de carbono, lo que reduciría la capacidad de nuestro sistema circulatorio para llevar oxígeno a cualquier órgano que lo necesitara. En esta situación, los órganos y tejidos del cuerpo demandarían más esfuerzo del corazón, lo que podría llevarlo a un sobreesfuerzo continuado y a su colapso; es decir, que nos moriríamos. Algunos recién nacidos presentan un orificio en este tabique que se suele cerrar con el paso del tiempo pero, en ocasiones, queda abierto; el niño puede sufrir entonces dificultades respiratorias, cansancio y poco aumento de peso; en función del tamaño es necesario aplicar una cirugía que lo cierre.

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