José A. Ponte Far

Sthendal es el pseudónimo de Henri-Marie Beyle. Huérfano de madre desde los siete años, vivió con su padre que era abogado, y que, juntamente con una tía, lo educaron en el gusto por las artes y las letras. Tuvo tiempo para una vida viajera y aventurera, pues se alistó en el ejército de Napoleón Bonaparte, del que era un gran admirador y estuvo en alguna de sus contiendas militares.

Talento y vocación de escritor Sorprende la facilidad de Stendhal para escribir, y por tanto, la variedad de géneros por los que se movió con su prosa sencilla, clara y precisa. La naturalidad en la escritura moderna es probablemente una invención de Stendhal. Sus diarios de hace dos siglos se leen como si acabaran de escribirse. El nombre de Stendhal pertenece con toda justicia al panteón más exigente del arte de la novela, pero él es algo más que un gran novelista: es el escritor que escribe como habla y como respira. Fue un extraordinario escritor de cartas, por ejemplo. Su epistolario es enorme, con cartas escritas desde su juventud hasta su madurez; publicadas en varios libros, abarcan miles de páginas. Su prosa excluye la retórica del literario, tanto da que esté escribiendo una novela, como una carta o un diario o un libro de viajes o una biografía sobre cualquier artista. No hay afectación ni más elaboración que la que exige la expresión correcta y pulcra. Porque una voz no impostada es siempre singular e interesante.

Stendhal era un gran amante de la música, de la pintura, de la arquitectura, además, por supuesto, de la literatura. En sus libros de viajes y en sus diarios habla de lo que le va sorprendiendo de cada una de estas artes, pero nunca lo hace desde el punto de vista de un crítico especializado, sino que muestra con toda naturalidad lo que él siente ante ellas. Uno de los grandes admiradores de Stendhal fue el alemán Nietzsche, que, con la gran valoración que hizo de su obra literaria, contribuyó a prestigiarlo entre críticos y lectores de todo el mundo. Nietzsche apreciaba sobre todo en Stendhal la actitud romántica, pero empeñada en evitar el sentimentalismo, así como su concisa frialdad a la hora de escribir.

Rojo y negro es una de las grandes novelas de la literatura mundial. Escrita en 1829 y publicada al año siguiente, el propio Stendhal, en una sinopsis que le envía al conde Salvagnoli, afirma que la novela viene a ser «una crónica de las costumbres de la sociedad francesa bajo la restauración borbónica. Una vida regida por la afectación y por la hipocresía, sin posibilidades para un joven sin estirpe ni dinero». La descripción que hace el autor no puede estar más ajustada al contenido de la novela. Tan sólo habría que añadir que la obra representa, por primera vez en la literatura moderna, la lucha del individuo insumiso contra la sociedad. Lo cual hace de Stendhal un precursor en el mundo de la novela.

Rojo y negro tiene su origen en un suceso de aquel momento: un proceso criminal por homicidio seguido contra Berthet, un hombre que mató a su primera amante por interferir en la relación con la segunda. Hay, pues, una directa relación entre la novela y la causa judicial en cuanto a la anécdota narrada y en cuanto a los personajes principales. Sobre el entramado de un caso real, el escritor levanta una novela que permanece viva en el lector. La realidad pone la «anécdota», pero el genio literario de Stendhal la eleva a «categoría» literaria. Uno de los puntos claves del éxito de la obra está en la vocación de sociólogo y psicólogo que muestra aquí el autor, además de la maestría como escritor. Esa vocación lo lleva la escudriñar en el interior del ser humano y de la sociedad de su tiempo, a ofrecernos una penetrante visión de la vida y a explicar pormenorizadamente las motivaciones psicológicas de los actos del protagonista, Julián Sorel. Es un joven brillante, pero perteneciente a una familia de artesanos de provincia, que se enamora de Madame de Rênal, una mujer casada y de un nivel social alto. Sorel utiliza todas las estratagemas para captar la atención de la dama y para lograr que se enamore de él, un joven inteligente y atractivo. Su ambicioso plan se cumple, pero todo acaba mal. El lector saca una conclusión muy válida y provechosa de la lectura de esta novela: uno no puede ser como Julián Sorel. Él es el modelo de lo que no debemos ser, sus valores vitales tan negativos son los que hay que evitar.

La cartuja de Parma fue escrita por Stendhal en 52 días, algo extraordinario cuando pensamos en que es una de las mejores novelas del siglo XIX. Y no se debió a la inspiración divina ni a la suerte. Sucedió así porque Stendhal la llevaba en su interior, cristalizando en ella gran parte de su experiencia vital: Italia, el amor, Napoleón, el liberalismo y el antiguo régimen, la libertad… Temas todos ellos muy asumidos por el autor y perfectamente asimilados. Realmente es una novela quijotesca, por amplia y heterogénea: novela histórica, novela de amor, crónica de sociedad, novela de aventuras… La cartuja de Parma fue escrita en 1838, cuando Stendhal tenía 55 años. El comienzo de la novela se desarrolla en Waterloo. Asistimos a la batalla más corta y la derrota más estrepitosa que sufrieron los franceses en toda su historia. Seguimos a Fabrizio, un jovencísimo idealista napoleónico que corre hacia todas partes entre el humo y el barro buscando su regimiento de húsares, oyendo estruendos y revuelos, estorbando el cortejo del mariscal Ney, pasando al lado de Napoleón sin reconocerlo, viendo sangre y muerte, el triunfo y la derrota: lo ve todo y no ve nada… Quedó inmortalizado como el caso de una persona que asiste a un hecho histórico grandioso y no se entera de lo que está ocurriendo. La descripción de la batalla está considera como la primera de este tipo en la literatura contemporánea. Tolstoi declaró una vez: «para todo lo que yo sé de la guerra, mi primer maestro es Stendhal».

La cartuja de Parma es, juntamente con Rojo y negro, una de las más reconocidas novelas del escritor francés. Se suele citar esta novela como ejemplo de Realismo avant a lettre, un estilo que marcaría, años después, una diferencia abismal respeto al Romanticismo, corriente dominante en la época en que escribió Stendhal. Muchos escritores consideran La cartuja de Parma una obra realmente influyente; Honoré de Balzac la consideró la novela más importante de su tiempo, mientras que André Gide pensaba que era a novela francesa más grande de todos los tiempos.

El Síndrome de Stendhal es un proceso psíquico-emocional, reconocido médicamente con este nombre por ser el escritor francés el primero que lo describe, después de vivir esa situación ante la contemplación de la Santa Croce, en Florencia. Su sensibilidad era tan delicada que se desvaneció contemplando aquella belleza arquitectónica. De manera sencilla e informal, se puede explicar así: «emocionarse más de la cuenta a través del arte».

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies