PABLO VARELA

La curiosidad fue el motor que llevó a Paula Álvarez Cartelle (Ourense, 1985) a estudiar Física hasta llegar a la Universidad de Cambridge, donde trabaja como profesora e investigadora en el campo de la física de partículas, que estudia los componentes elementales de la materia y las interacciones entre ellos. Ahora examina los últimos datos recabados en el experimento LHCb, que se lleva a cabo en el acelerador de partículas más potente del mundo, el gran colisionador de hadrones del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), en Suiza.

—El entorno, en ocasiones, puede llegar a decantar el futuro profesional de una persona. ¿Fue su caso?

—No hay ningún científico en mi casa, pero la realidad es que las ciencias siempre me interesaron más. Cuando llegué al instituto ya tenía claro que iba a ir por esa rama. Todo me interesaba, pero vi que la física y la química no se cubrían tanto, no con demasiada profundidad, y me quedaron preguntas. Tenía curiosidad por aprender más. Saber cómo funcionan las cosas, cómo funciona el mundo. Y eso siempre estuvo ahí.

—¿En qué momento sintió el clic de que su futuro pasaba por aprender física?

—Realmente no escogí la carrera que estudiaría hasta el momento en que terminamos la selectividad y había que hacerlo. Estaba ahí la opción de Ingeniería Aeroespacial, que me tiraba un poco, pero cuando me senté con mis padres a ver las opciones, entendí que poder hacer algo con una base más genérica podía ayudarme a ver si me gustaba la parte fundamental de las ciencias. Física tenía esa ventaja en los primeros años de titulación. Y, al final, fue una decisión conjunta con mis padres, me dejé guiar por ellos.

—¿Echó en falta algún tipo de ayuda o consejo en esa fase previa a los estudios superiores?

—Recuerdo que en su momento tuvimos una sesión de orientación, una especie de test. La conclusión fue que tenía que ir por ciencias. Y a veces se echa en falta pensar en qué puede acabar una persona después de la carrera, eso también ayuda. Y a mayores, saber que ir a la universidad y equivocarse no debe provocar el miedo a cambiar, porque quedarse encajonado en un sitio que ni te va ni te viene no ayuda. Parece que tenemos que tomar decisiones muy pronto y no es así. La vida cambia mucho y cuando se hace a nivel de orientación laboral tampoco se acaba el mundo. Es bueno tomarse un tiempo en vez de creer que esa decisión será la que marque el resto de tu vida.

—Hace unas semanas, un ourensano como usted, el artista Mon Devane, terminó un mural en honor a Marie Curie en las instalaciones de un centro educativo de A Coruña. ¿Está la sociedad en el camino correcto para poner en valor el papel de la mujer en el mundo de la ciencia?

—Creo que sí, que se ve un cambio, aunque ya desde nuestras generaciones estaba ahí. En mi clase, la mejor estudiante era una chica. Ahora, entre quienes entran por la puerta de mi clase, veo más estudiantes de doctorado que son mujeres, y es un buen punto a tener en cuenta. En los últimos años, el número de mujeres que entran al mundo académico por esa vía se ha disparado. Quizá no se transmite esa proporción en los puestos de responsabilidad porque todavía no han llegado, así que aún nos queda por andar. Y depende mucho del campo del que estemos hablando. En la física llevará tiempo, es algo gradual, pero mi sensación es la de que nos estamos moviendo en la buena dirección y hay cada vez más mujeres que llegan a posiciones de relevancia en el mundo académico.

—¿Cómo fue su camino hacia Cambridge?

—No fue un camino directo. Terminé la carrera y tampoco tenía todo claro. Me gustó la titulación y llego al fin, era carrera abierta y la salida laboral posterior era incierta. La universidad me gustó mucho y quería quedarme más tiempo. Entendí que para lograrlo debía hacer un doctorado, pero lo decidí el último año, no fue algo que siempre tuviese en mente. Por eso entiendo a la gente a la que le cuesta saber qué hacer con su vida: yo siempre tuve dudas y no un plan maestro con un objetivo final. Entendí que quería tener la oportunidad de hacer algo en el mundo de la investigación. Si estás dispuesta a marcharte, tienes más grupos y más dinero, así que fue lo natural. Me fui a Londres, al Imperial College durante seis años. El doctorado estuvo bien, y a la vez, fue duro. Y una vez entras en esa escalera de la investigación, si quieres hacerlo para siempre tienes que buscar una posición permanente. Yo tuve la suerte de que tras esos seis años, de los que pasé cuatro en Ginebra y en el CERN unos meses, pedí un puesto en Cambridge como profesora investigadora y salió bien, pero lo normal en cada fase del camino es tener dudas y todo pesa.

—¿Qué le diría a alguien que esté ahora mismo en la misma posición que usted vivió cuando tenía 18 años, al final de una etapa?

—Que no se estrese, porque hay tiempo para decidir. Si no tiene claro por dónde ir, pero sabe qué le gusta y qué no, que no tenga miedo a equivocarse. Y si algo no funciona, tampoco tener ese miedo a cambiar.

PERFIL QUE SE BUSCA PARA UN PUESTO ASÍ

Trabajar en la rama de la física de partículas exige un perfil muy avanzado, del tipo científico-técnico. Estas son algunas de sus características principales que debes conocer para fortalezarlas:

Conocimientos previos

Conocimientos sólidos de matemáticas y física.

Habilidades y aptitudes

Habilidad para resolver problemas.

Grandes dotes numéricas.

Eficiencia y capacidad para trabajar bajo presión.

Alta capacidad del alumno para la abstracción, la observación, el análisis, la síntesis y el razonamiento lógico.

Buena capacidad de organización y planificación.

Capacidad para la comprensión lectora en inglés, el idioma técnico por excelencia.

Pensamiento metódico.

Perseverancia, persistencia y concentración, muy necesarias para estudiar y trabajar en el mundo de la ciencia en general y la física en particular.

Aptitudes de observación.

Facilidad para adaptarse a nuevas situaciones, métodos y tecnologías.

Capacidad de explicar los resultados con claridad y concisión, incluso en informes por escrito.

Intereses

Pasión por enfrentarse a nuevos retos y desafíos a diario, no tener miedo a los problemas.

Interés por los avances tecnológicos y la investigación.

Interés por el aprendizaje constante, porque tendrá que estudiar el resto de su vida.


Esta información ha sido realizada por el equipo de expertos de viaedu.es

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