MANUEL MIRAMONTES 

El final del 2021 estuvo marcado por una larga lista de desabastecimientos en servicios, productos y materias primas. Los problemas con el transporte y la escasez de plástico, cartón o vidrio amenazaron hasta el último momento las compras navideñas. Al final la situación se fue solucionando y fue la variante ómicron la que acaparó toda nuestra atención en el cambio de año.

El problema de desabastecimiento viene de antiguo, sobre todo en algunos sectores, aunque se incrementó por el covid. Tras la falta de mascarillas o respiradores, oímos hablar de la carencia de componentes electrónicos debido a la alta demanda de ordenadores y otros equipos para clases virtuales, teletrabajo o simplemente ocio durante el encierro. Y es que la demanda de estos equipos se triplicó en unos pocos meses.

Con las fábricas de destino produciendo al máximo de su capacidad, pronto crecieron las listas de espera para conseguir equipos informáticos y empezaron a parar algunas factorías por falta de componentes, sobre todo las de coches y electrodomésticos.

Muy pocas fábricas

Solo unas pocas fábricas pueden producir estos sofisticados chips, y casi todas están ubicadas en el sureste asiático. Cuando hubo escasez de mascarillas en el 2020 aprendimos que concentrar toda la producción mundial en una sola región no era una buena idea. Porque la competición por llegar a los pocos proveedores provocan un importante aumento de precios y escasez. Y la situación podría ser aún peor si se suman problemas de transporte y distribución. Para evitar situaciones semejantes en el futuro, el Gobierno de España está tramitando una reforma de la Ley de Seguridad Nacional del 2015 en la que se establece la necesidad de mantener la capacidad de producción y una reserva estratégica de ciertos bienes para asegurar el funcionamiento de los servicios básicos y para garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos.

Se trata de componentes electrónicos, materiales estratégicos, maquinaria de alta tecnología, semiconductores, química esencial, tecnologías de la comunicación, equipos sanitarios y otros igual de críticos.

Recuperar la normalidad
Recuperar la normalidad en el suministro va a llevar todavía un tiempo. Los que atraviesan una situación más crítica son los microprocesadores de los ordenadores, teléfonos móviles, sistemas de comunicación, televisores… y también las consolas de juegos. Fabricantes como Intel o TSMC ya están construyendo nuevas plantas para atender la demanda. Y esta vez entre sus planes está ubicar algunas en Estados Unidos y Europa para poder atender a estos mercados. Aun así no empezarán a producir chips hasta el 2023, tras una inversión de decenas de miles de millones de euros en cada una.

La fabricación de circuitos integrados, componentes y circuitos electrónicos ha evolucionado en los últimos años, hasta el punto de que cumple con las rígidas normativas ambientales occidentales y está muy automatizada. Hace tres o cuatro décadas la situación era muy distinta: el impacto ambiental era muy alto, y requería mucha mano de obra.

La producción local de los componentes y circuitos deberá provocar la implantación de empresas de fabricación y ensamblaje de equipos electrónicos y bienes de consumo ayudando así a crear empleo local de calidad.

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