ANA ABELENDA 

No es por entrar en un «¿Kas naranja o Kas Limón», «¿Nadal o Alcaraz?», «¿Ibai Llanos o Ramón García como pregunta en selectividad?», pero todos, en el fondo, tenemos una posición sobre estos temas, como sobre la costumbre (ay, vuelve la vieja normalidad) de hacer regalos de fin de curso a los profesores.

El fin de curso es un fiestón de viejos conocidos tras el duro triatlón de todo un año, con piñatas por romper… ¡A ver lo que nos toca! ¿Cómo conciliaremos, abuelos o teletrabajo en rica empanada laboral?, ¿Nos tocará al fin el campamento cerca de casa o pagar por tener a los niños «ocupados»? No hay respuesta a esto en los grupos de WhatsApp, que empiezan a hincharse cual flotador de unicornio. El tema es bonito y genera debate: regalos a los profes, ¿sí o no? Cuando era pequeña, me daba vergüenza ver cómo los padres hacían «un detallito» al profesor. La vergüenza ajena infantil me parece un buen termómetro social. Lo de regalarle al médico no lo entendí jamás. Y al cura… por Dios. Un profesor es más que un instructor académico, pero así debe ser, ¿no? ¿Le haces a final de ejercicio un regalo a la cajera que te embolsa la compra cada día? ¿Y al compañero de trabajo que te aguanta café a café? Esto requiere un plus laboral…

Lo de los regalos de fin de curso es como el refuerzo positivo de los niños: hacerles un regalo cada vez que se portan bien como si fuese lo excepcional… hasta que se portan mal si no hay premio. Hacer bien un trabajo es lo esperable, y regalar por norma no es regalar. Me parece más gratificante darles menos la turra a los profes que un regalito «original» al final de curso. Lo «original» en este ámbito suele ser clónico además: ¿libro con dibujo de los niños o bolsa/taza con mensaje? Pero la tribu pesa y no encajar pasa una factura más costosa que la de participar en el regalo. ¿No todo trabajo es digno de un regalo a fin de curso? y, si regalamos siempre por sistema, ¿no es el regalo una obligación social?

Como dijo un día el gran Miki Otero, «la memoria acaricia los detalles». Los detalles pueden contener la historia universal, en especial la de los profes de mi generación.

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