MARTA  VALES

Para y respira.

Seguro que alguna vez alguien te ha dicho exactamente eso: ¡para y respira! Seguramente sería antes de realizar una acción o un comportamiento que te podría perjudicar. Se trata de un consejo que, en ocasiones, no es fácil entender, ya que la respiración siempre está presente, y no sabemos qué es lo que es necesario parar, qué beneficios nos puede reportar esa pausa ni cómo debíamos respirar. Las respuestas a estas cuestiones están dentro de la práctica de la mindfulness, o la conciencia plena.

El funcionamiento automático del cerebro es muy simple, que no sencillo. El cerebro, ante un estímulo externo (ya sea un comentario, una imagen, un sonido, olores, el tacto, sabores, etcétera) o interno (como un recuerdo del pasado, o una imagen del presente o del futuro, o hasta una emoción o sensación corporal) reacciona y hace una serie de valoraciones e interpretaciones que surgen de la forma personal y subjetiva que tenemos de percibir la realidad. Se genera entonces, en milésimas de segundo, una emoción (hay muchas: miedo, rabia, tristeza, alegría, etcétera). Y esta emoción, a su vez, activa el cuerpo en tres niveles: el fisiológico, el cognitivo y el comportamental, desencadenando, inmediatamente, una acción, un comportamiento.

Vivir sin saberlo

Los estudios actuales indican que la mitad del tiempo que estamos despiertos vivimos en piloto automático, es decir, sin ser plenamente conscientes de lo que pensamos, sentimos y hacemos. En ocasiones, este automatismo trae consigo comportamientos indeseados y sensaciones posteriores de culpa, remordimiento y malestar general.
Viktor Frankl, famoso neurólogo, psiquiatra y filósofo, autor del maravilloso libro El hombre en busca del sentido, en el que relata sus vivencias personales como preso en los campos de concentración nazis, escribió: «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio tenemos el poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta se encuentra nuestro crecimiento y nuestra libertad».

Parar los pensamientos

Ese espacio de libertad, desde donde realmente se puede elegir, es el que se crea al parar y respirar antes de actuar. Y no se trata solo de parar la acción a la que invita la emoción, sino también de parar el torrente de pensamientos que alimentan a aquella. De esta forma, si logramos suspender el pensamiento, dejarlo en segundo plano, la emoción se calma. Y para ello tenemos una herramienta valiosísima, que siempre nos acompaña, la respiración. Sí, algo tan sencillo como llevar la atención a la respiración es lo que nos va a ayudar a conseguir ese espacio de libertad para no reaccionar de forma automática.

Respira

La ciencia ha demostrado que, ante una experiencia difícil, desagradable o incómoda, llevar la atención de la mente a un lugar seguro y neutro, como es la respiración, ayuda a la regulación emocional y a volver al equilibrio. De este modo, además, se evita la tendencia ilusoria de llevar la mente a lugares imaginarios positivos, que en situaciones adversas esta rechaza sabiamente, o a evitar, negar o anestesiar las emociones que se desencadenan.

Una técnica

La conciencia o atención plena es la herramienta que está detrás de esta técnica, que consiste en empezar a llevar la atención a la respiración y a las sensaciones físicas que deja en el cuerpo, para generar ese espacio de libertad necesario antes de reaccionar y responder de manera sabia. Esta pausa sagrada ayuda a calmar la mente y a ver la situación con más claridad y, desde ahí, sentir el verdadero empoderamiento que da la libertad de poder elegir cómo actuar.


Marta Vales-Villamarín es instructora «mindfulness» y formadora en educación emocional, y colaboradora del gabinete de «coach» Catemo.es

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