Las preguntas en cursiva son añadidas para centrar el sentido del texto original con el que describe algunas de las Actividades que se pueden realizar en sus inicios los alumnos que comienzan a entrenarse en la Oratoria.

 

4.1 ¿Se puede aprender Oratoria oyendo a los cómicos?

– “También de los cómicos debe hacerse algún aprecio, a lo menos para que el orador aprenda la buena pronunciación; pues no pretendo que el niño, que instruimos para este fin, quiebre la voz afeminadamente, ni tiemble como viejo”.

4.2 ¿Pues qué debe hacer en esto el maestro? 

– “Lo primero corregir los vicios de la pronunciación, si los hay, que las palabras se pronuncien con todas sus letras: pues unas no las pronunciamos bastantemente, otras demasiado. 

– Unas no las pronunciamos con el sonido tan lleno como se debe, confundiéndolas con otras que se les parecen, pero que no son tan llenas. Pues la L nuestra corresponde a la letra que aún Demóstenes no podía pronunciar; y entre nosotros tiene la misma fuerza: y los que no pueden pronunciar con toda su fuerza la C y la T, pronunciarán con debilidad la G y la D”. 

4.3 ¿Cómo enseñar la pronunciación  a un niño?

“Ni ha de sufrir el maestro la afectada pronunciación de la S; ni que se pronuncie con la garganta; ni achicando la boca; ni que den sonido más llano a la voz, contra lo que pide el habla natural, ahuecándola, lo que llaman los griegos catapeplasménon. Así llamamos al sonido de la flauta, cuando por estar cerrados los agujeros, que hacen la voz más clara, va el aire por la boca de ella engruesado.

– Cuidará también de que el discípulo no se coma las últimas sílabas, para que el hablar sea uniforme; y que cuando haya de levantar la voz, trabaje el pulmón, pero sin menear la cabeza; que acompañe el ademán a la voz, y el semblante al ademán”. 

4.4 ¿Son importantes los gestos en la Oratoria?

“Obsérvese también que el que perora tenga recta la cabeza; que no tuerza los labios; no abra la boca mostrando los dientes; el rostro no mire al cielo; ni tenga tampoco los ojos clavados en tierra; y que no mueva a uno y otro lado la cabeza. 

– En la frente se falta más. He visto a no pocos levantar las cejas, cuando esforzaban la voz; a otros que las encogían; a otros que, levantando hasta lo último de la frente la una, con la otra casi cubrían el ojo. Y, como luego diremos, es muchísimo lo que va a decir todo esto: pues lo que no está bien, tampoco puede agradar.

4.5 ¿Qué más puede el discípulo aprender de los cómicos?

“De los cómicos debemos también aprender el ademán para las narraciones, la autoridad en el persuadir; con qué ademán se expresa la ira, y qué inflexión de voz requiere la compasión. 

– En lo que logrará el acierto, si escogiere algunos lugares de las comedias más aptos para esto, y que tengan más proporción con el ademán. Los cuales no sólo serán muy útiles para la pronunciación, sino aun para la elocuencia. Esto se enseñará al discípulo, mientras se hace capaz de mayores cosas”. 

4.6 ¿Tono, voz y memoria, nuevo progreso con un sabio maestro?

“Cuando fuese necesario que lea oraciones retóricas, y fuese ya capaz de entender sus virtudes, entonces cúideme de él un sabio maestro; y no sólo le irá dirigiendo en el tono de leer, sino que le hará tomar de memoria y pronunciar de pie y claramente algunos lugares escogidos de ellas, enseñándole cómo ha de arreglar la acción, para que desde luego ejercite con la pronunciación la voz y la memoria.

– Y aquello que dice Cicerón en el libro 3.º del Orador, que éste debe mover varonilmente el cuerpo, no como el cómico, sino como el que juega las armas y se ejercita en la lucha.

4.7 ¿Es importante la inflexión de la voz en la Oratoria?

– “En la Oratoria va a decir mucho también para el movimiento de los afectos del auditorio el alzar o bajar la voz, y el que tenga su inflexión: y así empleamos distinto tono para mover a los jueces a indignación, del que usamos para implorar su clemencia: pues vemos que aun con los instrumentos, con los que no se puede expresar el lenguaje, el ánimo se reviste de varios movimientos. 

– El arreglo y decente compostura de los movimientos del cuerpo, que se llama aptitud, es también necesaria, pues en ella estriba gran parte de la pronunciación; y esto sólo con la música se puede aprender”.

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