ana sanjuán
Autoimagen, autoeficacia y autoestima son las claves para construir un buen autoconcepto, aspecto que marca nuestro desarrollo a lo largo de la vida. Y es que, conocerse a uno mismo es necesario para poder desarrollarse como persona. Es decir, que conocerse mejor y tener un buen concepto de uno mismo es fundamental, por ejemplo, para que nos vaya bien en los estudios o para tener una buena relación con la familia y los amigos.
El autoconcepto es un constructo psíquico que determina la identidad de un individuo: es la imagen que tenemos de nosotros mismos. En este sentido, tanto expertos de la psicología social como psicólogos humanistas coinciden en señalar que es un concepto decisivo para el desarrollo de nuestra personalidad.
Hoy por hoy, existen muchas escuelas y modelos teóricos que han pretendido aproximarse a esta noción de autoconcepto, pero la mayoría coinciden en que el autoconcepto se puede definir como la percepción que una persona tiene de sí misma en cuanto a sus características físicas, cognitivas, sociales o afectivas, entre otras.
Para entender bien qué significa este término es necesario conocer algunas de sus características y los factores indispensables para su formación.
En cuanto a sus características se pueden destacar las tres siguientes:
■ No es innato, sino que se va formando con la experiencia y la imagen proyectada o percibida en los otros.
■ Interactúa con el entorno, ya que el cómo nos perciban los demás puede llegar a modificar el concepto que tenemos de nosotros mismos.
■ Es dinámico, puede modificarse con nuevos datos provenientes de una reinterpretación de la propia personalidad o de juicios externos.
Los factores que podemos distinguir como fundamentales para la formación del autoconcepto son cuatro:
■ Las valoraciones, comentarios y opiniones ajenas. Sobre todo en la infancia, las que recibimos de nuestros padres primero y después de nuestros profesores y amigos.
■ El feedback que una persona recibe de su propio desempeño. Está marcado por las experiencias personales y sociales en relación con los éxitos y los fracasos, tanto personales como académicos.
■ La comparación que uno mismo se hace con otras personas a las que considera como iguales o como modelos sociales.
■ La cultura y el contexto en el que se desarrolla y crece la persona. Es decir, la propia evolución del comportamiento en función de las normas y valores sociales.
Esa percepción propia funciona como una especie de voz interior que determina cómo nos sentimos, pensamos y actuamos. Por eso es tan importante aprender a construir un buen autoconcepto.

 

 

El peligro de las etiquetas

 

¿Cómo influyen las etiquetas en el autoconcepto?
Hay que tener mucho cuidado con las etiquetas. Seguro que reconoces alguna de estas frases: «María es vaga, no como su hermano que hace los deberes en media hora», «Pedro es muy despistado, siempre se olvida la mochila», «Jaime es buenísimo, cualquier cosa que se proponga la consigue»…
Tendemos a poner etiquetas a nuestros hijos o alumnos como vago, desobediente, torpe, pesado, aburrido, tímido… Y en parte es normal. Nuestro cerebro nos ayuda a clasificar a las personas para poder prever mejor su comportamiento y de esa manera tomar decisiones con menor riesgo a equivocarnos.
Pero eso no implica que sea siempre correcto. Cuando etiquetamos a nuestros hijos o alumnos muchas veces lo hacemos de manera inconsciente. Incluso cuando lo hacemos destacando rasgos positivos no es adecuado. Veamos por qué:
Cuando comparamos con compañeros, amigos, hermanos, puede que haga que el niño se sienta infravalorado. Se podrá ver afectada su identidad y su autoestima. Además, puede que entienda que está siempre en competición con quién es comparado.
La exigencia de cumplir las expectativas de una etiqueta positiva pueden forzarnos a ser tal y como nos dicen que somos. En el caso de «ser el mejor», que puede parecer un elogio, puede ocurrir que nos pongamos un listón muy alto y sintamos con facilidad que no estamos a la altura, generándonos ansiedad y malestar cuando no lo conseguimos.
Cuando etiquetamos nos centramos en un solo aspecto de la persona haciéndonos olvidar que somos mucho más que esa etiqueta.
Las etiquetas suelen ser exageraciones de un rasgo que a veces solo es real desde la visión del adulto, por lo que las otras características del niño que le hacen ser él pueden dejar de verse.
Nuestro juicio. Esa etiqueta tiene el efecto de convertirse en profecías que se autocumplen. Si pensamos que Juan es un niño difícil mostraremos hacia él acciones que le demostrarán que no es un niño fácil, por lo que se mostrará como un trasto con nosotros. Así, nuestra etiqueta se verá reforzada con hechos que confirman nuestro diagnóstico.
Como padres y docentes hemos de entender que los juicios no son verdades absolutas. Etiquetar es poner un calificativo que define a la persona. Cuando etiquetamos, en vez de valorar el comportamiento, definimos al niño en base a ese comportamiento.
Las etiquetas limitan, encasillan, condicionan, afectan. No eres «un egoista», sino que estás actuando de manera egoísta; no eres «un pesado», sino que estás insistiendo demasiado; no eres «vago», sino que estás trabajando poco; no eres «un crac» sino que estás esforzándote mucho.

Para mejorar nuestro autoncepto podemos trabajar en su desarrollo tres aspectos fundamentales: la autoimagen, la autoeficacia y el autoestima.

Autoimagen
Responde a la pregunta de cómo te ves a ti mismo. Es la representación mental que nos construimos de nosotros mismos desde el punto de vista físico. Es decir, cómo nos vemos en altura, peso, color de pelo… Es algo subjetivo que vamos elaborando desde que somos pequeños e influye en cómo nos tratamos y cómo nos comportamos.
Un ejemplo para entenderlo bien: Una cosa es que la báscula marque un peso determinado y otra cosa es cómo me siento yo, cómo yo me veo con ese peso. Esa imagen que yo tengo de mí mismo con ese peso influye en mi autoimagen.
Cómo mejorar tu autoimagen:
■ No te compares con los demás.
■ Valora cómo eres tú.
■ Esfuérzate en ser tu mejor versión.
■ Conócete mejor.
■ No seas demasiado crítico contigo mismo.
■ Cuida tu diálogo interno. Háblate con amabilidad .
■ Identifica tus fortalezas.

Autoimagen
Responde a la pregunta cuánto confías en tus capacidades. Es la creencia en las propias capacidades para hacer frente a los desafíos de la vida. Es una potente creencia sobre nosotros mismos que desempeña un papel importante no solo en cómo te sientes contigo mismo, sino también en tu actitud y posibilidades para alcanzar con éxito tus metas.
Un ejemplo: Para aprobar un examen es necesario trabajar, estudiar y esforzarse. Pero también sentir que si hacemos todo eso podemos aprobar. Si creemos en nuestras capacidades y habilidades será más fácil que tengamos la actitud adecuada a la hora de estudiar y eso probablemente va a influir en el resultado.
Cómo mejorar tu autoeficacia:
■ Cuida la actitud que tienes ante las dificultades.
■ Enfréntate a los problemas como oportunidades de aprendizaje.
■ Comprométete con tus intereses y actividades.
■ Aunque tengas miedo, atrévete.
■ No te centres en los fracasos o los resultados negativos.
■ Ten siempre presente las cosas que ya sabes hacer o has conseguido.

Autoestima
Es quererse viendo una imagen sana, saludable, de nosotros mismos. El psiquiatra Luis Rojas Marcos la define como ese sentimiento placentero y de aprecio o desagradable y de rechazo que nos acompaña cada día. Y, además, no es algo fijo: podemos decir que tenemos diferentes autoestimas en relación a diferentes aspectos y factores de nuestra vida.
La autoestima no es egocentrismo ni arrogancia. Tampoco es sentirse superior. Es un sentimiento que está presente en todo lo que hacemos y que influye en las metas que elegimos, cómo tratamos a otras personas y cómo dejamos que nos traten.
En definitiva, es creer que merecemos que las personas que nos rodean, tanto nuestra familia como amigos, profesores o compañeros, nos quieran, nos valoren, nos cuiden, nos atiendan, nos integren.
Un ejemplo: Si alguien me insulta en el patio y tengo una mala autoestima, pensaré que tiene razón, sentiré que no soy capaz de responder, etcétera. Si tengo una autoestima saludable será más fácil que responda de una manera asertiva y defienda mis derechos de una manera adecuada.
Cómo mejorar tu autoestima:
■ Trátate con respeto.
■ Pon tu atención en tus logros y utilízalos para mejorar.
■ Valora cómo eres.
■ Ten presente a las personas que te quieren.
■ Acepta tanto tus cualidades como tus defectos.
■ Centra tu mirada en el aquí y ahora.
■ Recuerda que no eres mejor que nadie, pero tampoco menos.
■ Utiliza las críticas para aprender y mejorar.
■ Exprésate con asertividad.


Ana Sanjuán es colaboradora del gabinete de coach catemo.es

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