Ana T. Jack

De aprobar todo en junio el curso pasado a suspender más de la mitad de las asignaturas en la primera evaluación. Esta es una situación que han vivido un buen porcentaje de estudiantes, en especial aquellos que se vieron favorecidos por las clases y evaluaciones en línea a las que obligó la pandemia, pero que se enfrentan a este curso sin las bases necesarias para seguir progresando, a no ser que, de forma urgente y sin esperar ni un minuto más, pongan en marcha las estrategias necesarias para superar esas dificultades. Hay tiempo para hacer las cosas bien, pero para ello, además de estar dispuesto a esforzarse, hay que comenzar por analizar qué ha fallado y, sobre todo, encontrar soluciones realistas para remontar la situación.

Empecemos por el abecé del éxito escolar: poder, querer, saber estudiar… y estar en condiciones de hacerlo. Esta fórmula, sencilla en apariencia, significa que si un alumno tiene las aptitudes y habilidades necesarias para aprender, está lo suficientemente motivado para estudiar y sabe cómo hacerlo de forma eficaz, su éxito escolar está asegurado, siempre y cuando no existan otras variables que interfieran en su rendimiento (enfermedades, absentismo escolar, conflictos familiares, ambiente sociofamiliar desfavorecido…).

También hay que tener en cuenta que unos factores se pueden compensar con otros. Por ejemplo, un alumno con dificultades de aprendizaje pero alto nivel de motivación puede alcanzar el éxito escolar con mayor facilidad que otro con excelentes capacidades intelectuales pero poco interés en sus estudios o sin hábitos de trabajo.

Un test para empezar

En todo caso, no solo los que han suspendido en la primera evaluación, sino cualquier persona, puede mejorar su eficacia en los estudios si reflexiona sobre su propia actuación y se marca algunos objetivos. Se puede empezar por completar el siguiente cuestionario, marcar las respuestas y proponer las soluciones. Eso sí: estas deben ser lo más realistas posible.

¿PUEDO?

Leo con fluidez cualquier texto.

Comprendo lo que leo.

Soy capaz de expresar mis ideas por escrito.

No cometo casi ningún error de ortografía.

Tengo una buena expresión oral.

Asimilo con facilidad los contenidos.

Sé razonar un problema matemático.

Soy ágil con el cálculo de operaciones básicas.

Soy capaz de sintetizar las ideas.

Tengo un vocabulario más o menos amplio.

Se me da bien la resolución de problemas.

Tengo una buena capacidad espacial (para representar formas geométricas, por ejemplo).
¿QUIERO?

Asisto siempre a clase, salvo causa de fuerza mayor.

Atiendo a las explicaciones del profesor

No me corto en preguntar cuando tengo dudas.

Hago siempre los deberes y los trabajos que mandan para casa.

Establezco una buena relación con todos mis profesores.

Colaboro con mis compañeros de clase para hacer trabajos colectivos.

Salgo voluntario cuando el profesor lo pide.

Coopero como el que más cuando se trata de hacer trabajos en grupo.

Entrego los trabajos antes de la fecha límite.

En clase nunca me tienen que llamar la atención por mal comportamiento.

Me siento motivado para estudiar.

¿SÉ HACERLO?

En casa tengo un lugar de estudio bien acondicionado y fijo.

Dedico al menos dos horas diarias al estudio.

Durante ese tiempo, aunque haga algún pequeño descanso, no pierdo la concentración.

Utilizo un buen método de estudio.

Organizo el tiempo de estudio y de repaso antes de los exámenes.

La noche antes del examen descanso lo suficiente.

Cuando me entregan el examen corregido, reviso las preguntas en las que he fallado.

Apunto en una agenda la fecha de entrega de trabajos y exámenes.

A la hora de estudiar no atiendo al teléfono móvil ni me distraigo con otras pantallas.

¿ESTOY EN CONDICIONES?

No tengo problemas familiares importantes que me estén perturbando.

Tengo confianza en mí mismo.

Duermo cada día lo suficiente (alrededor de ocho horas).

Como un poco de todo (incluidas las legumbres y las verduras), pero sin excesos.

Tengo al menos algún amigo con el que sé que puedo contar.

Nunca ingiero sustancias que perjudiquen mi rendimiento intelectual (alcohol, cannabis…).

Controlo mis nervios incluso en época de exámenes.

En general, me siento bien conmigo mismo.

Tengo claro que estudiar es lo mejor que puedo hacer por mi futuro.

 

Escuela de Familias

Tema del mes: Cómo mejorar los resultados de la primera evaluación

Etapa: Infancia y adolescencia

El dato: La promoción de curso fue la norma general del año escolar 2019-20 en todas las etapas educativas (aunque hubo situaciones excepcionales de repetición), ya que las diferentes circunstancias vividas por los alumnos en el confinamiento al que obligó la pandemia así lo aconsejaban

A evitar: Pensar que los malos resultados de la primera evaluación se van a solucionar en la segunda de forma natural (sin introducir ningún cambio, aumentar tiempo de estudio, clases de refuerzo…).

Algunas claves: Analizar qué ha podido pasar en el anterior trimestre y plantear cambios que mejoren el resultado.

Para saber más: 
«Cómo salir del hoyo: coaching para multisuspensos», guía de autoayuda elaborada por María González Pascual, profesora de apoyo de Pedagogía Terapéutica. En este original manual se proponen algunas técnicas básicas de organización, concentración y estudio, con especial relevancia de las técnicas visuales (esquemas, dibujos…). Descárgalo en PDF.

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