PREGUNTA: Noa, 12 años, CEIP A Guía, Moaña, Pontevedra.
RESPONDE: FRAN ARMESTO.

Las ortigas están cubiertas de pelos rígidos que se rompen muy fácilmente ante cualquier roce, lo que provoca que viertan el contenido que almacenan en su interior; se trata del ácido fórmico, un líquido cáustico -quema los tejidos- y muy irritante. Es la misma sustancia que inyectan las hormigas y las abejas al picar. En contacto con la piel, el ácido fórmico se absorbe rápidamente, provocando enrojecimiento, dolor y hasta quemaduras (una exposición en exceso causa dolorosas ampollas que pueden reventar y sangrar). El rápido reflejo con el que evitamos el contacto con las ortigas suele ser suficiente como para que tan sólo suframos un picor más o menos intenso.

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