La grasa de la leche proporciona a los bebés cerca de la mitad de la energía que necesitan en los primeros meses de su vida. Uno de los componentes más abundantes en la leche materna es el llamado ácido palmítico, una sustancia grasa que tiene importantes funciones en el organismo. El aceite de palma contiene gran cantidad de ácido palmítico, por lo que al añadirlo a las leches infantiles se consigue una composición similar a la materna. Este tipo de grasa, sin embargo, debe consumirse con moderación en niños mayores y en adultos, pues en exceso puede tener efectos perjudiciales sobre la circulación sanguínea y el corazón.

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