CPI Julia Becerra Malvar (Ribadumia)
Alumnos:
  • Alba Cacheda Diz
  • Carla Feijoo Serén
  • Lucía Frost
  • Shaila Graña Peña
  • María Jorge García
  • Laura Martínez Rodríguez
  • Lara Pedrouzo Castro
  • Aldara Romay Feijoo
Profesores:
  • Silvia López

Grupos de adolescentes pegados a una pantalla en espacios abiertos, niños menores de 2 años con un soporte para el móvil en su silla de paseo, jóvenes intercambiando mensajes con otros cuando tienen a un amigo a su lado o adultos pendientes de esa vida virtual que han creado, gracias a las nuevas tecnologías, son escenas comunes que observamos día a día en las calles de nuestra ciudad.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda que los niños de 0 a 3 años no dispongan de pantallas y que los padres no las utilicen delante de sus hijos para que, de esta manera, se incentive la comunicación oral y el juego. La coautora del Plan Digital Familiar y coordinadora del grupo de trabajo de Salud Digital del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, la doctora María Salmerón, concluye que «los niños hacen más caso a lo que ven que a lo que se les dice». Desde que cumplen los 3 años y hasta los 6, Salmerón recomienda que no deberían disponer de más de una hora diaria de uso de pantallas y, a partir de los 6, con menos de dos horas de ocio digital.

El magnate empresarial Bill Gates, director ejecutivo de Microsoft, no les permitió tener un teléfono móvil a sus hijos hasta los 14 años y siguió un estricto régimen en el que no entraban pantallas en los espacios familiares. Este rechazo de la tecnología en el entorno cotidiano también lo aplicaron de forma similar Steve Jobs, director ejecutivo de Apple, y Sergey Brin, cofundador de Google.

Los especialistas en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje llevan tiempo detectando problemas en alumnos de educación infantil y primaria asociados al abuso de dispositivos electrónicos, ya que existe un retraso en la adquisición del lenguaje y en su uso. Alba Sanmartín, especialista en audición y lenguaje y que trabaja con niños con dificultades del habla, afirma que «un número importante de niños se expresa con fórmulas de tipo «palabras-frase». Por ejemplo, utilizan expresiones como «agua» por «quiero un vaso de agua»». Así como también «el empleo de un lenguaje muy infantilizado en niños de 6 a 12 años», cuya causa podría ser el uso excesivo del móvil en el entorno familiar y la falta de interacción del adulto con el niño o con otros iguales, por lo que no tienen modelos a imitar en la producción de lenguaje. «Esta dificultad repercute en todas las etapas de la vida», afirma Sanmartín. Destacados teóricos de la psicología del desarrollo, como Lev Vygotsky (1896-1934) o Jerome Bruner (1915-2016), ya incidieron en que debían darse marcos de interacción social adecuados para que tuviera lugar el aprendizaje. La etapa de imitación en los niños constituye una fase fundamental para el desarrollo de las habilidades sociales, emocionales y cognitivas.

En los últimos meses han surgido un gran número de programas, reportajes y pódcasts intentando analizar la situación de forma objetiva y, a veces, añadiendo opiniones desde un punto de vista personal, donde se pretendía dar respuesta a múltiples preguntas: ¿se está haciendo un uso apropiado de los móviles? O más concretamente: ¿los adolescentes están haciendo un uso inapropiado de los móviles?

En esta línea han aparecido movimientos para limitar su uso entre este sector de la sociedad ante la preocupación suscitada en las familias. Es el caso de la popular plataforma change.org, que ha recogido más de 57.000 firmas con la petición de prohibir el móvil a menores de 16 años. O el recientemente creado grupo de WhatsApp, iniciativa de una madre, que ya cuenta con más de siete mil integrantes pidiendo la limitación del uso de los móviles a menores de 16 años o su prohibición en los centros educativos.

Actualmente, en España hay nueve comunidades autónomas que regulan el uso de los móviles en los centros. Las primeras en hacerlo fueron Castilla-La Mancha y Galicia (en el año 2015), y las últimas, Canarias y Cataluña, que en el pasado mes de febrero decidieron unirse a las restricciones. Pero, una vez que los adolescentes salen de su centro escolar, el móvil vuelve a ser su centro de atención.

La gran mayoría admiten que cada mañana revisan el móvil nada más levantarse y atribuyen la mayor parte de su uso a las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. La edad para tener un móvil hoy en día cada vez es más temprana. Ahora mismo un 50 % de los alumnos de 5.º de primaria poseen uno de ellos.

Según indican los resultados, un 27 % de los alumnos utilizan el móvil dos horas, y un 54 %, entre tres y cuatro. Cabe destacar que un 19 % se encuentran activos unas cuatro o más horas diarias.

En educación secundaria, las cifras son similares: un 29 % lo utilizan hasta dos horas, un 37 % destinan entre tres y cuatro horas diarias al móvil, y un 34 % , cuatro.

En educación primaria los resultados han indicado que un 64 % tienen un móvil propio. En secundaria, esa cifra asciende a un 89 %.

Un uso indiscriminado de los dispositivos

Los jóvenes están progresivamente más desconectados de la realidad, interactuando en una existencia paralela donde un alto porcentaje de los casos de acoso se producen a través de alguna de estas plataformas.

No obstante, estas actitudes no están catalogadas como una adicción, según la Consellería de Sanidade. «No se poseen datos suficientes para comprobar si se cumplen las características de una adicción, definida como una pérdida de control sobre una acción, que afecte al desarrollo y a la vida cotidiana de la persona que la padece», afirma Jaime Fraga, jefe de servicio de Conductas Adictivas de la Consellería de Sanidade. En contraposición, un gran número de psicólogos ya han comenzado a tratarlas como tal. Es el caso de Marc Masip, psicólogo y experto en adicciones a las nuevas tecnologías, que considera la adicción al móvil igual que la del juego o las drogas. Masip es director de un programa pionero masivo, nacido en 2012, con el fin de educar acerca del buen uso de los dispositivos.

«Si hacemos campañas de prevención e información en los institutos, podríamos evitar muchos problemas con los móviles», señala Fraga.

La dependencia mental y emocional, la pérdida de hábitos saludables como la práctica de un deporte o la falta de escucha activa y atención en las conversaciones son algunas de las consecuencias del abuso de los móviles, además del aumento de ansiedad, insomnio, distanciamiento social y la menor capacidad de concentración.

Los móviles se han convertido en un compañero inseparable de la sociedad. No se puede olvidar que un móvil es un aparato portátil de telefonía, un instrumento de comunicación y una puerta abierta hacia un mundo virtual sin límites. Llama la atención cómo muchos menores, hoy en día, están superprotegidos y faltos de autonomía y, sin embargo, la gran mayoría poseen uno de estos dispositivos a través de los cuales podrían tener acceso a páginas web de contenido no apto para ellos, así como, también, una actividad desmedida en las redes sociales.

La tecnología, y por tanto los móviles, no son buenos o malos en sí mismos. Es por ello que, probablemente, el buen o mal uso de estos aparatos esté en manos de todos nosotros.

Términos sobre las nuevas «enfermedades tecnológicas»

Nomofobia: Temor o fobia a quedarse sin el móvil en un momento dado (No-Mobile-Fobia). 

FOMO: Miedo a quedarse desconectado, fuera de contacto o sin cobertura (Fear Of Missing Out). 

Phubbing: Consiste en ignorar a una persona por prestar atención al teléfono móvil. Es una combinación de las palabras en inglés phone (teléfono) y snubbing (hacer un desprecio). En español se dice ningufoneo.

Vamping: Insomnio causado por la hiperconexión digital, que resta horas de sueño.

Vibranxiety: Sensación de haber sentido vibrar o escuchar el teléfono aunque este no haya hecho nada.

Smombies: Realizar alguna actividad o incluso andar por la calle sin estar pendiente del alrededor por estar mirando al móvil

«De nada vale que haya un control muy estricto con los móviles en las aulas si en las familias no existe»

Román Rodríguez, conselleiro en funciones de Cultura, Educación, Formación Profesional e Universidades desde el año 2015.

—¿Por qué cree que los padres piden una ley de prohibición de los móviles?

—Los padres, en general, piden esta ley. Sería tan sencillo como no comprar teléfonos a sus hijos. Un móvil tiene grandes potencialidades, pero también riesgos. Es algo que excede al ámbito educativo.

—El nuevo protocolo publicado por la Consellería de Educación rechaza el uso del teléfono móvil en los centros, sin embargo, se utilizan los ordenadores como herramienta educativa que podría ejercer la misma función. ¿Se podría sustituir esta última por otros mecanismos de aprendizaje?

—No es el mismo uso el que se le puede dar a un móvil que el que se le otorga a un ordenador o a una tableta como una herramienta pedagógica. Hace años se escribía en un encerado y hoy en día en una pantalla digital. Este protocolo busca dar solución a problemas que había en los centros con los móviles en tiempos de recreo, por ejemplo. Hoy en día los adolescentes conviven con el móvil en la mano y se deja de interactuar en una conversación. Además, son reales los casos de edición de fotos ajenas y su divulgación difundiendo información falsa. Es esto lo que intentamos regular con esta prohibición. Hay que usar el móvil cuando hay que usarlo. Por eso veo coherente que se pida una limitación.

—Según una noticia publicada en La Voz de Galicia el 18 de enero, la Confederación Española de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa) no está de acuerdo con la restricción del uso de los móviles en los centros educativos y pide más educación formando a profesores, familias y alumnado. Otra vez recae la responsabilidad sobre el entorno escolar, ¿cómo ve esta posición?

—Eso está en el ámbito estatal. En Galicia, una federación de ANPAS dio su opinión y posteriormente nos llegaban correos de otras ANPAS asociadas a esa federación contraponiendo esa posición. Existe una encuesta cuyo resultado indica que el 35 % de los padres están a favor de limitar los móviles en las aulas. De hecho, se educa en competencia digital a los alumnos.

—¿Es necesario legislarlo todo? ¿Dónde queda la educación en las casas?

—Las familias tienen un papel fundamental en estos casos. De nada vale que haya un control muy estricto con móviles en las aulas si en las familias no existe. Tenemos que unirnos todos y actuar al respecto. Ante todo, sentido común.

—¿Tiene la Xunta competencias para regular el acceso a páginas web de contenido no apto para menores?

—Nosotros tenemos competencias en el entorno escolar. Tenemos una red corporativa en Galicia, por lo que existen controles, que son filtros que regulan accesibilidad a páginas. En el ambiente familiar no los tenemos.

—¿Cree que la mayoría de los jóvenes gallegos son adictos al móvil?

—No sabría responder a esta pregunta debido a la escasa información que poseemos sobre ello. Primero habría que saber qué se considera la adicción a los móviles y después habría que hacer una encuesta para obtener y analizar datos. Cuando se habla de adicciones o algo físico es competencia de la Consellería de Sanidade.

—Además de conselleiro, cumple una responsabilidad como padre, ¿ha tenido alguno de estos problemas con sus hijos?

—Sí. En esto no soy diferente a cualquier padre. Cuando castigo a mis hijos sin móvil suele haber enfados entre ambas partes.

—Si le dijésemos las palabras: fomo, nomofobia, vibranxiety o phubbing, ¿sabría de qué estamos hablando?

—Pues ni idea de lo que son. Reconozco mi ignorancia en estos temas. ¡Seguro que mis hijos lo sabrían! Podría tener nomofobia, pero porque uso mucho el móvil para el trabajo. El phubbing también me pasa, y creo que a todo el mundo. Reconozco que es una cuestión negativa que nos aísla.

«Utilizo tanto el móvil que no tengo tiempo para hacer más cosas»

Un adolescente da su opinión sobre el uso de los móviles. Sus respuestas las podría dar cualquiera de ellos.

—¿Eres verdaderamente consciente de tu dependencia a los dispositivos electrónicos?

—Sí, opino que soy bastante dependiente, no solo al móvil, sino que también a la tecnología en general.

—¿Cuántas horas usas el móvil al día?

—Por la semana suelo usarlo sobre unas cinco o seis horas normalmente, pero los fines de semana lo utilizo más, (ya que no tengo nada que hacer), aproximadamente entre nueve o diez.

—¿Hace cuánto empezó tu adicción al móvil?

—Mi adicción comenzó cuando tuve mi primera red social. Desde entonces soy adicto.

—¿Consideras realmente grave tu adicción al móvil?

—Desde mi punto de vista no, ya que estoy acostumbrado a usarlo muchas horas diariamente, pero para algún especialista sí podría considerarse grave.

—Desde tu punto de vista, ¿cuántas horas debería usar el móvil una persona al día?

—Yo opino que durante la semana lo óptimo sería usarlo de dos a tres horas y los fines de semana, como máximo, cinco o seis horas, ya que la gente suele tener más tiempo libre.

—¿Qué ocurriría si se te olvidases el móvil en casa?

—Ya me sucedió varias veces y no he dudado en ir a buscarlo, ya que es esencial para mí y no podría estar sin él. Siento que me pierdo todo tipo de sucesos en mi entorno o alguna noticia importante.

—¿Para qué sueles usar el móvil?

—Fundamentalmente lo empleo para las redes sociales, trabajos de clase o para mis pasatiempos, como la música, juegos, grabar vídeos o sacar fotos.

—¿Por qué este aparato tiene tanta importancia en tu vida?

—Porque me gusta estar al tanto de todo. Lo utilizo tanto, que ya no tengo tiempo para hacer más cosas. Además es fundamental en mi vida y no puedo vivir sin él.

—¿Prefieres pasar tiempo con tu familia o prefieres usar el móvil?

—Me gusta jugar con mi familia a juegos de mesa, pero llega un momento en el que me canso y prefiero usar el móvil que estar con ellos.

—Cuando estás haciendo otra actividad, ¿se te pasa por la cabeza usar el móvil?

—Depende de lo que esté haciendo. Por ejemplo, cuando juego al fútbol, sí que me centro principalmente en ello, además me libera de mis preocupaciones sobre lo que pasa a mi alrededor. Pero aún así sigo teniendo un presentimiento de que pase algo y me entere tarde o incluso que no pueda enterarme.

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