Colegio CPR Cruz Roja A Coruña
Alumnos:
  • Saray Tatiana Alzate Figueroa
  • Consuelo Gómez Yugcha
  • Alexia Quintas Andión
  • Uxia do Carme Regueira Bermúdez
  • Con la colaboración del resto del alumando del primer curso del ciclo de Farmacia y Parafarmacia
Profesores:
  • Susana Cabanas

Existen personas que ponen voz y presencia a quienes viven en una situación de soledad, volviéndose invisibles ante una sociedad modernizada y superficial que los lleva a conformarse y sobrevivir con esa soledad que se convierte en una cerradura difícil de abrir.

Los establecimientos del barrio, como carnicerías, peluquerías, ultramarinos o farmacias, ayudan a dar visibilidad a este problema social. La farmacia de Sara López es un ejemplo de ello. Allí han podido analizar y percibir las necesidades de personas en situación de soledad, detectar a personas mayores que necesitan de una atención, y analizar más allá de una compra de medicación. La confianza y sutileza con la que Sara y su equipo tratan a sus clientes, preguntándoles por sus dudas a la hora de tomar los medicamentos y llevando control desde la última vez que los han adquirido, permiten un seguimiento que también refleja las circunstancias del paciente y sus carencias.

Gracias a las fichas técnicas, la farmacia obtiene los datos necesarios para estar en contacto con estas personas y ubicarlas en caso de necesitar ayuda o de que exista alguna emergencia. Sara y su equipo dan confianza y cercanía personal hasta el punto de que colaboran en actividades cotidianas, ya sean la compra de alimentos o arreglos domésticos simples, como conectar una televisión. Servicios que no cuestan nada.

«Ante una situación muy grave, en la que se detecte un caso de abandono o soledad no deseada, la ayuda va más allá, comunicándose a una red solidaria como es Antenas, un proyecto de Cruz Roja», cuenta Sara.

Ella participa en este proyecto abierto a la ciudadanía, al entorno social y al vecindario. A todos los que quieran formar parte de la red de establecimientos del barrio donde las personas mayores o dependientes realizan sus actividades cotidianas y conviven con las mismas personas en el día a día. Suele ser el vecindario el que detecta la ausencia, alarmante o no, de estos mayores.

En Antenas, la comunicación con el personal técnico y voluntario de Cruz Roja es continuada. Los participantes les informan de cualquier situación que pueda aparecer, y es desde Cruz Roja desde donde se articula un dispositivo de ayuda para resolver el problema generado. En este programa no se valora el nivel económico, sino el estado de soledad y necesidad.

No es un camino fácil de recorrer. A veces la burocracia y las trabas administrativas lo dificultan. «Es difícil acceder al Sergas, enfrentar su modernización. Todo ahora es tecnológico, por ejemplo, las llamadas robotizadas. No siempre se presta el servicio que necesitan. Lo que más molesta es no tener un contacto directo entre el personal médico y farmacéutico. Al no ser familia me resulta difícil comunicarme en nombre de la persona que tiene el problema, por el derecho de protección de datos, la Administración no permite esta ayuda», comenta Sara, que encuentra «más fácil acceso hablando con la farmacéutica del centro de salud y desde ahí, acceder al médico».

Sobre los motivos que la llevan a participar en Antenas, esta farmacéutica resume: «Me motiva ayudar a otros, empatizar con las personas. Es importante poder enfocar la soledad de las personas mayores, creando una ciudad más sensible».

Una red de apoyo para María

María es una señora que participa en este proyecto. Lleva viviendo sola una gran parte de su vida, desde que falleció su marido. Nunca se ha sentido aislada del mundo exterior: la llaman sus hijos y nietos, salía y sale a pasear con una voluntaria de Cruz Roja participante del proyecto, lee, ve la tele… «Gracias a esas actividades, no he sentido esa soledad», explica.
Esta mujer vive en un cuarto sin ascensor y le resulta difícil bajar y subir las escaleras, por eso no suele salir mucho fuera de casa, aunque le gusta mucho estar con sus amigas, tomar algo y «darle a la sin hueso», como dice ella. En la farmacia de su barrio le llevan control de su medicación porque así es más fácil tanto para el farmacéutico como para su hija hacerle un seguimiento.
Como María no podía hacer la compra, su hija hablaba con los empleados del supermercado para que se la llevaran hasta su casa, ya que ella no podía bajar a recogerla. Ahora las cosas han cambiado, porque su hija vive actualmente con ella. De todos modos, sigue conectada con Antenas y el equipo de trabajadores sociales. María está muy feliz y eso es lo importante.
Gracias a Antenas, las personas mayores ya no están solas.

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