Instituto Xosé Neira Vilas
Profesores:
  • Julia Fernández Seguín

A finales de 2019, en el mes de diciembre, Wuhan se convierte en el epicentro de un brote de neumonía de procedencia desconocida que no cede ante los tratamientos habituales. Se reconoce como causa a un nuevo coronavirus, al que posteriormente se denomina SARS-CoV2, causante de esta nueva enfermedad denominada covid-19. El 11 de marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud declara a esta enfermedad como una pandemia, con 118.000 casos en 114 países y 4.291 personas fallecidas.

Desde ese día hasta hoy muchas cosas han cambiado. Unas, temporalmente; otras, para siempre.

En la primera ola los sanitarios apenas tenían material para protegerse del contagio

Trabajo en los hospitales
«Todo el hospital se ha visto afectado, hemos tenido que cambiar la forma de trabajar tanto en quirófanos como en uci, REA, urgencias… hasta las plantas de hospitalización», dice la farmacéutica de hospital María Sandra Albiñana. Muchos fueron los problemas con los que se encontraron los trabajadores sanitarios en lo que se conoce como «primera ola». Los más graves, la falta de protección o la falta de otros materiales necesarios como medicamentos. «En algunos casos, medicamentos que se compraban a laboratorios se fabricaron desde el servicio de farmacia del hospital», comenta esta farmacéutica.

El trabajo fue intenso. Beatriz Debén Pérez, adjunta residente en Oncología del Hospital Universitario La Paz dice que «todos pasamos a urgencias con turnos de 8 a 17 horas diarias, todos los días de la semana, durante la primera ola. Lo que conlleva doble carga de trabajo, física y emocional. Jamás ningún adjunto había vivido una situación igual en toda su vida laboral». Debén, además, fue uno de los trabajadores contagiados por este virus. «Tuve mucha fiebre y cansancio (hasta junio), menor capacidad de ejercicio, episodios de taquicardia, menos capacidad pulmonar, ¿para siempre?, caída de pelo…» y reconoce que también le afectó psicológicamente. «Tenía cierto sentimiento de culpabilidad por la carga de trabajo que suponía mi baja para mis compañeros y también estaba el miedo a contagiar a los demás».

Quiénes han hecho posible este reportaje
El reportaje es una labor de investigación y redacción de varios alumnos, que han trabajado en diferentes grupos:

Dos preguntas a Iria Vázquez Pillado: Cristina Vázquez, Lara Nombela y Edher Ramos

Investigación y redacción sobre repercusiones en el ámbito sanitario y económico: Rita Ardao, Inés Roca, Miguelangel Albertoletti, David Docampo, Javi Méndez.

Investigación sobre personas vulnerables: Manuel Dorado

Entrevista a Reyes Caparrós: Javier Queiruga, Pablo López , Lukas Ramos y Javier Méndez

Entrevistas, investigación y redacción sobre repercusiones en la cultura: Valeria Neyra y Martina Gutiérrez

Otros colaboradores, en redacción, entrevistas y material gráfico: Marta Cabo, Ángela Concheiro, Marcos Cortizo, Carolina Freije, María Ourens, Xaime Rey, Martina Rodríguez, Andrea Varela, Iker Naveira, Miguel Paredes, Jon Montecelo, María Mosquera, Alejandro Reis, Alba Teijeiro, Luisa Tona, Hugo González, Brandon Vázquez, Álvaro Palmero, Nuno Aymerich, Silvana Vilar.

Crisis sanitaria que se ha convertido en crisis económica
A partir del día en que se declaró el estado de alarma en nuestro país fue obligatorio quedarse en casa y echar el cerrojo a los negocios. Unos pocos afortunados trabajan desde casa, pero otros fueron sometidos a ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) y en el peor de los casos se fueron al paro.

Lo que parecía solo una crisis sanitaria acabó derivando en una crisis económica. «Esta es la primera crisis de nuestra época, de nuestra era digamos, que no tiene causas económicas, sino sanitarias, que al final trajo consigo problemas económicos, pero realmente el origen es una crisis sanitaria», recalca Rosa Brandón, profesora del IES Neira Vilas (Oleiros) y experta en economía.

Pero, ¿por qué nuestra economía es tan vulnerable a las crisis? Como cuenta Brandón, la dependencia de un sector vinculado a la movilidad ha sido clave: «Nuestra economía depende del sector terciario, sobre todo del turismo y de la hostelería», e imponer restricciones de entrada y cuarentenas a la vuelta hizo que menguara notablemente el número de viajeros con destino a España. Esto repercutió a su vez en el sector de la restauración y la hostelería, ya que si no vienen turistas, la recaudación de los pequeños negocios decrece, provocando el mismo efecto en las arcas del Estado. A parte del turismo internacional, el nacional se ha visto empequeñecido a causa de las restricciones de movilidad entre comunidades y de los aforos en locales de ocio. Según palabras de Enrique Roca, experto informático en una distribuidora de alimentación: «A causa de todas las restricciones que no permitían tener los locales al 100 %, la hostelería se hundió». Esto también ha afectado en cierta manera a determinados productos alimentarios, que solamente tienen salida en restaurantes y bares.

En esta «segunda ola», la situación de estos trabajadores se ha ido agravando y la crisis sanitaria ha provocado el cierre de todo este sector.

¿A qué teníamos miedo antes de la pandemia?
Desde la biblioteca del IESP Xosé Neira Vilas se propuso como proyecto de trabajo para el curso 2019-2020 el tema «distopía». Dentro de ese proyecto, un grupo de alumnos de tercero de ESO se plantearon qué temas podrían preocupar para el futuro y con cuáles se podrían imaginar mundos distópicos. La pregunta que se hizo fue:

Me aterroriza:

  • Que la inteligencia artificial termine con los empleos
  • Una guerra nuclear
  • Si el cambio climático termina con nuestro planeta
  • Gobiernos autoritarios en que los poderes económicos determinen más desigualdades
  • Ser vigilados por causa de los datos que hemos dejado en Internet
  • Creación de vida a través de medios artificiales

 

Era el mes de febrero y faltaba algo más, un virus que desestabiliza al mundo entero y provoca una gran cantidad de contagios y de muertes.

Vulnerabilidad
«Nosotros, los abuelos, como personas de riesgo que somos, vivimos esta situación del covid con preocupación, miedo y tristeza, por nosotros y por nuestra familia. Nos preocupan los nietos, su salud y la situación escolar», dice Antonio González Lamelas, un jubilado. Ellos, personas de alto riesgo, reconocen estar asustados pues aseguran que, aunque la mayoría son prudentes, sí que ven a personas sin mascarilla a su alrededor, tanto cuando van a un bar como cuando salen a pasear, y les inquieta bastante, pues no solo tienen riesgo de contagio ellos, también su familia.

Pero no son el único grupo vulnerable. «TDAH, dislexia o TEA junto con el covid, ¡mala combinación!», son las palabras que Lara Gil Robla, directora del grupo de estudio de Unidad Focus, quiere transmitir a las personas, pues ella es consciente de lo difícil que es trabajar con personas con dificultades especiales, teniendo todas las limitaciones que proporciona el Covid-19. «La mascarilla supone una barrera en las personas con TEA, ya que estas presentan dificultades en la comunicación verbal y no verbal». Debido a las dificultades del reconocimiento de las expresiones faciales, el uso de la mascarilla provoca un aislamiento mayor en la interacción social, ya que se pierde el significado de la información aportada por el emisor, a lo que hay que sumarle la hipersensibilidad de las personas TEA hacia ciertas texturas.

«La nueva normalidad nos hizo reinventarnos». Con las restricciones sanitarias de confinamiento, se han visto en la obligación de aumentar la modalidad de terapias en línea: «Las personas con TEA necesitan asistencias semanales para afrontar las dificultades, agrandadas por la situación del covid, por lo que es inviable dejar a estas personas sin atención», es la opinión de los psicólogos que trabajan a diario con las pacientes con TEA y saben lo importante que es para dichas personas la continuación de una terapia.

La psicóloga Mónica Novo reconoce que es una realidad que ha habido un aumento en la demanda de ayuda psicológica tras el confinamiento. Todo afecta, pero «la indefensión es el factor común a cualquier situación que requiera ayuda psicológica». Todo el mundo se ha visto afectado, debido a esta situación sanitaria y a sus consecuencias, no solo en la salud sino también en los cambios de rutinas y en el entorno social y económico; pero las personas que presentaban patologías previas y estaban recibiendo tratamiento se han visto especialmente perjudicadas. Mónica Novo pone un ejemplo, «los trastornos de alimentación… todos aquellos que acudían a terapia han tenido que interrumpir el proceso, con consecuencias fatales para su evolución favorable».

«Las clases, en la mayoría de países, son en línea; este es mi caso»

El covid-19 ha traído una nueva situación a las aulas. Estudiantes en clases en línea, distancia como seguridad, ventanas abiertas, limitaciones de interacción humana y cientos de cambios a los que profesores y alumnos han tenido que adaptarse. 

Iria Vázquez Pillado es una estudiante española de Erasmus en Timisoara-Rumanía.

-¿Cómo está afectando todo esto a los estudiantes que se «acostumbraron» a las medidas de España y que se han ido de Erasmus a otro país?

En primer lugar, las clases, en la mayoría de países, son en línea; este es mi caso. Lo malo de este modelo es que no podemos relacionarnos tanto con los profesores y alumnos locales. El covid afecta bastante a la hora de viajar, ya que tenemos que estar constantemente viendo los cambios en el cierre de fronteras por países, toques de queda, cuarentenas de 14 días en el país de destino y origen, y eso imposibilita la realización de viajes.

Por otro lado, las fiestas que se hacen para socializar entre Erasmus y locales están prohibidas, ya que hay un máximo de personas y actualmente hay una hora a la que todos los locales deben estar cerrados. A las 11 de la noche en Rumanía. Las cafeterías han reducido su aforo y, aunque parezca increíble, en pleno otoño con 7 grados está prohibido sentarse dentro de las cafeterías y restaurantes para cenar, comer… Tienes mantas y estufas en las mesas de fuera. También hay un máximo de personas que pueden estar en la mesa. Hace unas semanas era de 6, actualmente en Bucarest solo pueden estar 3.

-¿Qué precauciones toman ahí?

En el caso de Rumania, toman temperatura a la entrada de locales y supermercados, hay guardias mirando una máquina que mira la temperatura del cuerpo en el caso de que no te pongan la máquina en el brazo, mascarillas dentro de locales y solo se puede comer y beber en la terraza de los locales. Pero bueno, aquí algunos rumanos dicen que no existe, y por la calle teóricamente es obligatorio desde hace una semana el uso de mascarilla, pero se ve a una mayoría de personas que no la lleva o la lleva mal; hay descontrol en general. En Bucarest, por ejemplo, sí que vigilan, pero solo es obligatorio si hay mucha gente en el centro.

Otra forma de consumir cultura

Una encuesta informal realizada en Instagram nos ha ayudado a entender un poco más el impacto del coronavirus en el consumo de cultura. El 69% de los votantes de entre 13 y 21 años afirman haber dejado de ir a cines, teatro o conciertos tras la primera ola de la pandemia. En su mayoría, afirman que esta reducción de su consumo de cultura se basa en la inseguridad por las medidas de seguridad y su adaptación a esta nueva normalidad. Así, muchos han optado por dejar de ir al cine y han aumentado su consumo en plataformas como Netflix.

Actuación de Uxía Algarra. Foto: Álex Sobrino

«Si eres joven y tienes proyectos todo lo que era difícil se agrava muchísimo más»

Todos los sectores de la sociedad han tenido que adaptarse a la llamada «nueva normalidad» para sobrevivir en los tiempos del coronavirus. La cultura, entre otros, es uno de estos sectores que, además de castigado, se siente «olvidado» por los gobiernos durante esta crisis.

«O aforo son 60 persoas, sexan 400 o 800 butacas como pode ser no teatro Colón. Entón aí sí que vexo que é un pouco inxusto, porque non se centran en cada espazo, non hai uns mínimos nin uns máximos dependendo do aforo», señala la concejala de Cultura del Concello de Oleiros, Esther Garrido. Para Garrido no hace falta más que ver las noticias, donde siempre se habla sobre los aforos que hay que respetar en los entierros, iglesias, clubes deportivos o instalaciones deportivas, «pero de espazos culturais aparece moi pouco». Y es que al estar demostrado que las actividades culturales son seguras y no son focos de contagio, «deberíase valorar máis o traballo dos artistas», señala Garrido. «A min de verdade que me toca o corazón ver que estés aí nesta situación, que non sabes cómo se vai a desenvolver o teu futuro e que estés aí creando para os demáis, sen percibir nada», sentencia.

Sobre este tema tiene algo que decir Uxía Algarra, una joven actriz, recién graduada en Arte Dramático por la Esadg, a quien la pandemia le ha cambiado los planes. «Mi trabajo final de estudios (TFE) iba a ser una obra (Proxecto Nós) de teatro, en la que iba a participar gente de Erasmus de Portugal y de Francia, y aprovechando esta oportunidad de Erasmus también íbamos a hacer una gira por Francia, Portugal y por Galicia. Pero vino el coronavirus y de intercambio, nada. Este proyecto no es que quedase en el aire, es que se canceló y no se sabe cuándo se va a volver a retomar. Y después otras obras de teatro programadas que teníamos, por ejemplo en el Salón Teatro», señala.

Algarra cuenta que tras la primera ola de la pandemia volvió «a las tablas» de la mano de la compañía de teatro a la que pertenece con un poco de miedo y rabia. «Nos programaron precisamente a nosotros porque el que estaba de principal no pudo por el tema del coronavirus. Nos llamaron en el último minuto y tuvimos que hacer los ensayos en el propio teatro con mascarilla, justo la mañana de la actuación y, claro, era todo súper raro porque la gente no se te acercaba tanto. Por ejemplo, a nivel técnico, poner focos o dar las directrices para que este foco se iluminase en tal momento. Era como todo muchísimo más lejano», comenta.

Aquel día las entradas se agotaron, recuerda Algarra, aunque con una sensación agridulce. «Levantas el telón y ves todo casi vacío, pero sin embargo todas las entradas vendidas y dices: ¡dios, esto es a lo máximo a lo que puedo aspirar en un teatro!», añade. Recuerda que estaban todos a cinco butacas de distancia, «entonces nosotros veíamos a gente que nos había venido a ver, que eran nuestros amigos, y decías ¡vaya mierda!, porque igual en el cine no pasa tanto, pero en el teatro sí que mola lo de decirle al otro o comentar o echarle el codo y decir ¡ja, qué gracioso! y eso no se podía hacer. Era como un clima súper frío dentro del teatro, aparte de que teníamos al público lejísimos porque, claro, nosotros no actuamos con mascarilla… Era bastante frío todo», relata.

Para Uxía Algarra las medidas impuestas para el sector cultural «son bastante exageradas». «No me parecen coherentes comparadas con otras medidas», porque, dice, entiende que «se reduzca el aforo» aunque sea una faena para todos pero no si después uno se sube al autobús «y está petado de gente, o vas en un avión y está lleno y las medidas no sean más extremas, sino que solo hay que ir con mascarilla y la distancia no sea para tanto cuando hay menos espacio en un avión que en un teatro… hombre, pues me parece demasiado exagerado», señala y demanda medidas «más lógicas».

Esta actriz afirma que el coronavirus ha dejado al sector cultural en una situación imposible, que aunque se quiera ir hacia delante, no se puede. «Si eres joven y tienes proyectos todo lo que era difícil se agrava muchísimo más porque no está el mundo para recibir cultura ahora mismo», sentencia.

«Muchos eventos se cancelan por no poder adaptarse a tantos condicionamientos»

Reyes Caparrós trabaja en el Departamento de Cultura del Ayuntamiento de Oleiros. 

-¿Cómo está afectando el virus al sector público de Cultura?

Reyes Caparrós, en medio de una sala desierta

-Resulta muy interesante esta pregunta porque invita a una doble reflexión, lo que afecta o ha afectado el virus, como tal, al sector cultural y lo que le están afectando los protocolos y medidas anticovid. El virus en sí mismo apenas ha afectado al sector cultural, porque apenas hay ni ha habido positivos ni brotes ni contagios en espectáculos culturales, pero las medidas y los protocolos anticovid aplicados al sector cultural sí que están teniendo una gran repercusión, tanto en el sector público como en el privado, desde un primer momento. Las diferentes normativas y medidas ha supuesto la cancelación y aplazamiento de muchos eventos culturales. Y esto ha llevado al consiguiente parón laboral, profesional y económico de tantos sectores y profesionales implicados: empresas, autónomos, actores y actrices, músicos, artistas, técnicos de sonido e iluminación, personal de carga y descarga y asistencia técnica, monitores… Eso ha significado en muchos casos dejar de percibir ingresos económicos durante meses, y tener que organizar y reorganizar agendas y eventos una y otra vez.

Por otro lado, los eventos con los que se ha continuado han tenido que adaptarse y reinventarse. Eso sucede con obradoiros y actividades culturales con grupos, de ocio, excursiones o visitas culturales… Algunas han podido mantenerse con mucho sacrificio y dedicación, pero otras han tenido que ser anuladas por la imposibilidad de realización a corto plazo, ni con adaptaciones.

A ello se suma toda la tramitación administrativa de devoluciones de recibos de actividades, paralización de contratos, reformulación de cláusulas para adaptación a la pandemia con casuísticas que nunca antes habían sido pensadas ni imaginadas.

Pero a pesar de todo, y afortunadamente, los trabajadores del sector público tenemos nuestro sueldo y nuestras condiciones laborales se mantienen y se han mantenido hasta el momento.

-¿Cree que las normativas están siendo justas con la cultura?

-El sector cultural está siendo uno de los más castigados en las restricciones, por no hablar de los continuos cambios y contradicciones a las que nos tenemos que adaptar, algunas veces con muy poco sentido o congruencia.

Es un desprecio absoluto por el trabajo y la responsabilidad de muchas personas que paradójicamente, y simultáneamente, vemos aulas con 25 alumnos, actividades deportivas más respetadas, buses llenos, bautizos y comuniones, y otros muchos espacios de riesgo más evidente sin control o con medidas muy flojitas. Pero los aforos máximos para teatros y auditorios se ha limitado a un 50% de la capacidad de la sala pero con un máximo de 60 personas, con independencia de la sala, lo que supone un absurdo y una ridiculez.

Ante esta situación se ha creado un movimiento de unificación sectorial de la industria del espectáculo y los eventos que se hace llamar Alerta roja eventos y que intenta defender una regulación más coherente y sobre todo la flexibilización de las medidas y la defensa de la seguridad de los eventos. Usamos etiquetas en las redes sociales: #alertaroja, #hacemoseventos, #laculturaessegura…

-En los teatros, conciertos…. Con la entrada de gente ¿cómo organizan las salas?

-Pues la gestión de público es más llevadera en número de personas porque los aforos de las salas se han visto muy reducidos, y eso supone mucha menos gente para controlar entradas y ocupación de auditorios. Pero sin embargo, y con independencia del público asistente, la organización se ha complicado por protocolo y hemos tenido que readaptar y reformular la organización habitual tanto en espacios abiertos como cerrados.

En espacios cerrados, teatros y auditorios, se han precintado butacas y se requiere de unas medidas de desinfección y limpieza extras. Las entradas se han tenido que reformular de tal manera que se delimitan claramente, con señalización física y visual (postes, señales, indicaciones), las marcas de distancia de seguridad, la obligación de circulación en uno u otro sentido tanto para compra de entradas como para acceso a la sala…

En espacios abiertos la gestión de zonas y públicos se ha complicado mucho delimitando espacios con vallas, colocando sillas, adjudicando entradas con invitación previa, solicitando colaboración de policía y protección civil, etc.

Sobra decir que en todos los espacios y actividades es obligatorio el uso de mascarilla y gel hidroalcohólico, algo que ya es habitual y obligatorio en todos los sectores y actividades. Pero además en todos los eventos culturales nos vemos obligados a solicitar datos personales de las personas asistentes, para tener un perfil de rastreo de covid en caso de notificarse algún brote o positivo en alguno de nuestros espectáculos.

-¿La gente es respetuosa y responsable con las medidas?

La verdad es que todo el público es enormemente respetuoso con todas las medidas de seguridad, colaborador, comprensivo e incluso agradecido. Y me gusta que me preguntes por la gente porque hablamos mucho hasta ahora de los sectores profesionales implicados pero nos olvidamos del público, del consumidor de cultura.

La falta de oferta cultural, de ocio nocturno, de vida social y el cómo se está ofreciendo la cultura a la gente, con cuentagotas, con miedo, con tantas medidas, también es algo que debamos tener en cuenta y por ello agradecer enormemente a quienes insisten, apoyan y resisten ante esta nueva normalidad tan extraña.

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