Colegio Esclavas (A Coruña)
Alumnos:
  • David Mariñas Cotelo
  • María del Mar Conde Cambon
  • María Pérez Suárez
  • José María Cadarso Nieto
  • Carmen Fente Fernández
  • Rocío Rial López
  • Candela Lema Sánchez
Profesores:
  • Mercedes Comba
  • Jose Rebollo

¿Cuánta agua hay en el planeta? ¿Cuánta es dulce? ¿Qué cantidad de este líquido es apto para el consumo? ¿Es un problema actual o futuro? Según un estudio de la empresa energética y de infraestructuras Abengoa, en nuestro planeta se estima que hay unos 1.386 millones de kilómetros cúbicos de agua, aproximadamente el 97 % se encuentra en los océanos y el 3 % restante está en los continentes. De ese agua continental, el 80 % forma parte de los ríos, lagos y humedales y el 20 % está ubicado bajo tierra o en forma de vapor de agua atmosférico.

De toda el agua del planeta, solo el 2,5 % es agua dulce, pero la mayoría se encuentra inaccesible en glaciares, polos o en el permafrost, por lo que solo el 0,5 % se encuentra en depósitos subterráneos y el 0,01 % en ríos y lagos. Teniendo en cuenta esto, los últimos estudios hablan de que únicamente el 0,007 % del agua de la Tierra es potable y este porcentaje va disminuyendo cada año por culpa de la contaminación.

Actualmente existen 6.000 millones de personas, concentradas en unas decenas de países, que carecen de este líquido vital; otro 50 % de la población posee agua, pero sin saneamiento. Y si se sigue con el actual ritmo de consumo, el acceso a este líquido básico para la vida se convertirá en breve en un problema capaz de generar conflictos armados e incidirá en el futuro de la diversidad biológica de muchas zonas del planeta.

Existen muchas formas de contaminación del agua que imposibilitan que esta sea apta para el consumo. Tal y como recoge el estudio El problema de los contaminantes emergentes, elaborado por los investigadores del CSIC Damiá Barceló y María José López de Alda, existen formas emergentes de contaminación, casi todas ellas derivadas de la actividad humana.

Por un lado se encuentra el calentamiento global, que provoca una disminución del nivel de oxígeno presente en la formación de agua. También la tala de bosques que genera residuos orgánicos que son un estupendo caldo de cultivo para todo tipo de bacterias y parásitos, muy habituales en las aguas contaminadas. Estos suelen causar enfermedades como gastroenteritis, genotoxicidad, giardiasis, amebiasis, etc.

Las actividades industriales, ganaderas y agrícolas vierten en muchas ocasiones productos químicos que generan una eutrofización del agua, por culpa de un exceso de nitrógeno y fósforo en lagos, ríos, embalses… Es muy común también el vertido de pesticidas, plaguicidas y fertilizantes que pueden causar grandes perjuicios en el estado de los suelos destinados al cultivo y las fuentes de agua.

Pero hay más. Porque también es un problema el gran tráfico marítimo, que es el causante de buena parte de los plásticos que contaminan los océanos, además de las pérdidas o filtraciones de derivados de petróleo que suceden de forma más habitual de la que creemos. Y de esto, Galicia sabe mucho.

Por último, está el vertido de basuras y aguas fecales que parece ser uno de los factores más determinantes en este problema. Según la ONU más del 80 % de las aguas residuales del mundo llegan al mar sin depurar. Como consecuencia, al menos 2.000 millones de personas se abastecen de una fuente de agua que está contaminada por heces provocando enfermedades como la diarrea, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea o la poliomielitis. Y debido a la difícil situación en los países en los que esto sucede, fallecen hasta 500.000 personas cada año. Todas estas enfermedades son muy comunes en países subdesarrollados. Y, si las cosas no cambian, las cifras irán a peor. Porque de de aquí al 2025 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua.

Hoy en día ya existen diversos métodos para potabilizar este líquido, que no necesariamente requieren un filtro. Puede ser a través de una simple ebullición o la aplicación de soluciones químicas directamente sobre ella, aunque este sistema suele requerir conocimientos específicos, poco comunes entre la gente sin recursos.

Por otro lado, los métodos de purificación hídrica más comunes que sí requieren el uso de un filtro son: el filtro de ósmosis inversa, que puede eliminar metales pesados y otras sustancias como son los sulfatos y bicarbonatos; el filtro de carbón activo, que elimina partículas no deseadas, el mal olor del agua y los principales químicos que dañan la salud de las personas; la filtración por intercambio iónico, el cual puede servir para descalcificar, reducir la salinidad o eliminar los nitratos del agua; el filtros cerámico, que elimina microorganismos y partículas en suspensión…

Como se puede apreciar, hay muchos métodos actuales para depurar el agua, pero todos requieren disponer de materiales poco accesibles, especialmente para la población desfavorecida; o bien, necesitan un largo periodo de tiempo para producir agua limpia.

A raíz de todos estos problemas, hemos decidido construir un filtro accesible a la mayor parte de la población. Somos conscientes de que no eliminarán el 100% de los posibles patógenos del agua, pero estamos estudiando el alcance que tiene. Los materiales que conformarán nuestro filtro son sencillos y fáciles de encontrar y estarán dispuestos en una serie de capas que van desde la que captura agentes más grandes hasta la que captura las partículas más pequeñas, comenzando por pequeñas piedras, luego arena gruesa, gravilla, arena fina y finalmente algodón. Esto a su vez dificulta aún más su función, ya que al estar constituido por materiales sencillos, no será capaz de eliminar las partículas más pequeñas. Como solución a este problema, estamos planteando diversas hipótesis acerca de incluir algún químico como el cloro, que a pesar de ser un poco más inaccesible, se trata de un elemento fácil de transportar y muy duradero.

Pero Proyecto Niza no se queda ahí. No sólo consiste en estudiar la situación actual de nuestro más preciado recurso y construir un filtro funcional y práctico. Se busca concienciar y visibilizar sobre la falta de agua en muchos lugares del planeta y su tratamiento desigual.

Para ello se plantean actividades que incluyan la participación de su entorno. Comienzan por lo más fácil: el colegio. Los próximos días se realizará una salida a la depuradora de aguas residuales en Bens, que ha puesto en marcha un proyecto pionero en Galicia, con el cual los residuos de la ciudad de la Coruña son ahora la materia prima con la que se produce combustible que se inyecta en la red comercial. También hay organizada una campaña de recogida de residuos en la playa del Orzán con toda la comunidad educativa.

Finalmente, queremos recordar que este tema, que ya tenemos asumido como normal, necesita ser solucionado lo antes posible, algo que solo puede ocurrir si todos ponemos nuestro pequeño grano de arena. Si queremos conservar durante el máximo tiempo posible ese escaso 0.007% de agua potable del mundo, tenemos que actuar ya.

Si os ha resultado interesante, podéis seguir este proyecto en las redes: Instagram (@niza.project) y twitter (@NizaProject), y formar parte de esta gran iniciativa de concienciación si consideráis, al igual que nosotros, que el futuro del planeta está en nuestras manos.

¿Cuánta agua hay en el planeta? ¿Cuánta es dulce? ¿Qué cantidad de este líquido es apto para el consumo? ¿Es un problema actual o futuro? Según un estudio de la empresa energética y de infraestructuras Abengoa, en nuestro planeta se estima que hay unos 1.386 millones de kilómetros cúbicos de agua, aproximadamente el 97 % se encuentra en los océanos y el 3 % restante está en los continentes. De ese agua continental, el 80 % forma parte de los ríos, lagos y humedales y el 20 % está ubicado bajo tierra o en forma de vapor de agua atmosférico.

De toda el agua del planeta, solo el 2,5 % es agua dulce, pero la mayoría se encuentra inaccesible en glaciares, polos o en el permafrost, por lo que solo el 0,5 % se encuentra en depósitos subterráneos y el 0,01 % en ríos y lagos. Teniendo en cuenta esto, los últimos estudios hablan de que únicamente el 0,007 % del agua de la Tierra es potable y este porcentaje va disminuyendo cada año por culpa de la contaminación.

Actualmente existen 6.000 millones de personas, concentradas en unas decenas de países, que carecen de este líquido vital; otro 50 % de la población posee agua, pero sin saneamiento. Y si se sigue con el actual ritmo de consumo, el acceso a este líquido básico para la visa se convertirá en breve en un problema capaz de generar conflictos armados e incidirá en el futuro de la diversidad biológica de muchas zonas del planeta.

Existen muchas formas de contaminación del agua que imposibilitan que esta sea apta para el consumo. Tal y como recoge el estudio El problema de los contaminantes emergentes, elaborado por los investigadores del CSIC Damiá Barceló y María José López de Alda, existen formas emergentes de contaminación, casi todas ellas derivadas de la actividad humana.

Por un lado se encuentra el calentamiento global, que provoca una disminución del nivel de oxígeno presente en la formación de agua. También la tala de bosques que genera residuos orgánicos que son un estupendo caldo de cultivo para todo tipo de bacterias y parásitos, muy habituales en las aguas contaminadas. Estos suelen causar enfermedades como gastroenteritis, genotoxicidad, giardiasis, amebiasis, etc.

Las actividades industriales, ganaderas y agrícolas vierten en muchas ocasiones productos químicos que generan una eutrofización del agua, por culpa de un exceso de nitrógeno y fósforo en lagos, ríos, embalses… Es muy común también el vertido de pesticidas, plaguicidas y fertilizantes que pueden causar grandes perjuicios en el estado de los suelos destinados al cultivo y las fuentes de agua.

Pero hay más. Porque también es un problema el gran tráfico marítimo, que es el causante de buena parte de los plásticos que contaminan los océanos, además de las pérdidas o filtraciones de derivados de petróleo que suceden de forma más habitual de la que creemos. Y de esto, Galicia sabe mucho.

Por último, está el vertido de basuras y aguas fecales que parece ser uno de los factores más determinantes en este problema. Según la ONU más del 80 % de las aguas residuales del mundo llegan al mar sin depurar. Como consecuencia, al menos 2.000 millones de personas se abastecen de una fuente de agua que está contaminada por heces provocando enfermedades como la diarrea, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea o la poliomielitis. Y debido a la difícil situación en los países en los que esto sucede, fallecen hasta 500.000 personas cada año. Todas estas enfermedades son muy comunes en países subdesarrollados. Y, si las cosas no cambian, las cifras irán a peor. Porque de de aquí al 2025 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua.

¿Cómo se puede potabilizar el agua?

Hoy en día ya existen diversos métodos para potabilizar este líquido, que no necesariamente requieren un filtro. Puede ser a través de una simple ebullición o la aplicación de soluciones químicas directamente sobre ella, aunque este sistema suele requerir conocimientos específicos, poco comunes entre la gente sin recursos.

Por otro lado, los métodos de purificación hídrica más comunes que sí requieren el uso de un filtro son: el filtro de ósmosis inversa, que puede eliminar metales pesados y otras sustancias como son los sulfatos y bicarbonatos; el filtro de carbón activo, que elimina partículas no deseadas, el mal olor del agua y los principales químicos que dañan la salud de las personas; la filtración por intercambio iónico, el cual puede servir para descalcificar, reducir la salinidad o eliminar los nitratos del agua; el filtros cerámico, que elimina microorganismos y partículas en suspensión…

Existen un sinfín de métodos para depurar el agua, pero todos requieren disponer de materiales poco accesibles, especialmente para la población desfavorecida; o bien, necesitan un largo período de tiempo para producir agua limpia.

Es urgente tomar conciencia y actuar. Todos los expertos aseguran que la población debe poner su granito de arena en este objetivo. Porque, a pesar de que la escasez de agua parece un tema ya asumido y que a muchos ha dejado de preocupar, la situación puede volverse realmente preocupante antes de lo que muchos piensan. Sobre todo, si la población del mundo quiere conservar durante el máximo tiempo posible ese escaso 0,007 % de agua potable que todavía queda.

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