Colegio Santo Ángel (Calasancias Ourense)
Alumnos:
  • Alumnado de 4.º de ESO
Profesores:
  • Daniel De Luis
  • Marta López

Durante el alunizaje del Apollo 11 en 1969, el ordenador central comenzó a emitir sistemáticamente los códigos de error 1201 y 1202. Sin embargo, Neil Armstrong recibió una orden clara y sencilla por parte del director de la NASA, Alan Smale: «Adelante».

La fe inquebrantable de Smale provenía del conocimiento de una mujer, Margaret Hamilton, que habiendo instalado el software que controlaba el ordenador central de la nave, supo convencer al director de que la misión no peligraba en absoluto.

Un pie en la luna y dos en la tierra

A ese pequeño paso para el hombre le siguieron otros muchos, y aunque la carrera espacial perdiese interés en los años sucesivos, a los seres humanos de género masculino les fue bien en la ciencia; desde entonces, las tasas de ingenieros, físicos o matemáticos prácticamente duplican al de las mujeres. Aparentemente aquel primer impulso femenino en la conquista del espacio ha permanecido, si no olvidado, al menos invisibilizado.

La diferencia entre las tasas de graduación de hombres y mujeres en carreras como Matemáticas e Ingeniería llega a ser de un 20 % a favor de los hombres.
Por lo tanto, ¿por qué los Neil Amstrong siguen siendo más que las Margaret Hamilton?

¿Educamos distinto? Los datos de Secundaria y Bachillerato

«La mayoría de las personas tenemos una percepción de lo importante en función de los que nos enseñan en el colegio», indica Ariana Fernández Palomo, licenciada en Farmacia y diplomada en Estudios Avanzados en Biología Molecular.

Una encuesta realizada en el CPR Santo Ángel de Ourense a 68 alumnas de entre 6.° de Primaria y 4.° de ESO, arroja los siguientes datos: Si bien un 37% de las alumnas tienen planeado ejercer una profesión dentro de la de la rama científica, la mayoría de ellas lo harían en el área sanitaria. Quienes escogerían Medicina, Enfermería o Veterinaria representan un 30 %, mientras que solo el 7 % restante escogería disciplinas científico-técnicas (Ingeniería, Matemáticas u otras).

De acuerdo con los datos publicados por el Ministerio de Educación (curso 2022-2023), más de la mitad de los alumnos que estudian Bachillerato en España son chicas. Sin embargo, solo el 47 % de los que estudian la rama de ciencias lo son.

Los datos indican una diferencia de 6 puntos a favor de los alumnos frente a las alumnas en el Bachillerato científico, con mayor número de estas en el área de Humanidades y Ciencias sociales y en la de Artes, tradicionalmente vinculadas a roles profesionales ocupados por mujeres.

«He dado charlas en muchos institutos; el más duro que tuve fue un ciclo de mecánica y electromecánica, segundo ciclo de FP. De los alumnos que asistieron no había más que una chica, los demás eran chicos. Esa falta de trabajo, esa percepción del entorno, es muchísimo más machista», ejemplifica Ariana Fernández Palomo.

Esta pequeña diferencia de base en la elección de estudios de Bachillerato se acentúa posteriormente, con un menor porcentaje de mujeres que de hombres en las carreras técnicas al acceder a la formación superior universitaria, y culmina con las diferencias de género que se constatan en el sistema de Ciencia y Tecnología.

Trabajo realizado por

Hugo Rodríguez

Lucas Morgado

Inés Martínez

Carla Rodríguez

David Rodríguez

David Portabales

Ana Nóvoa

Uxía Lois

Eva Rodríguez

Nicolás Garrido

Enzo Dominguez

Sandra Somoza

Paula Somoza

Amaya Rodríguez

Carla González

Enara López

Noa Sanz

¿Ciencia de hombres y Ciencia de mujeres?

«En un inicio las mujeres y los hombres estamos a la par en la carrera científica, sin embargo, a medida que las mujeres se acercan a la maternidad esa diferencia se agranda, ya que paralizar tus investigaciones durante un periodo tan largo está fuertemente penado en el desarrollo de esta profesión. Por ejemplo, el CSIC sólo ha tenido dos mujeres como presidentas en más de cien años», explica la doctora María López de la Calle, ingeniera agrónoma y excientífica del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Tal y como demuestran las estadísticas, hablar de una brecha científica entre hombres y mujeres no sería del todo exacto, ya que más del 53 % de quienes ejercen su profesión en la rama científico-sanitaria son mujeres. Sin embargo, existe una clara diferencia al contrastar esta área con la científico-tecnológica, las disciplinas conocidas como STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en las que realmente se produce la desigualdad.

¿Un problema con solución?

«Una mujer embarazada no puede entrar a un laboratorio en el que se trabaja con reactivos químicos en ocasiones cancerígenos ya que puede suponer un riesgo para el bebé. Todas estas cuestiones, si no se proporcionan medidas adecuadas, pueden frenar el avance de la mujer en la carrera científica», comenta la doctora María López.

Los datos demuestran que, si bien la realidad actual de la mujer es compatible con el desarrollo de su carrera profesional en las áreas relacionadas con la sanidad, no ocurre lo mismo en el área de las STEM, cuyos criterios de selección penalizan la conciliación familiar y la maternidad, suponiendo un freno al desarrollo de su carrera en comparación con los hombres.

«El cambio interpela a toda la sociedad, no debe asumirlo simplemente el empleador. El ejemplo son los países nórdicos que tienen políticas de igualdad muy desarrolladas. Soy optimista de cara al futuro, el grupo de personas que tengo delante en los centros educativos no tiene nada que ver con el de hace 30 años», sentencia Fernández Palomo.

El proyecto Hypatia II, liderado por nueve mujeres, prepara una misión en 2025 para simular un viaje a Marte. Se buscan candidatas.

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