Colegio Sagrado Corazón de Placeres (Pontevedra) Prestige
Alumnos:
  • Manuel Casado Rivas
  • Hugo Cazorro Pérez
  • Mar Gallego Freire
  • Nuria Lourido López
  • Manuel Pazos Bernárdez
  • Uxía Simes Pesqueira
Profesores:
  • María Expósito Martínez, profesora de 1.º de ESO

Las fotografías de este reportaje han sido cedidas por La Voz de Galicia. Las de las entrevistas están hechas por los alumnos

 

El 13 de noviembre de 2002, el Prestige, un petrolero monocasco que iba cargado con 77.033 toneladas de fuel, sufrió un accidente frente a la Costa da Morte, concretamente en Muxía (A Coruña).

Tras varios días de dudas sobre qué hacer con el buque, se tomó la decisión de alejarlo de la costa gallega, y este acabó hundiéndose el 19 de noviembre a unos 250 kilómetros de la costa provocando el tercer mayor desastre medioambiental de la historia de Galicia, afectando gravemente a la fauna marina y a cientos de miles de aves, así como ocasionando pérdidas millonarias para la economía gallega.

Este 2022 se cumplirán veinte años de una tragedia que permanecerá en la memoria de todas aquellas personas que la vivieron de cerca.

 

Un cúmulo de circunstancias adversas

 

Todo comenzó el 13 de noviembre cuando el capitán del barco, Apostolos Mangouras, tras haber escuchado un golpe en el casco y comprobar importantes daños estructurales en el mismo, en medio de un gran temporal, decidió enviar una llamada de auxilio que fue atendida por la base gallega de Salvamento Marítimo, ya que se encontraba a 28 millas de cabo Fisterra. Inmediatamente se puso en marcha una operación de rescate, con el objetivo de salvar a la tripulación.

Tras la evacuación de 24 de sus tripulantes permanecieron solo en el buque el capitán, el primer oficial y el jefe de máquinas.

En un primer momento, Mangouras toma la decisión de llenar los tanques de vapor para equilibrar el peso, pero esto debilita todavía más la estructura del petrolero.

Horas después se inician los trabajos de salvamento del barco, pero por motivos económicos el capitán decide retrasar el remolcado. Cuando Apostolos Mangouras accede a las labores de remolque, el tiempo dificulta muchísimo la labor de rescate.

Ante esta situación se proponen dos posibles soluciones: una de ellas es trasvasar el carburante del Prestige a otro buque y la otra, es llevarlo al puerto de A Coruña para realizar un vertido del fuel controlado, pero capitanía marítima de A Coruña se niega a esta última opción, debido al grave perjuicio que esto podría producir. Como consecuencia de ello, las autoridades competentes ordenaron que el petrolero tomase rumbo a Portugal, pero este país rechazó la decisión adoptada por el Gobierno de España, por lo que el ministro de Fomento en aquel entonces, Álvarez Cascos, puso en marcha la estrategia de alejarlo de la costa, a pesar de que estudios anteriores, elaborados por los técnicos, lo habían desaconsejado.

Seis días después, el 19 de noviembre, el Prestige se partió en dos vertiendo 63.000 toneladas de fuel sobre el océano Atlántico, dando así comienzo una gran crisis ecológica que derivó en una económica.

 

Las estremecedoras consecuencias de una mala gestión

 

Muchos fueron los estudios realizados sobre el impacto medioambiental y económico que provocó este terrible acontecimiento. Joel Calviño Hermida, licenciado en Ciencias del Mar, y Ramón Turnes Couselo, gran conocedor de la gestión internacional pesquera, son dos de los muchos especialistas que elaboraron trabajos de investigación para poder calcular los daños derivados de este desastre.

10 años de consecuencias ambientales

El hundimiento del petrolero a aproximadamente 250 kilómetros del cabo Fisterra «ocasionó que más de 3.000 kilómetros de costa, española, portuguesa y francesa, se viese afectada, dañando más de 1.117 playas (500 en Galicia, 135 en Asturias, 62 en Cantabria y 44 en el País Vasco), y perjudicando 450.000 metros cuadrados de superficie rocosa», señala Calviño Hermida.

Playa de Barrañán (Arteixo)

La marea negra provocada por el barco afectó a diferentes ecosistemas gallegos, «siendo la más perjudicada la vida marina, la cual sufrió durante unos diez años por el tipo de vertido», asegura Joel Calviño.

La expansión de las manchas de petróleo «dañó también la fauna de las costas cantábrica, portuguesa y francesa, aunque en menor medida que en la costa gallega», añade Calviño. Llegaron a fallecer aproximadamente unas 200.000 aves marinas, así como cientos de miles de animales marinos, y «determinadas especies con mucha movilidad sufrieron un gran desplazamiento, siendo las más afectadas las especies bentónicas (más sedentarias) como moluscos y pequeños crustáceos», comenta Joel Calviño.

Ave afectada por el vertido del Prestige y atendida en un centro gallego

Además de todo ello, solo en los seis primeros meses del desastre se encontraron más de 23.000 aves cubiertas por completo de chapapote.

Ave afectada por el fuel del Prestige atendida en un centro gallego

Consecuencias económicas

 

El accidente del petrolero trajo consigo un gran desastre económico, tanto para la pesca como para el turismo gallegos, ocasionando pérdidas de 900 millones de euros: 400 corresponden al sector pesquero y 500 al turístico. «Empezaron a producirse el 16 de noviembre, cuando la consellería de Pesca prohibió el marisqueo y la pesca», afirma Ramón Turnes Couselo.

Pocos meses después, a principios de febrero del 2003, la citada consellería levantó la prohibición de mariscar desde Monto Louro a A Guarda, en la frontera con Portugal, al asegurar que los análisis científicos sobre el estado de las aguas y los moluscos garantizaban las perfectas condiciones del marisco. Sin embargo, «la mayoría de las cofradías afectadas decidieron no faenar en espera de mayores garantías», manifiesta Ramón Turnes.

El 17 de marzo se abrió a la pesca en todas sus modalidades, salvo cerco –que lo hizo el día 24– en toda la cornisa cantábrica, excepto en la Costa da Morte.

En junio, Presidencia del Gobierno informa de que el 99,69 por ciento de las muestras de pescado y marisco procedentes de la zona afectada presentan niveles de hidrocarburos por debajo de los límites establecidos y son aptos para el consumo, por lo que pocos meses después, «el 8 de octubre se levantó la prohibición de mariscar en el tramo comprendido entre Fisterra y Punta dos Remedios, el último sobre el que aún pesaba la veda», recuerda Turnes.

 

La flota gallega, una de las más importantes del mundo, se vio afectada durante dos años (30.000 pescadores estuvieron durante meses sin trabajar por el cese de su actividad), «habiéndose recuperado completamente en el 2004, gracias en gran medida a las ayudas que el Gobierno dio a los pescadores, las cuales les permitieron sobrellevar las pérdidas producidas por el desastre», valora Ramón Turnes.

Ante esta situación, «el Gobierno español elaboró el Plan Galicia, en el cual se preveía una inversión de 12.459 millones de euros para la recuperación y el impulso económico de todas las zonas afectadas, y se destinaron 1.000 millones de euros a tareas de limpieza y otros aspectos técnicos», apunta Turnes Couselo.

 

En cuanto al turismo, su evolución fue más rápida y favorable, con una recuperación asombrosa del empleo en la hostelería gallega, en donde se incluyen hoteles y restauración.

 

 

 

Una marea de trajes blancos para combatir la marea negra

 

Una de las cosas más destacables del desastre del Prestige fue la solidaridad de miles de personas de todo el mundo, «a quienes nunca podremos agradecer lo suficiente, toda la ayuda que nos prestaron», añade María del Carmen Vázquez Nores, actualmente patrona de la Cofradía de Lourizán, que vivió muy de cerca como mariscadora, por aquel entonces, esta marea de solidaridad.

Gente de diferentes países se movilizó y de forma voluntaria se ofreció para realizar labores de limpieza, «enfundándose en trajes blancos y poniéndose guantes para intentar protegerse de los efectos que esto podría provocar en su salud», recuerda Vázquez Nores. Se calcula que aproximadamente 65.000 españoles colaboraron y un gran número de extranjeros, mayoritariamente europeos, se desplazaron a Galicia con la finalidad de ayudar.

Los propios pescadores salieron en un primer momento con sus barcos y utilizaron sus aparejos de pesca con la intención de frenar el avance de la marea negra, llegando a usar incluso sus propias manos.

Las universidades y diferentes asociaciones llegaron a aportar comida y transporte para los voluntarios. Una de estas fue la Universidad de Granada, que organizó tres viajes a Carnota entre enero y abril de 2003, con cientos de estudiantes. El pabellón deportivo de la citada ciudad gallega actuó de residencia para ellos, mientras que las asociaciones de mariscadores y pescadores les dieron comida de forma gratuita. A todos estos voluntarios se sumaron militares, la Guardia Civil y Cruz Roja.

Gracias a todos ellos, las playas empezaron a rehabilitarse, llegando a retirarse 100.000 toneladas de arena y petróleo, así como 170.700 toneladas de desechos. «En noviembre del 2004 se dieron por finalizadas las labores de limpieza», recuerda María del Carmen Vázquez, quedando aún 66.000 metros cuadrados de costa con restos de fuel.

 

El movimiento Nunca máis

Manifestación el 1 de diciembre del 2002 en Santiago, donde aparece por primera vez la pancarta de Nunca Máis vinculada al Prestige

La sociedad se involucró además con la creación de la plataforma ciudadana Nunca Máis, que pedía responsabilidades medioambientales, políticas y judiciales tras el desastre del Prestige. Fue creada el 21 de noviembre de 2002 y su símbolo es una bandera gallega con fondo negro en lugar de blando.

Fueron muchas las movilizaciones llevadas a cabo por esta plataforma, que solicitó que Galicia fuera declarada zona catastrófica y se creasen ayudas económicas para limpiar las zonas afectadas y compensar al sector marítimo.

Los miembros de dicha plataforma pidieron condenas para los responsables y medidas que evitasen posibles futuros desastres, ya que con anterioridad se habían producido en la costa gallega otros accidentes con petroleros como el Urquiola en 1976 y el Mar Egeo en 1992.

Las manifestaciones más destacadas promovidas por Nunca Máis tuvieron lugar en Santiago de Compostela y en Madrid, en las que participaron más de 200.000 personas y unas 240.000, respectivamente.

Hoy en día, este movimiento desempeña un papel muy importante de protesta contra cualquier tipo de desastre ecológico en Galicia. 

No todos los responsables pagaron por sus decisiones

 

En un principio, el Gobierno no quiso reconocer los efectos del desastre y Mariano Rajoy, vicepresidente del Ejecutivo en aquella época, negó en muchas ocasiones la gravedad del problema ocasionado por el hundimiento del Prestige, llegando a decir «no hay catástrofe», «todo apunta a que el crudo se solidificará» y calificando el fuel que salía del barco ya hundido como «hilitos de plastilina». Esto provocó que, el 19 de enero de 2002, Nunca Máis se querellase contra el Gobierno por su gestión de la crisis, pero el juicio no tuvo lugar hasta el 2012.

Un único condenado: el capitán

Tras diez años de investigación judicial y nueve meses de juicio, el único condenado por la catástrofe del Prestige fue el capitán del barco, el griego Apostolos Mangouras, por un delito de desobediencia grave a las autoridades españolas. Además, el Tribunal Supremo lo declaró responsable de un delito de imprudencia contra el medio ambiente. De esta forma, se revocó la sentencia absolutoria de Mangouras por este crimen, dictada por la Audiencia Provincial de A Coruña con anterioridad.

No obstante, tiempo después, el Supremo absolvió a Mangouras del delito de desobediencia, aunque la Audiencia de A Coruña le condenó a nueve meses de prisión y confirmó la absolución de Nikolaos Argyropoulos, jefe de máquinas del Prestige, y de José Luis López Sors, director general de la Marina Mercante en el momento del desastre.

Indemnizaciones

Por otro lado, el Tribunal Supremo declaró la responsabilidad civil directa de la aseguradora The London P&I Club, con un límite de cobertura en la póliza de 1.000 millones de dólares, equivalentes a 924 millones de euros. Además, también fijó la responsabilidad subsidiaria de la empresa propietaria del barco, Mare Shipping Inc, y estableció la Responsabilidad Civil del Fondo Internacional para la indemnización de daños causados por hidrocarburos (FIDAC).

Aunque el Tribunal delegó el importe de las indemnizaciones a la fase de ejecución de sentencia, estableció que la cuantía de estas debía abarcar la reparación del daño medioambiental, el lucro cesante y los perjuicios materiales y morales.

El dinero se repartió entre el Gobierno español, portugués y francés, la Xunta de Galicia y más de 600 personas afectadas de forma individual.

¿Qué ha pasado con el petrolero?

 

Hoy en día, el Prestige continúa hundido a 3.500 m de profundidad, a unos 250 kilómetros de la costa gallega.

Se cree que todavía quedan en su interior entre 700 y 1.000 toneladas de fuel, ya que la empresa Repsol, que fue contratada en el 2004 por el Gobierno, para extraer de forma segura el petróleo, mediante la utilización de bolsas lanzaderas, solo consiguió recuperar 13.700 toneladas. Dos años después, se procedió al taponamiento de las fisuras.

En la actualidad, no se sabe con certeza si el sellado de las grietas ha evitado que sigan saliendo pequeñas cantidades de crudo del buque.

José Manuel Rosas Otero: «El futuro de Galicia se tiñó de negro»
Uno de los hombres más respetados en el sector pesquero pontevedrés es Rosas Otero. En el momento del desastre era patrón mayor y patrón de la Cofradía de Bueu. Actualmente, es patrón de la citada cofradía y presidente de la Federación Provincial de Cofradías de Pontevedra. Tanto él como muchos pescadores se echaron a la mar, para intentar frenar la marea negra surgida tras el hundimiento del petrolero.

—¿Ayudó usted en las labores de limpieza?

—Sí, el primer día ayudé recogiendo chapapote con mis propias manos y, los siguientes usé una grúa para recolectar el que traían los barcos.

—¿Muchos trabajadores del mar colaboraron en la recogida del chapapote?

—Sí, muchos, aunque hubo algunos trabajadores que no colaboraron hasta que supieron que había una remuneración económica.
 
—¿Usaron sus barcos para la recogida?

—Claro que sí. Fue sorprendente ver como todos los barcos se tiñeron de negro.

—¿Qué utensilios se emplearon para la recogida del chapapote?

—Palas, rastrillos, «ganapanes», e incluso nuestras propias manos. Esos fueron los medios más efectivos para la recogida.

—¿Cerraron los bancos de marisqueo? Si es así, ¿cómo afectó a los trabajadores?

—No, no cerraron, ya que el chapapote solo afectó a los bancos de marisqueo a flote. No llegó a entrar en la ría de Pontevedra, porque las islas hicieron de parapeto.

—¿Cuánto tiempo tardó en recuperarse el sector?

—A partir de los nueve meses empezaron a recuperarse algunos sectores. El resto tardaron un año, pero algunos como el marisqueo de roca tardaron mucho más tiempo (año y pico largo).

—¿Subió el precio del producto que pescaban tras el desastre?

—No es tanto que subiese el precio del producto, sino que lo que se produjo fue la entrada del producto externo, provocando así una competencia enorme con el nuestro.

—¿Cómo se sintió cuando vio que este desastre afectaba a su medio de vida?

—Mal, porque en ese momento me quedé sin trabajo.

—¿Se vieron apoyados por el Gobierno?

—Sí, incluso vino el rey a ver las costas gallegas.

—¿Hubo ayudas económicas para los damnificados? En caso de que sí, ¿cuáles? 

—Sí, hubo una respuesta económica rápida y ágil para todos los trabajadores por igual, aunque en el caso de los armadores su ayuda dependía del tamaño del barco.

—¿Quién cree usted que fue el responsable del desastre?

—No hubo un único responsable, sino varios: la compañía del petrolero, el capitán y las personas que tuvieron que decidir qué hacer con el buque.

—¿Considera usted que todos los responsables respondieron ante la justicia?

—A pesar de que el capitán estuvo nueve meses en la cárcel, considero que no, ya que hubo más personas implicadas en este suceso.

—¿Cree usted que se han tomado las medidas suficientes para evitar otro desastre medioambiental de estas características?

—Nunca hay riesgo cero, pero está claro que ahora la respuesta sería más eficaz, ya que se han cambiado los protocolos de navegación, se ha construido un corredor, por si hubiese algún tipo de accidente y todos los puertos importantes (Celeiro, O Grove y Burela) tienen naves donde hay material para la extracción de chapapote.

—¿Es la peor catástrofe medioambiental que ha vivido?

—Claro que sí. Tanto económicamente como ambientalmente, los gallegos hemos sufrido mucho. Ahora mismo, estamos padeciendo la catástrofe de los plásticos. Lo peor de todo esto es que no somos conscientes de la repercusión que tendrá a largo plazo.

Xaquín Pastoriza Cerviño, ecologista

«Un gran número de aves marinas aparecían al día muertas y cubiertas de fuel»

 

Activista de Ecologistas en Acción desde 2018 y coordinador de esta asociación en las Rías Baixas desde 2021, Xaquín Pastoriza vivió en primera persona como el medio ambiente sufría unas consecuencias devastadoras durante la crisis del Prestige. Esta situación lo impulsó a participar de forma activa en este desastre, no solo como ecologista, sino también como parte del movimiento Nunca Máis.

—¿Qué fue lo que le impulsó a convertirse en ecologista?

—Desde pequeño mi padre me llevaba al monte y a partir de ahí me empecé a interesar por la naturaleza. Cuando tenía doce años tuve un herbolario y esto hizo que aumentase mi preocupación por el medio ambiente.

—¿Cuándo entró a formar parte del grupo Ecologistas en Acción?

—A partir del 2019.

—¿Cuál fue su papel como ecologista durante el desastre del Prestige?

—Fui voluntario limpiando playas y participé en el movimiento Nunca Máis.

—¿Qué animales y demás ecosistemas se vieron más afectados?

—Murieron entre 115.000 y 230.000 aves marinas, y un número considerable de nutrias, delfines, cormoranes, alcatraces e incluso tortugas.

—¿Durante cuánto tiempo cree que las diferentes especies de animales sufrirán las consecuencias del Prestige?

—Las consecuencias todavía perduran. En 2012, Ecologistas en Acción hizo un estudio que demostró que sigue habiendo sedimentos de chapapote bajo la arena.

—¿Qué zonas de Galicia fueron las más perjudicadas por este desastre?

—Fueron muchas las zonas perjudicadas, siendo las más afectadas: la Costa da Morte, las Illas Atlánticas, el complejo de Corrubedo, O Grove, Cabo Udra y la zona de A Lanzada.

—¿Es habitual que sucedan este tipo de desastres?

—En Galicia por desgracia sí. Desde los años 60 hay registros de este tipo de desastres.

—¿Existía alguna medida en Galicia que pudiese haber evitado el desastre del Prestige?

—Existían remolcadores, buques de salvamento marítimo, pero no había un protocolo, un plan de actuación.

—Hubo varias versiones sobre la posible causa del desastre, ¿cuál cree que fue de todas?

—Un conjunto de cosas: un barco peligroso en mal estado, mal tiempo y una mala gestión.

—¿Cree que los políticos estuvieron a la altura ante este desastre medioambiental?

—No, porque no tomaron las decisiones adecuadas y no le dieron la importancia que tenía.

—¿Qué opina sobre la afirmación que hizo Rajoy de que eran «solo son unos hilitos de plastilina»?

—Creo que fue una frase desafortunada.

—Sabemos que hubo muchas personas que de forma voluntaria ayudaron en la limpieza del chapapote, ¿tiene conocimiento de cuál fue su número aproximado y de qué partes de España procedían?

—Fueron cientos de miles de personas, de España y del extranjero. Sé que a Muxía llegaron unos 120.00 voluntarios.

—¿Formó usted parte de la marea de solidaridad que hubo en Galicia?

—Sí, acudí con la Universidad de Santiago de Compostela.

—¿Qué sintió al ver que tantas personas se unían para ofrecer de forma altruista su ayuda?

—Tuve un sentimiento muy fuerte de solidaridad y unidad, ya que mucha gente tomó conciencia del problema y todo el mundo quería aportar su granito de arena.

—¿Qué opinión le merece la plataforma Nunca Máis?

—Creo que fue muy importante, pues de ella surgió la necesidad de evitar que esto volviese a pasar.

Jaime Rivas, voluntario: «Personas de todas partes del mundo nos ayudaron a limpiar nuestras playas»
Uno de los muchos voluntarios que, de forma altruista, ofreció su tiempo, esfuerzo y trabajo en la limpieza de las playas gallegas cubiertas por miles de toneladas de chapapote durante el desastre del Prestige, fue Jaime Rivas García.

Rivas, explicando cómo recogía el fuel con las manos

—¿Recuerda usted dónde se encontraba cuando se enteró del accidente del Prestige?

—Sí, estaba en el puerto de Marín.

—¿Se sintió mal cuando le dieron la noticia sobre el desastre?

—Evidentemente sí, pero por desgracia en esta costa es habitual que sucedan este tipo de desastres.

—¿A qué se dedicaba por aquel entonces?

—Era camionero.

—¿Qué hizo usted en un primer momento?

—Me puse en contacto con las personas del puerto para que me fueran informando.

—¿Cuándo se ofreció voluntario para la limpieza del fuel?

—Cuando me llamó la empresa Tragsa.

—¿En qué lugares estuvo limpiando?

—En Bueu y Combarro, que fueron los que me asignaron.

—¿Fue solo o acompañado de algún conocido?

—Fui solo.

—¿Qué sentimientos surgieron en usted cuando llegó al lugar al que fue de voluntario?

—Mucha pena, porque vi a toda la gente llena de chapapote y los barcos negros.

—¿Conoce a familiares o amigos que también fueran a ayudar?

—Sí.

—Al lugar al que fue, ¿había mucha gente voluntaria?

—Sí.

—¿Durante cuánto tiempo estuvo ayudando más o menos?

—Durante tres o cuatro meses.

—¿Cuánto tiempo se necesitaba para limpiar una playa?

—Mucho. Al día trabajaba entre catorce y quince horas diarias, pero estas no eran suficientes; porque aunque limpiabas, al día siguiente el fuel que estaba en el agua, era arrastrado de nuevo a las playas por las mareas.

—¿De qué medios disponía para limpiar?

—Yo tenía «ganapanes» y otros aparejos.

—¿Esos medios eran suficientes para la limpieza?

—Evidentemente, no.

—¿Le proporcionó la Xunta material de protección para la limpieza?

—En un primer momento, no; pero luego me dieron un traje, guantes y una mascarilla al día.

—¿La Xunta puso algún medio de transporte para que los voluntarios pudieran usarlo de forma gratuita?

—No, cada uno usaba su vehículo particular.

—¿Cómo se organizaba la gente?

—De la organización se ocupaba Protección Civil.

—¿Cuál era el lugar de procedencia de los otros voluntarios que estuvieron ayudando en los mismos lugares que usted?

—Venían de toda España y de diferentes partes del mundo.

—¿Llegó a hacer amigos durante el tiempo de voluntariado?

—Algunos, la mayoría de ellos eran canarios.

—¿Cómo recuerda esa experiencia?

—Por un lado, la recuerdo con tristeza por la tragedia que provocó el Prestige; pero por otro, la unidad de la gente te hacía sentir reconfortado.

—Si ocurriera otra catástrofe en nuestra zona, ¿volvería a ofrecerse voluntario para la limpieza?

—Por supuesto que sí.

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