Colegio Nosa Señora do Carmo Atocha (Betanzos)
Alumnos:
  • Roque Abeal Suárez
  • Pablo Borrazás Doldán
  • Iria García Velo
  • Marcos Pita Seoane
  • Irene Sánchez López
  • Rosalía Vázquez Álvarez
  • Carla Vázquez Barreiros
  • Noelia Vázquez Vilariño
  • Brais Villaverde Rodríguez.
Profesores:
  • Marilí Ferreño Rivas

La lucha por un futuro sostenible puede librarse en una clase de secundaria. Hay un aspecto que afecta especialmente a los adolescentes, con un enorme impacto e influencia en el cambio de la conducta de la sociedad: el consumo responsable de ropa. Frente a la tendencia despilfarradora —prendas que apenas se usan, necesidad compulsiva de comprar y estrenar, tiranía de la moda pasajera, afán de imitar a las influencers y sus propuestas, o marcas que crean tendencia— en el colegio Atocha Betanzos se ha llevado a cabo una campaña sobre el reciclaje de ropa y el estudio del impacto medioambiental del consumismo textil.

EL POR QUÉ DE ESTE REPORTAJE

El curso pasado, en el colegio Atocha Betanzos dedicamos nuestro proyecto transversal al futuro sostenible y los hábitos saludables; lo llamamos Planeta 112 (¡¡¡Emergencia!!!). Todas las etapas educativas (de infantil a primero de bachillerato) colaboraron en las actividades orientadas a este fin: desde la creación de un huerto ecológico hasta una casa domótica, pasando por la recogida de residuos en playas y ríos o localización de puntos limpios y vertederos incontrolados, así como el estudio del impacto medioambiental de la contaminación acústica y el consumismo textil, sumado a la selección de ítems y aplicación de encuestas sobre el tema (incluidos comercios, farmacias…) para elaborar las correspondientes gráficas estadísticas y análisis económicos (legislación, impuestos, etc.). Tuvimos un provechoso taller de costura (guiado por una patronista y una modista), motivadoras charlas de expertos científicos o las emotivas de abuelos transmisores de historia viva, cuyas vivencias de niños y adolescentes contrastan un pasado de escasez y un presente plagado de avances tecnológicos, y hasta un concurso literario sobre el mismo lema (relato corto/cómic) para dar cauce a la propia creatividad.

«El consumo actual de ropa es muy exagerado, sobre todo la de bajo precio y poca calidad»

Una de las iniciativas ha sido un taller de costura, a cargo de las profesoras de Biología y Plástica, María del Carmen Montero y María del Carmen Romeu.

—¿Cómo surgió la propuesta de un taller de costura?

—M.C.M., M.C.R.: Porque es importante fomentar en los alumnos el reciclaje en general. Nos pareció que el consumo actual de ropa es muy exagerado, sobre todo ropa de bajo precio y poca calidad, además de ser una parte del temario de Biología de 1. º de ESO.

—¿En qué consistió el trabajo?

—Ambas: Dentro del proyecto general, Planeta 112, decidimos centrarnos en el reciclaje textil y aprender a confeccionar prendas (bolsos, camisetas, jerséis, faldas…). El proyecto constó de tres partes: la primera fue la charla de una especialista que les enseñó los conceptos básicos (tomar medidas, hacer patrones…); la segunda actividad consistió en la realización de bocetos, diseño de un logotipo y confección de distintas prendas, así como arreglo y aprovechamiento de otras; la última era una exposición de las prendas y desfile con estas, pero no se pudo realizar debido a la pandemia.

—¿Qué les aportó la experiencia? ¿Las dificultades afrontadas compensaron los logros?

—Ambas: La experiencia resultó laboriosa pero positiva, los alumnos disfrutaron y ayudó a aprender a trabajar en equipo, a colaborar y a coser.

— ¿Creen que la actitud de los alumnos varió después del trabajo realizado?

—Ambas: La mayoría se sentía satisfecha con el producto final y por el hecho de aprender algo nuevo y las posibilidades que ofrece.

 

«Reciclar la ropa es entretenido y una forma de darle una nueva vida a prendas que tenías abandonadas»

Dos alumnos cuentan su opinión sobre el taller, Jaime y Raúl.

—¿Qué tenía que hacer vuestra clase para el proyecto Planeta 112?

—Ambos: El trabajo de nuestra clase consistió en reciclar prendas de vestir que no nos servían o no usábamos para crear otras nuevas.

—¿Creéis que podéis aplicar lo aprendido en el proyecto al día a día?

—Jaime: Bueno, a mí la verdad es que no me gusta coser, pero si en algún momento me encontrara con la necesidad, haría un arreglo reciclando ropa.

—Raúl: Creo que lo que he aprendido me puede resultar útil ya que me enseñó cómo coser y a darle diferentes usos a la ropa.

—¿De dónde obtuvisteis los materiales que necesitasteis?

—Ambos: De ropa antigua que no utilizábamos y trozos de tela que encontramos por casa.

—¿Os pondríais por la calle algo de lo que hicisteis en clase? ¿Por qué?

—Jaime: Yo la verdad es que no coso muy bien, así que si me pusiera alguna de estas prendas sería para disfrazarme.

—Raúl: Sí. Porque, aunque algunas de las cosas que hice no quedaron bien, hubo un par de prendas que sí que me pondría por la calle.

—¿Os resultó compleja esta actividad?

—Jaime: No, la verdad es que me gustó bastante y fue muy entretenido.

—Raúl: No, porque a pesar de que había cosas que no sabía hacer, no me resultó muy difícil aprender y mis compañeros y profesores me ayudaron mucho.

—¿Qué le diríais a alguien para motivarle a reciclar ropa?

—Jaime: Aparte de ser entretenido y divertido, es una forma de darle una nueva vida a prendas que tenías abandonadas, que te gustaban y ya no te sirven.

—Raúl: Permite ahorrar dinero y materiales y cuidar el medio ambiente.

—¿Qué conclusiones sacáis respecto a reciclar? ¿Cambió en algo vuestra mentalidad tras la actividad?

—Jaime: Creo que no nos cuesta nada reciclar y es algo que contribuye bastante al cuidado del medio ambiente y contra la contaminación, así que hay que hacerlo más, aunque creo que ahora estamos ya más concienciados. La verdad es que visto lo visto, creo que reciclar ropa es muy importante y hoy en día todavía más.

—Raúl: En resumen, creo que el reciclaje, dicho brevemente, ayuda a cuidar el planeta y nos ofrece múltiples beneficios. Ahora que he hecho esta actividad, me doy cuenta de que la gente compra más de lo que necesita y que la mayoría de estas cosas se usa un día o dos y nunca más, y reciclando prendas que no se usan, se evita la fabricación de otras nuevas. Creo que mucha gente recicla, pero aún hay bastante que no lo hace y debería hacerlo.

Sorprende que la calidad de la prenda no juega un papel determinante a la hora de la compra, los compradores normalmente se fijan sobre todo en las marcas y logos, generalmente vinculados a una firma que conecte con el comprador y con su grupo o estrato social, sin pensar en conceptos como la sostenibilidad o la responsabilidad ambiental y social.

En cuanto a las etiquetas, se les da muy poca importancia, aunque son una parte fundamental de cualquier prenda de ropa, ya que proporcionan gran parte de la información de ese producto textil y el cuidado que precisa. En primer lugar, permite saber el material del que está hecho la prenda, también su origen y la talla. Además, indica cómo se debe lavar, la temperatura que puede soportar y si puede ser lavado a mano o a máquina, así como los productos que se pueden utilizar. No prestarles atención provoca que no se trate debidamente la ropa o incluso estropearla; seguir las instrucciones alarga la vida de la prenda.

ENCUESTA EN EL CENTRO: EL 70% DE LOS ALUMNOS TIENE MÁS DE 6 VAQUEROS

Para comprobar el grado de consumismo entre adolescentes y jóvenes se aplicó una encuesta al alumnado de 3.º y 4.º de ESO y 1.º de bachillerato sobre sus prendas habituales y hábitos de compra (aplicación enviada a móviles), de las cuales se sacan las siguientes conclusiones (para ver los datos pormenorizados, pulsa aquí):

El 70% de los alumnos tiene más de 6 vaqueros (un 20% tiene más de 16):

 

El 80% más de 6 camisetas. Y el el 75% cuenta en su armario con más de 6 sudaderas (de estos, más de la mitad tiene 11 y 30 sudaderas)

El 70% tiene más 6 pares de zapatillas (un 20% tiene entre 11 y 15):

El 60% tiene más de 6 jerséis (hay un 6% que tiene entre 21 y 25 jerséis) y el 30% tiene más de 6 chándales

La mitad de los alumnos encuestados (69 respondieron al sondeo), cree que tiene ropa de la que necesita, reconoce que no mira la composición de las etiquetas siempre, que solo se fija en el precio, que se guía por las marcas y logos, y algo más, sobre el 70%, acepta que sigue la moda.

 

Hace un par de generaciones había una ropa de diario y otra de domingo, y todo se reutilizaba (reciclar no es algo nuevo) y pasaba de unos a otros, aunque fuera por la falta de medios. Se arreglan los calcetines, y a la ropa se le ponía coderas, rodilleras y remiendos. Es lo que propone de forma consciente y no por necesidad, la economía circular, donde se valora más lo que se tiene y se evita el disfrute vacío a corto plazo.

Fabricar un pantalón vaquero consume la misma agua que una persona bebe en dos años

La industria textil es uno de los sectores que más agua consume. Aproximadamente, de los 80.000 millones de prendas fabricadas al año a nivel mundial, el 40% están conformadas por tejidos de algodón, fibra textil vegetal que requiere grandes cantidades de agua para su cultivo, únicamente por detrás del agua empleada en los cultivos de arroz y trigo. Para entender la magnitud de las cifras, resulta importante resaltar el siguiente aspecto: el algodón consume unos 3.300 litros de agua por kilo (según un estudio del Observatorio del Agua de la Fundación Botín), lo que significa que un pantalón vaquero de 800 gramos supone un gasto de 2.600 litros, cantidad suficiente para que una persona beba durante más de dos años. Por otro lado, las fibras como el poliéster o nailon, derivados del petróleo, también contribuyen al incremento de la huella de agua de la industria textil y, con el lavado de la ropa, estas fibras se descomponen en el agua pasando a formar parte de ella como microplásticos.

Por el bien del planeta dentro de las fibras animales se recomienda evitar la lana, el algodón, la piel y el cachemir cuando no son producidos ni obtenidos de forma ecológica. En los tejidos obtenidos a partir de animales, el mayor problema es la deforestación que se causa por su sobrepastoreo o el uso de sustancias tóxicas. Por su parte, la piel vegana, aunque sea respetuosa con los animales, no quiere decir que sea ecológica ya que para producirla se usan PVC o poliuretano, materiales con un gran impacto medioambiental.

A la contaminación se suma el trabajo en condiciones de explotación que tienen muchas firmas textiles en países en vías de desarrollo para abaratar costes y por falta de cultura industrial. Los resultados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son desoladores: 152 millones de niños están sometidos al trabajo infantil, y casi la mitad (62) están en Asia y el Pacífico, conocidos como la fábrica del mundo. Al mirar la etiqueta de la ropa que se vende en España es fácil saber dónde se fabrica: Bangladesh, India, Vietnam, Pakistán, China… o Camboya (donde el coste salarial de producir una camiseta se sitúa entre los 15 y los 20 céntimos). Horarios extensivos, de hasta 12 horas, trabajo de niños de 12 años y condiciones inhumanas de limpieza y ventilación hacen de esas fábricas unos lugares inaceptable para los estándares de Occidente. Muchas de las empresas que subcontratan a fábricas en estas zonas —como C&A, H&M, Inditex o Primark, entre otras— quieren que se paguen salarios más altos en las plantas textiles y están dispuestas a asumir ellas el aumento de los costes, aunque eso acabe repercutiendo en sus ganancias; incluso las grandes firmas buscan aunar esfuerzos para erradicar el problema de los desechos dentro de la moda y lograr que las marcas produzcan solo lo necesario.

Jorge Vázquez: «Mi moda no contamina»

El cambio de actitud en la moda se impone. El prestigioso diseñador Jorge Vázquez, natural de Betanzos, tiene una idea muy clara al respecto. Él tiene su propia marca (JV por Jorge Vázquez) y es responsable de la colección Pertegaz, propiedad de Jealfer, en Boiro.

—Cuidar el medio ambiente es tarea de todos, ¿Qué lugar ocupa la sostenibilidad en la escala de valores de su trabajo?

—La sostenibilidad ocupa uno de los primero valores en nuestra empresa, es fundamental cuidar el sistema, el planeta, mentalizar al cliente y entre todos lo conseguiremos.

—¿Cómo afronta el reto de la sostenibilidad? ¿Utiliza actualmente algún método que no contamine o contamine poco?

—Mi moda no contamina, solemos utilizar materias nobles y tintes para nuestros estampados y tejidos de color liso que están totalmente aprobados y certificados por la Unión Europea…. Por eso creemos en el slow fashion y en el menos es más. Se tira demasiada ropa a la basura que contamina muchísimo y todas esas prendas de las grandes cadenas de ropa usan tintes que contaminan, lo peor son los tintes y ácidos que reciben los jeans, son un peligro para nuestros mares.

—¿Cómo animaría a evitar ese consumismo tan contaminante?

—Yo pienso que es preferible comprar pocas prendas y de buena calidad a tener muchas y de baja calidad. Al fin y al cabo, la ropa de autor tiene tejidos de mejor calidad, confección con mejores acabados y un patrón que perdura en el tiempo y hace que esas prendas no caduquen tan pronto y no se vean pasadas de moda; en cambio, cuando compramos fast fashion, eso caduca y te incitan a un consumo constante y por supuesto, la calidad es inferior para obligarnos a usar y tirar.

—¿Cree que el uso de máquinas es un avance o un problema en el ámbito medioambiental?

—Las máquinas son necesarias para poder confeccionar la ropa, no se podría hacer todo lo que el consumo demanda de forma manual, sí es cierto que hay que poner en valor la artesanía, recuperar los oficios y que la gente que trabaja en el sector, trabaje de una forma digna y se le valore, además de que no se explote a niños…. Todo el mundo tiene que trabajar dignamente. Contamina más el uso de materias sintéticas como el poliéster o los tintes y ácidos que se les dan a las prendas para conseguir acabados vintage o lavados, que una máquina.

—¿Ha provocado la pandemia un cambio de hábitos en el mercado?

—Ahora mismo claro, se ha dejado de consumir, eso nunca había pasado a estos niveles, esperemos que esta situación pase y se retome el consumo y se active el comercio y la hostelería para que se puedan realizar eventos y así se necesite comprar ropa.

—¿Cómo afecta a su negocio?

—Pues supongo que como a todas las empresas de este país, la moda no es una necesidad y el consumo ha bajado, por no decir que ha desaparecido; al tratarse de una marca de precio medio-alto y con un estilo de autor, se limita a una venta para ocasiones especiales como pueden ser bodas, eventos, fiestas o incluso lo que es de estilo más urbano y al ser de muy buena calidad, la clienta tiene en sus armarios algo de lo que echar mano. En definitiva, es un gran problema porque el consumo se ha parado y la gente no compra. Por otro lado, las tiendas tienen que tener un gran surtido en producto y no puedes parar la cadena y que la ropa llegue a rebajas sin que apenas la gente la haya visto o probado. Un auténtico drama…

 

Las campañas institucionales están surtiendo efecto y hay cada vez más ejemplos de la toma de conciencia ciudadana. Así, para frenar el consumo masivo surge la customización o personalización de prendas en desuso (tutoriales en las web) o la proliferación de páginas donde se vende o intercambia ropa que no usamos —incluso sin estrenar— o se alquilan prendas para ocasiones. Estas aplicaciones de compra y venta online se han vuelto tendencia hace poco tiempo y las usan jóvenes y adolescentes con frecuencia, ya que es una manera de no tener el armario tan abarrotado de prendas que ya no se usan y sacar un pequeño beneficio de ello.

También es corriente la instalación en diferentes puntos de las ciudades de contenedores de recogida de residuos para reciclaje, como Wippy, empresa que se encarga de los de origen domiciliario (ropa de hogar y de vestir, calzado y complementos, juguetes, aceite vegetal…) o Asirtex, Asociación Ibérica de Reciclaje textil, dedicada a reciclar ropa en mal estado para su uso en la industria mecánica (“fías”). 

Habla sobre los constantes cambios que producen las marcas y que nos llevan a comprar de forma compulsiva. De esta manera, más de 900 millones de kilos de ropa acaban en la basura, de los cuales solo un 10% es reciclado. Asirtex nos informa también sobre las consecuencias que la actual pandemia tiene para el sector de reciclaje textil. Por motivo del Covid-19, muchas empresas encargadas de la recogida han dejado de hacerlo ante la imposibilidad de los costes de su recogida (se debe tener en cuenta que más del 60% de lo recogido se comercializa en mercados internacionales).

«Las prendas originales y diferentes al resto se venden con mayor facilidad»

El repunte de tiendas de ropa de segunda mano es otro síntoma del cambio de hábitos, como El rastro de Merce, de Merce Roldán en Betanzos.

—¿Desde cuándo tiene la tienda?

—Lleva abierta once años.

—¿Cómo tuvo la idea de montar este tipo de negocio?

— Primero, porque me gustaba mucho. Desde pequeña, era acumuladora de aquello que los demás no querían. Antes tuve una tienda de decoración, pero hace once años decidí empezar con esta, ya que era la ilusión de mi vida, y creo mucho en esto.

—¿Cómo consigue la ropa?

—La mayor parte de la ropa viene de gente que conoce la tienda, ya sea por venir a ella, por verla en las redes sociales… Y ellos contactan conmigo, ya que prefieren darle una segunda vida en vez de tirarla.

—¿Hay alguna prenda que destaque entre las demás respecto a su venta?

—En general, toda la ropa tiene la misma demanda, siempre y cuando estén en buen estado, pero sí que es verdad que las prendas originales y diferentes al resto se venden con mayor facilidad. Además, los zapatos son más difíciles de vender que la ropa.

—¿La ropa que se vende en la tienda es de segunda mano con etiquetas o sin ellas?

—Hay de todo, aunque la mayor parte viene sin etiquetas.

—¿Por qué cree que está en auge el negocio de segunda mano?

—Aparte de que está de moda, hoy en día, la gente está más concienciada, y acepta más el hecho de utilizar ropa de segunda mano.

—¿Con la pandemia ha cambiado el éxito del negocio?

—La situación de mi negocio no es mejor ni peor. Por una parte, las restricciones de desplazamiento hacen que venga menos gente de fuera, pero sí que es verdad que con esta situación la gente de aquí viene más que antes.

—¿Cuál es el rango de edad más destacado entre los compradores?

—La mayoría tienen entre 25 y 40 años, pero también hay gente mayor a la que le gusta comprar ropa de segunda mano.

«Mucha gente se ha preocupado de llamar si necesitamos algo»

Otra manera de aprovechar prendas que no usamos es donándolas a oenegés y entidades benéficas como Cáritas. María, una voluntaria que viene colaborando hace más de 20 años, explica más a fondo su labor solidaria y los posibles cambios o necesidades provocadas por la pandemia.

—¿Cómo es el proceso de llegada y reparto de ropa?

—La gente suele traernos la ropa a Cáritas, nosotros la vamos seleccionando, poniéndola por tallas y ordenando allí todo, luego la gente viene a por ella. Si la ropa no sirve, va para reciclaje incluso alguna que aquí no tiene la mejor salida, la mandamos para Caritas para Santiago a un almacén, para las casas que tienen, donde venden de segunda mano.

—Durante el confinamiento, ¿Cómo adaptaron su forma de trabajo?

— Todavía estamos en ello. Se está atendiendo a la gente dando la ropa, pero no recogiéndola.

—¿Se continúa donando igual cantidad de ropa o la gente se contiene más y se ha notado disminución en las donaciones durante la pandemia?

—No se ha notado una disminución, la gente va haciendo como puede, pero bueno está todo más limitado porque mucha gente no sale. Pero mucha gente incluso se ha preocupado de llamar si necesitamos algo.

—¿Hay alguna franja de edad o prendas que predominen en la donación y demanda?

—No, viene de todo, tanto de niños, de ropa como de abrigo. Cuando no tenemos mantas suficientes las compramos con los donativos que la gente da para que la gente siempre tenga de todo.

La Tierra tiene una cantidad limitada de recursos naturales y su capacidad para acumular desechos y residuos no es infinita. El reciclaje minimiza nuestro impacto inmediato en el planeta. Este pequeño gesto, que forma parte de un consumo responsable, permite avanzar en el desarrollo de prácticas sostenibles y hará que las generaciones futuras puedan disfrutar de un mundo más limpio.

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