Instituto de Sanxenxo
Alumnos:
  • Alumnos de 3.º y 4.º de ESO
Profesores:
  • Ricardo de la Torre (Lingua Castelá e Literatura)
  • Melisa Fuentes Martínez (Lingua Castelá e Literatura)
  • Elena Montero Míguez (Xeografía e Historia)

Aquellos locos veinte: Sanxenxo (1920-1929). Una década a través de la prensa e imágenes de La Voz de Galicia

Para entender o hoxe unha das formas necesarias é ler o onte. O resultado é unha crónica dos anos 20 do século pasado en Sanxenxo a través da hemeroteca de La Voz de Galicia. Unha década a través da prensa e imaxes de entón. O termo toponímico Sanxenxo na procura na hemeroteca de La Voz de Galicia non aparece como tal ata 1930. Sangenjo achega para a década de 1920 a 1929 106 documentos xornalísticos, mentres que Sanjenjo achega 29 documentos. No relato e a lectura dos feitos desta crónica pódense trazar paralelismos co hoxe: a pandemia, a relevancia do mar nas súas vidas, as relacións e as pequenas ou non tan pequenas cousas de veciños, o seu verán, os festexos ou os avances e o progreso dun pobo. Tiña unha poboación ao principio da década de 8.578 habitantes (ao final, en 1930, 8.869) e segundo o IGE, en 2021 contaba con 17.635 habitantes (8.994 mulleres e 8.711 homes), unha cifra que segundo ou concello multiplícase por seis en época estival. Nestes anos vinte falecen, entre os ilustres veraneantes que compartiron parte da súa vida cos sanxenxino, os lilainos de adopción: Emilia Pardo Bazán (1851-1921), Alejandro Pérez Lugín (1870-1926) ou o aviador e alcalde José Piñeiro González (1878-1927). Quen se achegue a estas noticias do Sanxenxo de entón, nesas mesmas páxinas, atoparase coas viñetas de humor ou a publicidade, con estereotipos e lugares comúns, froito e espello da sociedade do momento.

Das imaxes do Sanxenxo destes anos vinte hai 20 estampas seleccionadas de Albores de Sanxenxo, publicación da Asociación Cultural Abiñadoira. Unha parte da vida que aí se retrata é o tempo de lecer das súas xentes, co turismo de balnearios. Nun pobo fronte ao mar e que vive do turismo, a época estival iníciase co baño. As casas de baños, os balnearios son un microuniverso da alta sociedade da época como pon de relevo As escaleiras do Gran Hotel, premio Vicente Risco 2013, do escritor vigués Rubén Martínez Alonso.

Xunto á sociedade reflectida, pouco ou nada din os xornais da vida silenciosa de homes e mulleres, a intrahistoria base da historia ao longo dun século. Da invisibilidade de mulleres que, como Manolita, redeira, son o fío entre ese onte e o hoxe.

LOS AUTORES

En la elaboración de este reportaje trabajaron las clases de tercero y cuarto de ESO, aunque de forma más intensa un grupo menor de alumnos.

Alumnado de 4.º de ESO:

  • Zoe Cappellino Outeda
  • Noelia Conde Torres
  • Nuria García Sánchez
  • Aroa Martínez García
  • María Martínez Martínez
  • Sofía Pampín Leiro
  • Miguel Taboada Cereijo
  • Antía Telmo Andújar
  • Óscar Torres Souto
  • Borja Valladares Patiño

Alumnado de 3.º de ESO:

  • Marta Infanzón Sabarís
  • Laura Prieto Galiñanes
  • Noela Vallejo Garrido 

No hoxe ponse manifesto o poder da palabra e da imaxe para a memoria na reconstrución da cultura e a historia local. Diso saben e ocúpanse sanxenxinos e sanxenxinas de nacemento ou adopción como Ana Cancela, investigadora, XI premio Sanxenxo na Historia, «Vas viendo esas imágenes que te hablan del relato de la invisibilidad» e Xaime Corral, libreiro e editor «Estes traballos máis locais fannos ver a realidade global do que aconteceu en Galicia». O patrimonio cultural e a historia de Sanxenxo. «O universal é o local sen paredes» que escribiu ou poeta portugués Miguel Torga.

Trazar una breve crónica de la década de los años veinte del siglo pasado a través de las páginas de La Voz de Galicia permite acercarse al ayer cercano y en la mirada al espejo y en la empatía con ese ayer empezar a entender, también mejor, esta década del siglo XXI.

Para empezar, el topónimo Sanxenxo en la búsqueda en la hemeroteca del periódico no aparece como tal hasta 1930. El término Sangenjo aporta para la década de 1920 a 1929 ciento seis documentos periodísticos, mientras que Sanjenjo aporta vientinueve documentos. Al acercarse a estas noticias del Sanxenxo de entonces también en esas mismas páginas están las viñetas de humor o la publicidad, buen reflejo de la sociedad del momento. Todo ello pone de manifiesto el poder de la palabra y de la imagen para la memoria en la reconstrucción de la cultura y la historia local.

El humor en los años veinte en La Voz de Galicia
Si las ilustraciones y los textos de los anuncios publicitarios, entre otros aspectos, se acercan a la moda, la vida en las casas, el ocio, el canon de belleza y el cuidado del cuerpo, la salud o las nuevas tecnologías de entonces; de igual manera, el humor ilustrado de las viñetas de la sección «Del ingenio ajeno», encontrado en esas mismas páginas que informan de Sanxenxo, es un arma que en su crítica desenmascara o revela estereotipos y costumbres de la mentalidad de la época.

El maestro ante el alumno, con libro en una mano y regla en otra, en planos distintos, es la imagen de una escuela que debiendo cumplir la función de acercar la realidad de la vida, sin embargo está distante: « —Suponte que debemos al panadero 30 francos; al carnicero 25; y al tendero 50. ¿Qué resulta? —Que tendremos que mudarnos». La vida por delante de la escuela es la lección del alumno al profesor. Emigración y pobreza van de la mano en tiempos de desigualdad, como la picaresca o la delincuencia pueden ser una cuestión de supervivencia, « —Vamos a ver: ¿Qué es lo primero que haces para una sustracción? —Mi(r)ar al rededor (sic) por si viene alguien (sic)». A la vista de alguna viñeta, parece que el hecho de la infantilización de la sociedad viene de lejos, y no es cuestión solo de la juventud «Me entristece ver a un hombre maduro divirtiéndose como mi hijo menor». Claro que siempre hay quien no se entera: «La profesora en obstetricia —Señor, es un niño. El padre (distraído): —Dígale que pase».

A los ojos de hoy, el papel de la mujer en la sociedad de la época presenta una visión trasnochada. Así, la consideración de un ser débil: «—Antonio, levántate creo que hay un ratón. —Bueno, chica; imagínate que hay también un gato y duérmete», de mujer ligera en el vestir y las implicaciones que hacen que la abuela advierta a la nieta: «—Mira, niña; tu madre te va a reñir por poner un vestido tan ligero. —Sí, lo temo, porque es el de ella». De ahí la necesidad imperiosa de casamiento: «Mary: —Oye, querida, soy feliz. Me casaré muy pronto. Juanita (al aparato): —¡Qué sorpresa me das! Y ¿hace mucho que lo conoces? Mary: —Espero que me lo presenten en una fiesta que habrá esta tarde». Es la mujer quien sufre la actitud de misoginia y de culpa por su supuesto poder

 

manipulador dentro de la institución matrimonial «—¡Como se cambia! ¡Mira a Juan que se casó con la mecanógrafa! —Sí; pero no veo el cambio. —Hombre; antes era él el que dictaba». En la parte económica, con el desgaste de las relaciones del acuerdo, también es la mujer la que resulta despreciada o no ser tenida en cuenta por el varón: «LA SOMBRERERA: —¿Qué modelo cree usted que sienta bien a su señora? EL MARIDO: —El que traía puesto».

Otras problemáticas tratadas tienen candente actualidad, por su relevancia o porque el método para resolverlas no parece el más adecuado. La violencia, el hábito de fumar: «—¿Le molesta a ustedes que fume un cigarro? —empiece usted y se lo diremos»; otras, cuestiones a debate, pendientes de resolver, como el medio ambiente: «—No pican. Está el agua muy sucia y los peces no vén (sic) el cebo. —Hombre; use usted gusanos de luz». En cuestiones de ciencia, y hablando del tiempo, siempre están los que no confían: «Ya que el observatorio anuncia buen tiempo llevaré el paraguas».

La publicidad, cuerpo y moda

Los anuncios recogidos de los años veinte del siglo pasado, en la búsqueda de la información para Sanxenxo en La Voz de Galicia, aparecen con mayor frecuencia en las páginas 5 y 6, de un total de 6 con las que llega a contar un ejemplar de la década. Junto a los artículos de alimentación y salud del cuerpo, se abren paso a otros artículos destinados hasta entonces a las clases con mayor poder económico, como los complementos de la vestimenta, el transporte, el confort del hogar y el ocio personal que empiezan a formar parte del uso cotidiano de muchas familias de la pequeña y mediana burguesía.

La mujer, en el centro

En la mayoría de los anuncios en los que está presente la mujer, casi siempre figura con la necesidad de que «mantenga su apariencia joven», pero además con la obligación de cumplir con los ideales de madre y ama de casa perfectas. Una mujer-madre idealizada, arreglada y cuidada en su apariencia, que tanto sostiene a su bebé, como limpia el hogar con la última tecnología entre sus manos. Son ellas las que tienen que ocultar sus imperfecciones,  «reducir el talle, rectificar la línea, embellecer el rostro, moldear las

piernas», ya sean las canas en la imagen de una mujer y, sin embargo, son invitadas a aplicarse el tinte que «conservará su juventud haciendo desaparecer sus canas» y así borrar toda muestra del paso del tiempo en su cuerpo. Ante la amenazadora imagen del espejo y la sombra del varón vigilante.

Otros a nuncios presentes son los dedicados a los complementos y la moda. No es extraño encontrarnos anuncios que ponen el foco de atención, de acuerdo con un determinado canon de belleza estereotipado y que mira «Modelos de París en cinturas y sostenes, fajas para adelgazar», o en productos como SMALLER, la crema para las manos que proporciona resultados positivos en «la blancura y suavidad de la piel». La mujer es madre, cuidadora de la casa y la joven casi eterna adolescente. Por curiosidad, compare el lector con la imagen del varón que aparece en la galería de anuncios de la década.

 

 

Alimentos y salud

Muy en relación con el cuerpo están los alimentos y la salud. Buen ejemplo de ello ha sido y es el agua. Aunque a veces, geográficamente, estuviese un poco lejos. El Agua de Vallequillas (Madrid), según sus anunciantes «NO TIENE RIVAL, pues es única para evitar y curar las afecciones del hígado y del riñón». De su poder terapéutico asociado a los balnearios queda constancia en otra sección de la crónica para esta década. Claro que hoy y entonces: ¡Viva el vino! . Todo un reconstituyente. Un vino dulce aromatizado que se anunciaba como una bebida medicinal de alta calidad «Si usted cuida de su salud, no se olvide del Gran Vino Sansón». Médicos que lo certificaban como una bebida excepcional para el cuidado de la salud corporal, «dos científicos y autorizadísimos vaticinios respecto al Gran Vino Sansón, que se confirman», «opinión del sabio Dr. Nóvoa Santos: se trata de un excelente vino quinado analéptico estimulante del apetito y creo que se difundirá su recomendación entre los médicos». No menos llamativo, «de venta en las principales farmacias».

Transportes y tecnología

La modernidad y distinción estaba representada con un motor y cuatro ruedas, en forma de automóvil, haciendo ver que ese producto era lo último en tecnología, «el nuevo Oakland 1928, un coche de lujo y de entretenimiento (…) la suprema combinación de la elegancia con la fuerza y la velocidad». Su precio oscilaba desde las 10.700 hasta las 12.600 pesetas. En los viajes, ya por placer o por la búsqueda de un futuro mejor, a través de la emigración, el transporte marítimo de los «vapores correos rápidos del Lloyd Norte Alemán de Bremen» ofertaba sus pasajes a Cuba. También el ordenador y el móvil de ultima generación pudieran ser directamente proporcionales a la «UNDERWOOD», la maquina de escribir, presente en los versos de Pedro Salinas, de entonces. Un anuncio tan escueto en su forma, con solo el nombre de la marca, que parece no precisar de más para su venta. La cámara DIJE es la «gran novedad para los señores fotógrafos-minuteros», las nuevas gramolas, La voz de su amo, reproducían «el canto y la música de manera prodigiosa» y la radio ATWATER KENT, homónima de su inventor estadounidense, se publicita en la década que llegan a España las primeras emisiones radiofónicas. Mientras las «estufas para carbón» y el «radiador parabólico» aportaban calefacción a la casa frente a las adversidades climatológicas e invernales. Si se trata de medir el tiempo, CYMA es el «reloj sin igual», pero OMEGA «supera a todos».

Junto a estos objetos de distinción, de bienestar y comodidad también en las tareas de la agricultura, las viejas tecnologías dan paso a las nuevas, de los arados de madera a la «ligereza – solidez» de los arados de acero BRAVANT, o las aventadoras de cereales Ajuria. En las tareas de la casa, la publicidad nos muestra los «aspiradores de polvo y enceradoras eléctricas PROTOS». Y dejando la salud a un lado, por un momento, «el papel de fumar ZIG – ZAG es el preferido por los fumadores por su excelente calidad 15 cts. librito EN TODA ESPAÑA». Es la Modernidad de la década y del primer tercio siglo XX.

Baños y turismo en Sanxenxo. De los años veinte al hoy
Cremas antiarrugas, tratamientos, horas de gimnasio, dietas, cuerpos perfectos, pieles sin marcas, juventud eterna…  Hoy en día los balnearios ya no son únicamente sinónimo de salud, sino también de estética y, sobre todo, de ocio. Etimológicamente la palabra «balneario» proviene del latín balneae que significa ‘baños‘. Su origen se remonta a la antigua Grecia y es en el año 25 antes de Cristo cuando el emperador Agripa, diseñó y creó en Roma las primeras grandes termas de origen público.

Los baños tenían una función lúdica y medicinal; pero también política y social. Para los romanos acudir a los baños era una parte de su modo de vida; una forma de cuidar la higiene, hacer deporte, conversar y negociar. Galicia cuenta con abundantes ejemplos de termas romanas, hoy todavía en funcionamiento, como las termas de Lugo, Ourense, Caldas de Reis, Caldas de Cuntis, Mondariz, Caldelas de Tui, Baños de Molgas, Baños de Bande, Lobios y Carballiño, entre otras. Margarita Vilar y Elvira Lindoso han estudiado «El sector balneario gallego desde una perspectiva histórica (1780-1935)».

El tratamiento de las enfermedades mediante baños y para la higiene tiene sus precedentes. En Galicia hay referencias periodísticas durante el siglo XIX a distintas Casas de Baños y a la «imprescindible necesidad [que] tiene la Coruña de una casa que con sus aguas remedie enfermedades, las evite y contribuya a la higiene pública y privada» (La Ilustración, 1863). En la playa de Riazor están «Los antepasados de la Casa del Agua» de hoy de A Coruña; al igual que, a seiscientos metros de la playa de Silgar, el Augusta Spa Resort de Sanxenxo o, a poco más de veinte kilómetros, el Hotel Balneario A Toxa son el hoy de la Casa de Baños del Sanxenxo de entonces. «Tratamientos hidroterápicos, descanso, encuentros entre los más diversos personajes, banquetes, tertulias, fiestas, bailes, veladas teatrales, musicales y excursiones» más allá de alojamiento y alimentos, también eran lugares de relajación y recreación. El resort de «Aquellos locos veinte».

«Los años que van desde el último cuarto del siglo XIX hasta la I Guerra Mundial corresponden a uno de los períodos fundamentales de la historia de Europa. La idea de progreso pretendía resumirlo todo y fue también en este ambiente donde tuvo lugar la eclosión del turismo moderno». Apunta Margarita Barral Martínez en «El tándem Vigo-Mondariz en los inicios del turismo moderno en Galicia». Buen ejemplo de ello es el Vigo industrial y el vecino balneario de Mondariz a treinta y cinco kilómetros de distancia. Rivalizó con los grandes balnearios de Baden-Baden, en Alemania, o Bath, en Londres y acogió a políticos y personajes de primer nivel. Más allá de los poderes curativos y de higiene, el balneario es también un espejo que refleja la sociedad y el poder de la época. «Córren os loucos anos 20. O Hotel Balneario de Mondariz representa un crisol da sociedade galega do momento, clasista e normemente desigual, enmarcada na dictadura de Primo de Rivera. Unha época na que o conflito político bulía especialmente e que estaba a abrir paso á experiencia republicana», un microuniverso retratado en As escaleiras do Gran Hotel, de Rubén Martínez Alonso.

El ritmo frenético de los veranos repletos de «bañistas» se empezó a notar en Sanxenxo en esta década. La gente se desplazaba para disfrutar de la playa y del balneario que allí mismo se encontraba, en Silgar. Luis Dobarro, empresario y vecino de Pontevedra aprovechó la afluencia de turistas para solicitar la construcción de la Casa de Baños «de madera, estaba dividida en dos partes y tenía un bar en su interior. La oferta del negocio incluía baños fríos y templados con agua dulce, salada y algas de mar, sales de A Toxa y otros productos. El baño en pila rondaba las 1,25 pesetas (0’008 euros), un bono de seis unas 7 pesetas (0,042 euros), y de incluir sábanas y toallas subía hasta las 9,50 pesetas (0,057 euros)» Teniendo en cuenta la economía de la época no todo el mundo podía permitírselo.

La crónica de La Voz de Galicia para la década informa cómo con la llegada del verano tenía lugar la apertura de la casa de baños; pistoletazo de salida y de comienzo de las rutinas asociadas a esta época del año: «Mañana, domingo, se inaugurará en la estupenda playa de Silgar (Sangenjo) (sic) la temporada veraniega en la elegante casa de baños que allí levantaron los industriales pontevedreses Sres. Dorrego. Habrá servicios diarios y frecuentes de automóviles». Y con ello la oferta hotelera: «muy especial por cierto, don Francisco Alonso, propietario del Hotel Terraza, de Sangenjo, que sirvió en el amplio y confortable salón de su hotel, colocándose a la altura de los más acreditados en las poblaciones visitadas por los turistas, un almuerzo a más de un centenar de excursionistas, consiguiendo que todos ellos hayan llevado de ese trato un gratísimo recuerdo y sean otros tantos laudatores del establecimiento».

Luego llegará la decadencia. La Casa de Baños tuvo que soportar las embestidas del tiempo y más tarde de la Guerra Civil. «Así que, las constantes reparaciones y la disminución de veraneantes en aquellos años hicieron que a principios de los 40 se retirara lo poco que todavía quedaba en pie». La blancura de la piel como marca y distinción de una sociedad de privilegios daría paso al democrático moreno de la ciudadanía de a pie del turismo de playa.

Aquella sociedad desigual con estereotipos, en buena parte, presentes en la publicidad y en las viñetas de humor de la prensa de la época, como también en las estampas de la década, que entre sus imágenes recogen las mujeres que acudían cubiertas a la playa, con una especie de batas que les llegaban a los pies, mucho ha cambiado en el último siglo. Cambios en las costumbres de sus habitantes sociedad y cambios en el entorno de un Sanxenxo no era más que un pequeño pueblo de pescadores. Y en el que a pesar de que en los dos últimos dos años se haya producido una bajada del número de veraneantes, debido a la pandemia de la Covid-19, que ha afectado y mucho, sin embargo «el turismo sigue siendo la principal fuente de ingresos durante todo el año, especialmente en los meses estivales y en época de Semana Santa y puentes festivos», comenta un familiar que ha vivido toda su vida dedicado al turismo.

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Turismo de lo religioso y lo profano, del ayer al hoy de las romerías

Las romerías son fiestas populares que se celebran en un lugar cercano a una ermita en el día de la festividad religiosa del santo o la virgen a la que está consagrada. Viajes o peregrinaciones que se dirigen al santuario o ermita del santo o patrón del lugar donde se celebran. En algunos casos, no es necesario que estas fiestas duren todo un viaje, sino un día, una mañana o una tarde. Aunque se remontan a la antigüedad, si atendemos a los datos documentados en los textos, las romerías en la Galicia medieval no debían ser muy diferentes de las que todavía se celebran hoy en día en distintos lugares de España, Italia, Francia o Portugal. Entonces, como ahora, eran un importante lugar de acogida y encuentro vinculado tanto a la devoción popular como a la actividad festiva. El encuentro de dos mundos, el profano y el religioso, lo espiritual y lo banal, festivo y terrenal. Puesto de relieve ya en las cantigas de amigo medievales o las cantigas de romería o santuario, «existen en todo santuario dos espacios geográficos muy delimitados: uno lo ocupa el santuario y su entorno circundante más inmediato, el segundo lugar está en el campo de la fiesta donde se celebran las actividades más profanas de la romería». Asociado a este viaje están los ritos frente a la incertidumbre humana, ritos de protección, de curación, de penitencia y acción de gracias, para influir en el tiempo meteorológico o ritos de fertilidad.

El nombre de la romería se conoce por el del santo o la santa que allí se venera, el topónimo o una combinación de ambos. El escenario elegido como punto de encuentro para estas celebraciones era la encrucijada y que posteriormente, es el campo de romería y de feria. Estos pueden ser bosques, carballeiras; pueden estar mirando al mar, en las riberas de un río o ante gigantescas piedras o fuentes, montes… Estos espacios exteriores están rodeados de leyendas de apariciones, de curaciones y en los que se siente ese animismo, donde se anima lo inanimado: la Galicia mágica. En estas romerías no falta la feria, con sus productos artesanales y la fiesta. Conocidas son la de san Froilán en Lugo, «as herbas de namorar» de san Andrés de Teixido, «vai de morto quen non foi de vivo» al norte de A Coruña, o entre las más próximas en O Salnés, en torno al monasterio de Armenteira, que perteneció a Noalla y que narra el fantástico viaje al Paraíso de su fundador san Ero, leyenda dentro de la tradición céltica de los viajes al Más Allá, recogida en las Cantigas de Santa María de Alfonso X, o la de A nosa señora da Lanzada, romería y leyenda de las nueve olas, estudiada por Rafael Quintía Pereira (Vigo, 1971), Premio Luís Cuadrado 2010 publicado por la librería Nós, «… hoy en día las celebraciones se reducen a dos días el último sábado y domingo de agosto, hasta principios del siglo pasado la romería duraba toda una semana o más bien nueve días, era la conocida como Semana da Lanzada. Los devotos venidos de todas partes de Galicia e incluso de Portugal».

Tan conocida es la imagen de la fiesta, antes de estos años de la pandemia, como lo fue para nuestros antepasados. Cuando caía la noche, la gente se arreglaba para disfrutar de la verbena. Un ambiente amenizado por orquestas, bandas de música o grupos musicales que hacían las delicias de la juventud.  Antes de la medianoche la música paraba. Otro momento mágico, el de los fuegos artificiales que cubrían el cielo para dar paso a un nuevo día y al terminar la gente aplaudía. La multitud volvía a la plaza donde las orquestas volvían a hacer sonar sus melodías para seguir bailando, hasta que, los zapatos más nuevos que se estrenaban ese día, se lo permitían. Así terminaba la fiesta, haciendo recorrido por el pueblo para volver cada uno a sus casas y seguir celebrando, en la mayoría de los casos, al día siguiente.

La Voz también informa sobre las fiestas en honor de san Antonio. «La víspera hubo un animado folión en los alrededores de la iglesia que lució una espléndida iluminación eléctrica y a la veneciana. Como en años anteriores, fueron muchas las personas que acudieron a la villa». «Sin temor a equivocarnos, aseguramos que estas fiestas llevarán a Sangenjo un gran contingente de forasteros».

En la actualidad la fiesta de Santa Rosalía, la patrona del pueblo, se sigue celebrando por las mismas fechas, el 4 de septiembre. Se hacen procesiones en honor a la patrona y verbenas con orquestas a lo largo de la noche. Conocida es también la romería de San Roque, patrón de Portonovo. En este caso, esta fiesta dura alrededor de cuatro días; desde el 14 al 18 de agosto. Los días grandes de las fiestas del verano de Santa Rosalía acogen también ceremonias y celebraciones en honor a la Virgen del Carmen y de san Xinés. Coincidiendo con estas fechas tiene lugar la Feira da Cebola y de carácter también profano y gastronómico la conocida Festa da Raia.

En general en Galicia se celebran numerosas romerías a lo largo del año y son una parte esencial de la cultura gallega que perdurarán en la historia como tradición. Hoy en día algunas de estas romerías gallegas han sido declaradas Fiestas de Interés Turístico.

Las fiestas de Santa Rosalía

Si uno consulta la crónica de «Aquellos locos años veinte (Sanxenxo 1920-1929)», en las páginas de La Voz de Galicia se informaba de «la constitución de la comisión organizadora de los tradicionales festejos de Santa Rosalía, bajo la presidencia del alcalde» y se recoge el programa de fiestas de aquel 1920, durante tres días de septiembre, «digno de cualquier capital de primer orden», con entre otros números: «Día 3.—Al amanecer, 24 bombas de palenque (…) y las gaitas recorrerán las calles de la villa, tocando alegres dianas. Al medio día (sic) hará su entrada la laureada música del regimiento de Zaragoza, con su banda de tambores y cornetas. A las seis de la tarde, gran partido de «foot-ball», cucañas y juegos jocosos, en la Avenida de Augusto G. Besada. Al anochecer se verificará la conducción de la imagen de Santa Rosalía a la iglesia parroquial, cantándose seguidamente solemnes vísperas religiosas. A las diez, iluminación de todos los edificios de la villa y verbena, durante la cual se celebrará una función pirotécnica. Día 4.—Dianas y alboradas. (…) A las once, solemne función religiosa, en la parroquial, celebrándose una misa, en la que tomará parte la capilla de la Catedral de Santiago, y ocupará la sagrada cátedra un elocuente orador, que hará el panegírico de Santa Rosalía. Al terminar, paseo de moda en la Plaza de la Constitución. A las seis de la tarde, procesión de Santa Rosalía, llevando el estandarte el ilustre escritor, nuestro fraternal camarada D. Alejandro Pérez Lugín. En diferentes puntos del trayecto se cantarán villancicos, efectuándose la emocionante parada do la procesión frente al puerto. Las embarcaciones, artísticamente engalanadas, saludarán la presencia de la Imagen con nutridos disparos de morteros y bombas reales, finalizará la fiesta con una gran batalla de llores y serpentinas, en el mar. Día 5.—Dianas y alboradas. (…) A las once, función religiosa en honor de Nuestra Señora del Carmen, cantando en la misa distinguidas señoras y señoritas de la población y la colonia veraniega. (…) A las seis de la tarde, procesión marítima de la Virgen del Carmen. A las once, baile popular. A la misma hora, gran baile regional, al cual asistirán las señoras y señoritas vistiendo precisamente el típico traje del país, (…) los pueblos importantes, tienen a gala (…) los trajes característicos de cada localidad».

Ana y Manolita explican los cambios que ha ido experimentando el oficio de las redeiras

Dos mujeres para explicar el oficio de redera

¿Quiénes son las redeiras o rederas y por qué hasta hace poco han sido invisibles para la sociedad? ¿Es el suyo un trabajo sencillo? ¿Cómo se lleva a cabo en la actualidad? El pasado 22 de marzo recibimos en nuestro instituto la visita de Ana Cancela Muras y Manolita Domínguez Outeda. Estas dos mujeres guardan una estrecha relación con el mundo de las redeiras: Ana Cancela escribió un libro, Mulleres entre redes (2015), que trata de recoger y proyectar el arte de este oficio, mientras que Manolita fue durante casi toda su vida una de estas mujeres entre redes. Como ella misma dice, se hizo redera con tan solo 13 años y no deseó jubilarse hasta los 76 años.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, una redera (redeira en gallego) es una mujer que se dedica a hacer redes. Pero esto no es tan sencillo. Las rederas deben confeccionar las redes, arreglarlas en caso de ser dañadas y, en el pasado, debían además teñirlas con corteza de pino.

Las redes, desde los inicios de la pesca, han sido indispensables para ejercer esta profesión, ya que son esenciales para las labores de captura y retención de peces, principalmente. Y es gracias a estas personas que a mano son capaces de crear algo que ni una máquina moderna es capaz de arreglar. Es un trabajo forzoso y complicado que millones de personas (la inmensa mayoría mujeres) han ejercido durante siglos, y nunca se les ha reconocido ese esfuerzo y dedicación hacia su profesión. No solo estaban muy mal pagadas, sino que tenían muchos problemas derivados de su trabajo, especialmente en la zona lumbar.

 

Manolita, redera

«Si no hay redes no hay barcos, pero mientras exista una embarcación en el mar, habrá una redera en tierra»

—¿Cuánto cree que nos llevaría a alguno de nosotros aprender el oficio?

Aproximadamente un año, si decidimos practicarlo con la ayuda de una redera que se dedique de manera profesional a esta labor. Si decidimos hacerlo por un curso de formación, sería el doble. Pero la formación no es mejor, pues de nada te sirve la teoría si no lo pones en práctica. Además, la formación que se da en los cursos impartidos por toda Galicia es de menor calidad en comparación a los que dan en otros sitios de España como el País Vasco, que tiene su propia Escuela de Rederas. Además, allí nos tienen en muy alta estima a las rederas gallegas.

—¿Existen hombres que también se dediquen a esta profesión o es exclusivamente de mujeres?

Al principio, no existían hombres que se dedicaran a esta labor, pues recordemos que solo era considerado una ayuda al sector, no un oficio. Pero con el paso del tiempo, aparecieron hombres dedicados al oficio por la zona andaluza y mediterránea. Hoy en día en Galicia sí que hay algunos rederos, en Vilagarcía empieza a haberlos, pero la inmensa mayoría siguen siendo mujeres. 

—Si pudiera definir la profesión en dos palabras, ¿cuáles serían?

Para mí el trabajo fue maravilloso. No lo cambiaría por nada; ni por modista, ni por bordadora, ni por nada. Eso sí, era un trabajo muy duro y esforzado. Las redes las teníamos que teñir a mano y teníamos que levantarnos muy temprano y no volvíamos a casa hasta muy tarde, eran muchas horas. Pero no me pesó.

—Desde su punto de vista, ¿cuál cree que será el futuro de esta profesión?

Pues si siguen desapareciendo barcos, porque ya quedan pocos, esta profesión acabará desapareciendo. Puertos importantes que había como Sanxenxo, Portonovo, están pasando a ser deportivos y turísticos, por lo que esta profesión acabará por extinguirse, ya que si no hay barcos no hay rederas, y sin rederas no hay barcos. Lo que puede afectar a todo el sector pesquero gallego. Además, casi no hay reemplazos ya que los jóvenes no se interesan por este tipo de profesiones.

   

Si pudiese cambiar dos cosas para mejorar la situación laboral de las redeiras, ¿cuáles serían?

En primer lugar, poner un horario fijo y sobre todo un sueldo fijo. Aunque ya se estén poniendo en práctica algunas medidas para mejorar la situación, son de momento insuficientes. Aparte, algo importante es que todas las rederas pudieran acceder a la nave, donde las condiciones son mucho mejores que al aire libre en el muelle. A ella solo pueden acceder muy pocas personas, normalmente de la confianza del que finanza la nave, y las demás tienen que estar afuera con el frío atando las redes. Es algo muy injusto y que debe cambiar. Aún así, las condiciones mejoraron mucho desde que empecé hasta hoy en día, pero hay cosas que siguen teniendo que cambiar.

—Le gustaba su vida…

—Llegué a tener treinta y cuatro aprendices atadoras a mi cargo, todas muy jóvenes. Tengo mil anécdotas: una vez había dejado un momento a las jóvenes solas en la playa y cuando volví a buscarlas, allí no estaba ninguna. Resultó que se habían ido al muelle por la llegada en yate del cantante Julio Iglesias. No me enfadé, eran muy niñas. 

En efecto, esta labor de toda una vida dedicada a este oficio se le reconocía públicamente a Manolita en el año 2019 con la Raia de Ouro en la celebración de la vigesimocuarta Festa da Raia de Portonovo.

 

 

 

 

 

Ana Cancela, investigadora

«Vas viendo esas imágenes que te hablan del relato de la invisibilidad»


Ana Cancela Muras (Santiago de Compostela, 1957). Licenciada en Filosofía e Ciencias da Educación, por la Universidade de Santiago de Compostela. Estudios de máster y graduada en Belas Artes por la Universidade de Vigo. Reside en Sanxenxo desde 1991. Desde 1993 a 1995 imparte los primeros cursos de pintura patrocinados por el Concello de Sanxenxo, siendo la iniciadora de la actual Escola Municipal de Arte. Es directora del Seminario de Estudos Locais de Sanxenxo (SEL) desde su creación (2009-2019). Autora de Mulleres entre redes, do invisible ao visible.

—¿Cómo nace la idea de escribir el libro “Mulleres entre redes”?

-Todo nació de un proyecto que hice en la carrera de Bellas Artes, que comencé a mis cincuenta años. Consistía en un libro ilustrado, pero yo quería llegar más lejos. Quería concienciar a la gente y reivindicar un oficio donde tradicionalmente la mujer es la protagonista, y decidí embarcarme en este mundo de redes. Investigando encontré la foto de Manolita Domínguez, y desde ese instante supe que quería conocerla en persona. Y por ello me fui hasta el puerto de Portonovo, donde no solo encontré la información que me faltaba para completar mi trabajo, sino que salí de allí con una amiga que me quedará para toda la vida.

 —Ana Cancela XI premio Sanxenxo na Historia, mujer, y comprometida con la historia y la cultura local, ¿desde cuándo?

 Desde que era niña…mi abuelo era un aficionado a la arqueología y siempre me llevaba a donde estaba un castro. Me enseñaba cómo se distinguían las piedras. Por ejemplo, él me decía que cuando viese una piedra en forma de quesito no la tocara que esa piedra era del castro, porque los castros tienen esa forma redonda y tenían que tallar las piedras con esa forma, las hachas prehistóricas. Era un enamorado y a mí me inculcó ese amor por nuestra cultura local. También me contaba muchas historias y leyendas y eso me quedó.

En 1976, tuve una asignatura que se llamaba Antropología Cultural de Galicia, y ahí descubrí un mundo también. Teníamos que hacer trabajo de campo —investigar las cosas, que nos pasaban, fotos que nos explicaran, escuchar…—, e hice un trabajo sobre el patrimonio inmaterial de Sanxenxo, sobre todo de Dorrón, que era donde yo vivía. Ahí descubrí la gran sorpresa de que la gente me abría las puertas, me contaba las historias, las leyendas, las creencias, los ritos… En 2009, estudió Bellas Artes, con 52 años, «ya ves que nunca es tarde, se puede hacer de todo, no hace falta hacerlo de joven, también de mayor se pueden hacer cosas, y ahí, en Historia del Arte, tuve un profesor que fue director de patrimonio de toda España, y era una caja de sabiduría. Él estaba muy empeñado, en que los estudiantes aprendiéramos a estudiar, investigar y catalogar el patrimonio que teníamos en nuestro lugar de origen. Entonces, más o menos, en esa época, empecé también a pensar en hacer algo en Sanxenxo». 

—¿Cómo nació el Seminarios de Estudios Locais de Sanxenxo? 

En 2009, a raíz de este trabajo que hice para la facultad empezamos un grupo de amigos  a investigar y estudiar, y como no queríamos formar una asociación, nos amparamos en una asociación de Santiago que llevaba uno de los integrantes y decidimos empezar a trabajar.

—¿Qué fue el SEL?

El SEL no era una asociación, cosa que ahora sí es, era una sección de una asociación que se dedicaba al estudio del patrimonio tanto material como inmaterial de Sanxenxo. Decidimos que nuestros objetivos tenían que ser muy claros, teníamos que estudiar, o sea investigar, conocer, después catalogar y por último divulgar. Es muy importante que todo eso que se estaba investigando durante un año la gente lo conociera, además lo estamos viviendo ahora. Aquí hubo un profesor que se llamaba don Pepe [Álvarez] que tiene unos estudios muy buenos de las mámoas de Sanxenxo, en Chan da Gorita. Empezamos a hacer rutas para que la gente lo viera y en ese momento podíamos ser diez personas o quince, y desde entonces, todos los años se hace una ruta para que la gente sepa que están ahí.  Este año se volvió hacer hace quince días y nos encontramos con 200 personas. Como la gente sabe que hay eso ahí —resulta que una persona, dueño del terreno iba a hacer un viñedo e iba a arrancar todo—, se paró. De ahí nuestro objetivo: conocer y dar a conocer, divulgar. Después además de con charlas, hacíamos que eso constara, que quedara en papel, entonces se empezaron a hacer libros y eso realmente es el SEL.

—¿Cómo fueron aquellas primeras reuniones? ¿Cómo empezó a trabajar el SEL? 

El SEL lo que quería era que se sumara gente, entonces empezamos a investigar qué gente tenía trabajos sobre Sanxenxo, y nos llevamos una sorpresa. Es una afición, como la que yo tenía, y entonces empezamos a reunir a vecinos, asociaciones, colectivos, a gente de la universidad que trabaja también con Sanxenxo..

—¿Cuántas personas erais en el SEL?  

En el SEL éramos diez personas; trabajamos siempre, nos reuníamos y decíamos, qué gente hay en Sanxenxo que trabaja en esto: Victoriano Otero; secretario del Ayuntamiento con numerosos trabajos y trabajos; Rafael Fontoira, que fue el director de patrimonio de Pontevedra o Jorge García Camaño, que llevaba una revista en el pueblo, la Revista Adina, que tenía unos trabajos impresionantes. Además de asociaciones de baile regional que están haciendo un trabajo de recuperación de todo el patrimonio. Fuimos trabajando con todos y después también entre nosotros. «A mí que me gustaba mucho el patrimonio religioso, empecé a catalogar iglesias, los retablos, las figuras…, todo eso es muy importante, porque si uno no sabe lo que tiene en su iglesia, igual viene el cura y lo vende, por ejemplo. Incluso, llegamos a conseguir dinero para restaurar». 

—¿Qué destacarías de lo realizado por el SEL en sus 10 años de existencia?

Lo más importante para mí son los libros, digo trece, pero son catorce, que se publicaron en diez años, que son muchísimos, porque es muy complicado publicar libros, y en esos libros lógicamente, recogemos todo, y entonces eso queda ahí, ya no se pierde. Imagínate, que solo hiciéramos las charlas, se hacían en agosto y eran tres días y cada día eran tres charlas.. El SEL ahora desapareció, ahora se llama AELOS, pero aunque desaparezca AELOS, esa investigación de todos esos años queda ahí.

Algunas de las portadas de Sanxenxo na historia

—¿Por qué haces es diferenciación, que siempre dices que hay trece, pero hay catorce?

Porque a veces cuento, y me olvido de uno, porque lo hicimos dos veces. Era la ruta del Padre Sarmiento, rodeando el Salnés, primero se hizo con un pintor portugués una parte, y después se quiso hacer la segunda. En realidad son catorce libros.

—Entre tus trabajos está la publicación del libro Mulleres entre redes, que pone el foco de atención en una de las profesiones más ancestrales, ¿cuál fue la motivación?

Yo estaba en Bellas Artes, terminando. Una de las asignaturas se llamaba Libro de Artista, que es una asignatura preciosa, porque tu trabajas el libro del principio al final, lo maquetas, lo haces, la portada… Decidí buscar un tema que pueda servir para la asignatura, pero también para el SEL. Buscaba algo además con lo que pudiera reivindicar algo. Que no fuera solo un libro de artista, sino que también reivindicara algo a través del arte, dar visibilidad a algo. Entonces, me puse a buscar temas, y en Internet, encontré una foto de una redera de Portonovo, que se llamaba Manolita.  Me puse a buscar información y no encontraba nada. Pensé, estas mujeres son invisibles, son totalmente invisibles. Me costó muchísimo encontrar información sobre ellas. Al final encontré un trabajo de una tesis doctoral, que es un trabajo también de universidad, por una chica vasca, un trabajo sobre las rederas gallegas (Gobernanza y empoderamiento: una relación posible. El caso de las rederas gallegas, de Patricia Martínez García). Aquí no existía nada en aquel momento, por eso decidí dar visibilidad a las rederas a través de un libro artístico.

—El mar sigue siendo un espacio vetado para las mujeres…

Yo creo que lo fue y lo sigue siendo, pero menos. Ahora estoy viendo que ya hacen congresos de la mujer y el mar, y se está tratando de dar visibilidad. Solo entre las rederas y las mariscadoras son el 25% del sector pesquero. Son muchísimas, y ya no hablemos de la gente que trabaja en las conserveras, en las plazas de abastos, las pescantinas, todo eso son mujeres del mar, son gente que están trabajando en el sector pesquero o para el sector pesquero. Realmente sí, fueron totalmente invisibles, debido a que a estas mujeres se las miraban como que trabajaban para una ayuda familiar, pero no eran [considerados] oficios aunque realmente son oficios, y son oficios muy duros. 

—Hoy hablamos de conciliación familiar, entonces en la primera mitad del siglo XX, ¿cómo sería la vida y la realidad de una redera?

Muy dura, yo por ejemplo no tenía ni idea, la verdad. El hecho de conocer a Manolita, la mujer de la foto. Esa persona me pasó todas sus fotos, pero también me contó toda su historia y la historia de las rederas desde que era niña. Realmente era un oficio muy duro. No tenían fines de semana, tenían que trabajar muchísimas horas al aire libre, después si tenían hijos tenían que llevarlos con ellas, los niños se criaban en las redes, empezaban a los 12 años, incluso algunas antes. Algunas niñas no iban a la escuela y las que iban, a los 12 o así, ya los padres les decían «ala, a traballar!». Contaba Manolita, cuando vine [al instituto], la otra vez, que las niñas ricas de Portonovo se hacían modistas y las niñas pobres se hacían rederas, pero hoy en día está considerado una profesión, desde el 2009, o sea, desde ayer se puede decir. Tienen sus sueldos y el mismo problema de conciliación que cualquier mujer de hoy, que también lo tienen. Es difícil la conciliación familiar tal como está el mundo laboral, pero no tiene nada que ver con lo que vivieron estas mujeres. No solo era trabajo de rederas, [era el] trabajo de casa, el trabajo del campo, y aparte los patrones para los que trabajaban les encargaban otra cosa, desde limpiar el pescado, limpiarle la casa,… ¡Era terrible! 

—En el libro la fotografía juega también un papel relevante para hacer visible esa realidad…

Sí. Jugué con la fotografía. Tenía las fotografías antiguas que me dio Manolita, fotografías actuales que saqué yo. Las trabajé simplemente para reforzar el relato de la invisibilidad. Las trabajé mezclando. Mezclaba antiguas con modernas con un programa de música electrónica que se llama Pure Data, pero que también mezcla fotografías y queda como un collagedigital. Siempre hay [imágenes] dando a entender esa invisibilidad, que están tapadas, cegadas por la red. Intervine también en fotografías por grabados. Hice muchos grabados de redes. En el grabado se pone una red, le pasas un rodillo de tinta por encima, y después lo pones en una especie de plancha muy grande y le colocas el papel por encima, eso tiene un rodillo que pesa mucho y deja en la imagen una huella de la red preciosa. Mezclé estos grabados de las redes con las fotos antiguas mediante Photoshop, hacía como recortes, dando a entender esa invisibilidad. Cuando ves el libro, vas viendo esas imágenes que te hablan del relato de la invisibilidad.

—En la reconstrucción de la historia local de Sanxenxo, háblanos de los fondos fotográficos de la Asociación.

Para nosotros las fotos es lo más importante que tenemos. Las fotos pueden ser el origen de un tema, el punto de partida; o estás trabajando un tema, y encuentras una foto que te lo refuerza. Es muy importante la fotografía. Nos da a entender cómo se vivía, cómo estaba, cómo era aquello. La gente, a lo mejor no lee [nuestros libros], pero les gustan por la fotografías. Los libros hicieron un efecto llamada sobre la gente. Nos llamaba para ofrecernos fotos y nosotros encantados de la vida. 

—¿Cuál es la foto más antigua que se conserva de Sanxenxo?

Ahora mismo ese dato no lo puedo decir, porque tengo tantas que no recuerdo exactamente. Tengo una de Sanxenxo, que no es de las rederas, de 1900. Que tengamos nosotros no sé decirte. Son muchas. 

—Después de esos 10 años del SEL, ¿Sanxenxo tiene historia?

Sí. Si realmente Sanxenxo no tuviera historia, hubiésemos hecho un libro y se acabó, Pero si se hicieron 14 libros y ahora sacaron otro, uno más, 15. En fin, que hay mucha historia, y hay mucho que contar aún. Ahora, la asociación, que se llama AELOS, la lleva Marcelino Agís y están casi todos los que empezaron conmigo y hay gente nueva. Hay tema, tema y tema. Intentamos hacer jornadas en invierno para tener más trabajo, pero nos fue imposible, no cuajó. También intentamos involucraros a vosotros, a la gente joven, pero no llegó, queríamos hacer un concurso fotográfico dónde se os pasaban unos folletos que hablan del patrimonio que tiene Sanxenxo, y que se hicieran fotografías y después se exponían y había tres premios. No sé si porque me equivoqué un poco de vía para dar entrada, pero no tuvo éxito. Solo se presentó una chica. 

Rubén Martínez Alonso, As escaleiras do Gran Hotel, Premio Vicente Risco (2013)

«Os anos 20 teñen estética rompedora, e o papel que vai adquirindo a muller en España nos anos 20 culmina co dereito ao voto nos 30»

—Por que escolliches ambientar a túa novela no balneario de Mondariz?

Eu son de Vigo, e o Balneario queda relativamente preto. De neno coñecín as ruínas, xoguei nelas. Hoxe en día o edificio recuperouse, pero perdeu boa parte do seu encanto. Ese encanto funo coñecendo tanto polas postais fotográficas que vos estou a amosar como por noticias de prensa e pola propia revista do Balneario. O Balneario de Mondariz estaba pechado durante boa parte do ano, e a temporada de baños, que comezaba no mes de maio e remataba no mes de outubro, era cando se abría. O resto do tempo, estaba practicamente pechado.

Na época dos baños, o Balneario publicaba unha revista semanal chamada “La Temporada”, onde aparecen moitísimos datos que están no libro: as persoas que ían chegando nesa semana, os prezos e os menús que tiñan no restaurante do Gran Hotel… Mergullándote un pouco en toda esa información, descobres que era un lugar fascinante.

Como te documentaches para describir o Gran Hotel con tanto detalle?

Pois as postais que tedes proxectadas foron unha fonte importante de información, xa que para min a reconstrución dos escenarios axuda ao lector a introducirse na historia. É dicir, aínda que a historia e as personaxes son as que levan ou atraen o lector, penso que se non hai unha boa construción, se non hai unha recreación histórica máis ou menos fiel ou crible, a historia acaba diluíndose. Ademais da postais empreguei, como xa dixen, a prensa da época e a revista do balneario.

Por que lles dás tanta importancia ás escaleiras do Gran Hotel?

Cando eu era pequeno, coñecín xente maior que traballou no Gran Hotel e que falaba con abraio desa escaleira de honor ou escaleira principal do Gran Hotel. Uns dicían que era única no mundo, outros que estaba inspirada na dun palacio ruso, e o que máis chamaba a atención era que tiña unha parte voada, que semellaba non contar con apoio.

Dentro da novela, as escaleiras serán relevantes. Na literatura e na arte, as escaleiras sempre estiveron cargadas de simboloxía: o ascenso como idea de conquista do coñecemento, e o descenso como unha caída. As personaxes vanse mover continuamente polo edificio, subindo e baixando, descubrindo, coñecendo; será un recurso importante no libro.

Que teñen de especial os anos 20 para que sexa nesa época na que transcorre a novela?

Os anos 20 teñen estética rompedora, e o papel que vai adquirindo a muller en España nos anos 20 culmina co dereito ao voto nos 30. A muller vai cortando o pelo, as longas melenas que había antes da Primeira Guerra Mundial empezan a desaparecer, substituídas agora por peiteados moito máis funcionais. As súas roupas tamén se volven máis confortables, e as mulleres deixan de ter marcadas as cadeiras, a cintura e os peitos, aparecendo prendas de liñas rectas. Despois desa época de necesidades e carestía provocada pola Gran Guerra, é un momento de expansión. España está nos anos da ditadura de Primo de Rivera, non se alcanzará esa sociedade de consumo dos Estados Unidos, pero si que será unha época de certa estabilidade e comodidade. 

Se buscades a estética deses anos descubriredes a estética Art Déco, a da Exposición Universal de París. Estas exposicións estaban vinculadas ás revolucións industriais, xa que nelas se exhibían os grandes adiantos; a Torre Eiffel, por exemplo, era a entrada para a Exposición Universal de París de 1889. Nesta mesma cidade, París, inaugúrase no 1925 a Exposición de Artes Decorativas, e o coñecido como “estilo 1925” será o que se vexa nalgunhas das estancias do Gran Hotel, e sobre todo na vestimenta e na estética das mulleres destes anos.

As personaxes históricas das que falas, como Primo de Rivera, estiveron de verdade no Balneario de Mondariz?

Si, Primo de Rivera estivo no balneario no ano 1928, que é no que se ambienta a novela, momento en que vai sen a súa familia, e tamén no ano 1929, no que leva con el as súas fillas. 

Os altos cargos políticos contaban cunha seguridade que pretendía evitar ataques e atentados, aínda que esta despregadura era menor que noutras circunstancias, xa que se consideraba que era un lugar máis tranquilo. Con todo, hai que ter en conta que esta ditadura, que contaba co apoio do rei Alfonso XIII, atopábase neste anos finais nun momento crítico. Esta ditadura nacera como un período transitorio que ía devolver a España a orde pública e acabar coa inestabilidade, pero ao final pasa o que adoita ocorrer coas ditaduras: o ditador síntese cómodo e perpetúase, e unha ditadura que ía ser breve ao final acaba alongándose. No ano 1930 Alfonso XIII retiraralle a súa confianza e Primo de Rivera cae en desgraza.

Que importancia social e económica tiñan estes balnearios en Galicia?

Pois eran lugares de reunión das grandes fortunas. Seguro que vos sona Rockefeller. Pois foi un dos grandes millonarios que estiveron no Balneario de Mondariz. Grandes persoeiros acudían a este balneario, e alí tomaríanse grandes decisións económicas. De feito, cando estivo Primo de Rivera desprazáronse ata Mondariz os seus ministros para reunirse con el.

A vila enteira converteuse nun espazo no que interactuaban e convivían persoas de diferentes estratos sociais, o que era bastante curioso.

Por que cres que o Balneario de Mondariz foi entrando en decadencia ata o incendio dos anos 70 do século XX?

Todo ten a súa época de esplendor, e despois vive a súa época de decadencia. Xa sabedes que os ricos sempre tentan diferenciarse dos pobres, e non hai peor insulto para un rico que que pensen que é pobre, que non ten os cartos suficientes. Antes da Revolución industrial, a xente rica tiña a pel branca, porque os que traballaban no campo ao sol e estaban queimados eran os pobres. No momento en que a Revolución industrial comece en España, os obreiros e obreiras traballarán nas fábricas, e, como as luces eléctricas non poñen a ninguén moreno, volveranse brancos, igual cós ricos. Así, esa mentalidade, ese desexo de diferenciarse, será o que, entre outros motivos, cambie o modo de facer turismo. 

O balneario era un destino propio de finais do século XIX e principios do XX. A partir dos anos 20, nas décadas dos 30-40, comezará a cobrar forza un turismo que aínda agora triunfa: o turismo de praia. Os ricos son os que hoxe en día se poñen morenos, van á praia, van esquiar, os que poden facer moitas actividades, mentres que os pobres, ao non dispoñer de recursos e tempo libre, terán a pel máis branca.

No momento actual, dende finais do século XX e principios do XXI, recuperouse o costume de ir aos balnearios e os spa, que, ao estar en moitas ocasións en zonas rurais, permiten complementar esta actividade de saúde e descanso con actividades deportivas como o sendeirismo. Xa na época de esplendor do balneario se facía isto, aproveitando a estadía para visitar monumentos próximos ao balneario, como o castelo de Vilasobroso, por exemplo. Dende Mondariz collían os coches que, na época na que está ambientada a novela, aínda podían ser de cabalos, ou xa máis modernos, con motor de explosión.

En relación coa pregunta anterior, por que cres que Mondariz volve ser un destino importante dende hai uns anos?

Pois, porque ofrece unha alternativa ao turismo de praia, e adoita ter asociadas actividades deportivas e culturais, como veño de comentar. Aínda que o antigo Gran Hotel agora é un complexo de apartamentos e, polo tanto, non se pode visitar, parte do entorno, que si é accesible, está recuperado.

Pode compararse o balneario de principios do século XX co de principios do XXI?

Non, non hai punto de comparación. É certo que a sociedade cambiou moito nos últimos 100 anos, pero as esixencias dos usuarios deste tipo de servizos non. O Gran Hotel de principios do século XX sería hoxe un cinco estrelas gran luxo, mentres que o aloxamento actual non chega a ese nivel de excelencia.

O Gran Hotel sufrirá unha paulatina decadencia dende os anos 30 ata os 70 do século XX, cando arde, porque non soubo adaptarse aos novos tempos. O feito de que os cuartos non tivesen baño propio, a finais do século XIX, non era un problema; pero, ao longo do século XX, si que o foi. Tanto é así que, no ano 1973, cando se incendia, o edificio estaba sendo remodelado, e por iso tiña a auga cortada. Esta fatalidade, sumada a que os bombeiros máis próximos eran os de Vigo, levou a que o edificio quedase totalmente destrozado polo lume.

Os datos que aportas no teu libro sobre a sociedade de Vigo e as familias son reais? 

Si. Os nomes das familias aparecían en “La Temporada”, a revista que publicaban no Balneario semanalmente. Carolina e Tomás son personaxes ficticias, pero os seus apelidos son apelidos reais de familias podentes de Vigo: Bárcena, Labarta… xente que tiña negocios, empresas importantes. 

Era importante para ti amosar a unha protagonista moderna e liberada que rexeitaba os roles de xénero propios da súa época?

Si, porque foi sobre todo despois da Primeria Guerra Mundial cando o papel da muller comeza a cambiar. En España non se consolida ese cambio, esa evolución, pola ditadura franquista, que o que fai é frear os importantes avances que se conseguen na II República. Para o nacional-catolicismo ou a Sección Feminina, a muller ten que estar na súa casa, ten que ser unha boa esposa e unha boa nai. Non sei se algunha vez, por curiosidade, lestes algo sobre a formación que se impartía na Sección Feminina. Unha das recomendacións que máis me chamou a atención foi a relativa aos exercicios de ximnasia para as mulleres franquistas. Consistían en limpar a casa exercitando diferentes músculos: así tiñan a casa limpa e, ao mesmo tempo, estaban en forma. 

Resulta curioso comprobar, e é algo sobre o que reflexionei en máis dunha ocasión, como a mentalidade da miña nai, nacida a finais dos anos 50 do século XX, en moitas cuestións, foi máis conservadora cá da súa propia nai, nacida a principios da década dos 20 do mesmo século. A miña avoa viviu a época da II República e, para ela, as relacións sociais e os noivados gozaron dunha liberdade moi superior ós da súa filla, miña nai, que asimilou unha visión franquista moito máis retrógrada.

Neste libro, es un novelista que fala de Historia ou un historiador que escribe unha novela?

A miña formación é en Historia da Arte, e no libro queda claro, de forma evidente, que me fascina toda esa época a nivel histórico e artístico, pero é unha novela. Está fundamentada e ambientada nunha época histórica á que tentei ser fiel, pero será a obra dun novelista que aproveita a súa formación en Historia, non é unha novela histórica.

Ademais deste libro, tes publicado algo no que a Historia teña a mesma importancia?

Si. De ambientación histórica teño outro centrado xa na época franquista. Do que vos falei hoxe transcorre no 1928, mentres que Vila Suárez está ambientado nos anos 40, e nel ocúpome do cambio que se vive en España nestes anos, pero dende o punto de vista da elite. A visión que temos nós da ditadura de Franco, moitas veces, é a das clases medias, a da carestía e as necesidades, pero a novela centrarase en como estes grupos privilexiados viven nun mundo totalmente diferente, no que o diñeiro o consegue todo. Aparecerá, por exemplo, a visita de Eva Perón a España, seguindo o mesmo esquema que para As escaleiras do Gran Hotel: partir de personaxes ficticias e insertalas nun contexto hitórico real e todo o ben documentado que se poida.

Escribir é o teu traballo a tempo completo?

Non. Vivir do que escribes é moi complicado. Eu son profesor de Xeografía e Historia, tamén de secundaria, e o da escrita é algo que me gusta facer, pero non me daría para vivir disto. Oxalá puidese, pero non.

Xaime Corral, libreiro e editor: «Estes traballos máis locais fannos ver a realidade global do que aconteceu en Galicia»
Xaime Corral Prieto (Sanxenxo, 1953), fundador da librería Nós, a primeira de Sanxenxo, en 1978. Fixo fronte a unha época, na que unha gran parte da sociedade comezaba a abrir os seus ollos, por medio da lectura, a un mundo que ata entón percibíase de maneira monocromática. Hoxe en día é unha das librerías máis importantes de Sanxenxo, así como unha editora de publicacións sobre esta localidade e da súa xente.

—Xa que somos adolescentes, para ti, que libros marcaron a túa infancia,  a túa adolescencia…?

 Teño como norma as lecturas en tres ámbitos: lecturas de clásicos; lecturas, por razóns de traballo e lecturas en galego. Nese ámbito me movo sempre. Tamén trato de mudar, de cambiar permanentemente esas lecturas. Por mencionar algúns libros, pois todos os libros de historia me interesan, tamén a literatura de posguerra. Na actualidade, por razóns do meu rol de libreiro, teño que estar, as veces, con lecturas moi diversas. Algunhas gustan, outras non, pero o teño que levar a cabo por mor dos clientes que me preguntan.

—Falas de que ti es libreiro, que é ser libreiro?

A miña vocación de libreiro deriva de que eu estaba estudando para ser mestre e, por razóns de saúde, tiven que deixar de estudar. A decisión de montar unha librería, sempre me seduciu. Nese momento tiña razóns suficientes. Ao non ter unha canle de traballo que non era o que eu prefería, que era ser mestre, decanteime pola librería. Tamén hai que dicir que naquel momento, en Sanxenxo, non había ningunha, estou falando do ano 78. Ese foi o motivo de abrila. Como libreiro, gústame moito servir a ser un referente, un punto de encontro de todo movemento cultural que poida dar vida.

—E, en canto a túa persoa, como nace ese activismo e o interese pola cultura en xeral, e en particular, pola historia e a cultura local de aquí?

Dende o ano 75, estou inmerso en moitas actividades. Empezaron polo deporte e o apoio a todo o etnográfico, e logo apareceu o momento das reivindicacións de corte máis social e público. [Ese activismo cultural] nace practicamente nunha asociación de veciños que naqueles momentos tiña moitas actividades. É unha explosión do pos-franquismo. A parte de facer reivindicacións das cousas públicas, naqueles momentos difíciles, xa que non había medios, sempre celebrábamos unha semana cultural. Fundamos esa asociación o 30 de decembro do 77 e durante tres ou catro anos foi tremenda a actividade nesa Semana [Cultural]. Naquel intre, pasou toda a acción teatral que había en Galicia, todo o cine, estou falando de Roberto Vidal Bolaño, de Chano Piñeiro, Suso Vaamonde, A Roda (grupo musical)… Era un campo do que me apetecía facer, de aí que fundara a librería no 1978.

—A librería como naceu?

Naceu derivado de todo isto que vos estou contando, da miña situación particular, porque os meus problemas eran de visión e conseguintemente tiña que buscar unha alternativa de vida. No ámbito onde vivo, onde nacín e onde penso seguir vivindo sempre que é o Concello de Sanxenxo. 44 anos despois, a librería Nós segue aberta.

—Foi doado para ti facer este proxecto?

Xurdiu a vantaxe de que non había [librerías] alternativas na vila. Estamos falando dunha sociedade que era moi distinta. Onde alumeaba todo o que estaba por vir despois dunha etapa tan longa de ditadura, do franquismo. Un amigo que hoxe é maxistrado en Madrid, un lector empedernido, axudoume moito. El estaba estudando dereito en Santiago e eu quedárame aquí —hoxe mantemos unha boa amizade—. E foi o que me empuxou a abrir a librería. Despois, esa situación mercantilista de non competencia permitiu que se sustentara. A librería non é un negocio que sexa moi rendible, pero si que me permitiu saír para adiante. Naquel momento tamén axudou moito á supervivencia que o alumnado era moito maior do que é hoxe nos centros escolares, naquel momento nas aulas, cada curso de primaria tiña de 30 a 45 persoas en cada aula. Hoxe, a realidade é outra moi distinta. Iso ao longo dos anos permitiu a fortaleza da librería que é hoxe.

—Nesa preocupación polo local, está o papel da librería como editora, cóntanos.

 Si, ese papel é un papel con moito risco, pero que ven derivado tamén das amizades que rodean a librería. (Despois de invitar as entrevistadoras a que escribamos tamén, X. Corral cóntanos). Este amigo meu, que vos comentaba antes, sempre tivo moita tendencia á escritura, paralelamente ao seu traballo. Tivo un proxecto de triloxía da que xa ten na rúa dous volumes, un Sanxenxo desde a perspectiva da paisaxe, das mulleres e dos amigos. Con esa percepción que tiña editamos Luz, vento, arena e mar, un relato de sete contos precioso, algún de eles moi logrado e que tivo un éxito tremendo. Hai que dicir que estas edicións locais, sempre chegan moito ao corazón dos veciños. Despois [publicamos] Lilainas, unha homenaxe ás mulleres de Sanxenxo. Queda pendente [o terceiro] aos seus amigos. E paralelamente, tamén, como lle gusta moito a poesía, editamos tamén del dous poemarios. Un, co gallo do 40 aniversario da librería,  40 poemas para un universo de papel e, recentemente, publicamos un máis íntimo, En un recodo de los sueños. Son amigos que queren publicar e non é fácil publicar. Hai un compoñente de amizade e de risco. O que buscas é que, o teu amigo neste caso, vexa publicado e visualizado nos andeis e nos escaparates a súa obra. Coñecedores de que non é fácil chegar ao editor, entregarlle un texto e que ese texto vexa a luz. Edítanse moitísimos libros en España, sobre 70.000 ao ano.

Facendo un paréntese, se me permitides, teño un cliente que é un gran lector da librería, que sempre fai un cálculo que é curioso. Supoñamos dun gran lector, ímonos poñer nesa hipótese de que é un libro por semana. Se vou ler durante 50 anos da miña vida, 50 libros anuais, que é unha cifra para un lector, xa importante —a media de nós non imos ler iso, eu non leo iso—, 50 por 50 anos lendo son 2.500 libros. Se se publica a cantidade que vos dicía antes, imaxinádevos o nivel lector que tiña que ter este país para poder ler semellante nivel de publicación. Esta é a realidade. Outra cousa é que despois esa publicación non quede nos andeis dos almacéns, porque non hai saída suficiente. Entón, pénsase que moitas editoriais, lamentablemente, vouno dicir así un pouco bruscamente, «queiman» moitos libros ao longo do ano, porque fan apostas e ese mercado que non asimila, entón non queda outra opción que, ás veces, descatalogalos e saldalos. Outro amigo, traballou moito sobre a figura do aviador Piñeiro, un acróbata, un tolo por así dicilo da aviación que, a principios do século pasado, instálase en Sanxenxo, pero nativo de Mugardos, cerca de Ferrol, como xa sabedes. Aquí, monta unha fábrica de gaséoas e durante uns meses é alcalde incluso. E deste amigo, tamén letrado —estes letrados sempre teñen unha tendencia a escribir— publicamos a biografía (El vuelo de la gaviota), que tivo moito éxito. Conseguimos tamén que estivera nos centros galegos de todo o mundo.

—Por que o Premio Luis Cuadrado?

Como non tiña capacidade de facer nada, nin de levar a cabo ningunha investigación… porque a veces intentas cousas, pero… son unha persoa moi pouco disciplinada e moi pouco preocupada polo meu, sempre estou en loitas alleas. Sempre pretendía investigar sobre o municipio, sempre facer cousas sobre o municipio. E entón decidín dar corpo a un premio que denominamos Premio Luis Cuadrado. Buscaba premiar a investigación e a cultura e historia tradicional do noso concello. Quen fixera traballos sobre o antes, o presente e tamén sobre o futuro. Hai pouco traballo sobre o noso pasado. Os concellos turísticos teñen unha tendencia a esquecerse de moitas cousas. Este premio fundámolo con esta misión, que a xente nova —precisamente os que estades estudando, os que estades formados…— traballase sobre todos estes campos. Incluso tamén sobre proxectos de futuro para ver como se pode incluso romper este monocultivo do municipio que está esperando a que chegue a Semana Santa para que haxa unha revolución, para que empecen a picar as pedras para os pisos para o verán. Nesto morre o municipio como podedes comprobar. A primeira edición do premio tivo varios traballos presentados. O premio, dotado con 1.500 euros, démosllo a unha moza, licenciada en Belas Artes e que vive por aquí, pola Adina pero que é natural da Carabuxeira e que fixo un libro que se chama Pasaxes da memoria. Un libro do que aconteceu no concello —deses temas tabú e que seguen tendo moito de tabú— do trinta e seis aos cincuenta. Aí hai como sabedes unha situación dramática da posguerra. De moito interese, prologado por Xesús Alonso Montero, e como dicía, na presentación e máis no prólogo, estes traballos así máis locais fannos ver a realidade global do que aconteceu en Galicia, nesa etapa tan triste. Noutra edición premiouse un traballo moi interesante A Nosa Señora da Lanzada, sobre o que significa este santuario milagreiro. E tamén houbo outros dous premios: un sobre a Igrexa Parroquial de Sanxenxo, un traballo profundísimo, moi amplo, moi detallado,  pero non hai suficiente apoio para que poida defender o costo da publicación. Son temas moi concretos que a xente, exceptuando algunhas persoas interesadas, non o van a mercar e mídeste moito á hora de publicar. Outro traballo por Alba Hernández sobre un tema moito máis medioambiental da Lanzada, moi técnico e con moita documentación, non se chegou a publicar nunca. Coa editorial Everest, traballei moitísimo co profesor Solla de Turismo da Universidade de Santiago, editamos unha guía de Sanxenxo, máis comercial, que está sendo unha auténtica ruina xa que neses momentos aparecen os sistemas de xeolocalización e non tiven coraxe para decirlle «te pago los gastos y déjalo ir». Esas son as aventuras de editor. Como podedes ver a amizade e publicar cousas do concello son os parámetros onde me movín sempre.

—E volvendo ao tema da librería, despois de tantos anos aberta, cal é a túa maior satisfacción?

Comentábao o outro día ao presentar un libro de Marta Martínez Novoa.  Quizáis a maior satisfacción a pesar de que pola librería pasou xente relevante e aquí (refírese ao instituto) tamén propiciaron o Certame Literario e obrigaba a traer xente relevante de Literatura Galega —fixemos cousas moi importantes con toda a xente da Literatura Galega e non Galega—, pero o outro día para min foi unha das maiores satisfaccións. Fixemos a presentación do seu libro en Sanxenxo. Esa é das maiores satisfaccións. Ver unha rapaza, como vos, que viña a mercar os libros á Librería Nós coa súa nai —aparte dos manuais escolares e as lecturas que os profesores vos recomendan—, ver como chegou a unha formación académica relevante, psicoloxía, exerce e ven presentar o seu libro —vos que estades en Instagram e todas esas cousas, parece que ten cerca de 300 mil seguidores—, Que sea amor del bueno (publicado por Planeta). Pois ese foi para min o momento máis doce. É unha sensación tremenda. Ver que a pesar de que unha librería é un negocio como outro calquera, ver que fuches capaz de aportar os manuais, as lecturas suficientes para a formación dunha persoa. Satisfai moito. Porque pensade que vos estades nun instituto [de Sanxenxo] e, cando eu abrín a librería o instituto que había era o de Pontevedra, hoxe tedes dous institutos no municipio, ese esforzo tamén mudou. E nese sentido foi una sensación tremenda porque ves reflectido o teu traballo.

Algunhas das publicacións sobre Sanxenxo

—No futuro das librerías e a súa función cultural, ves o vaso medio cheo ou medio baleiro?

Boa pregunta. Eu creo que debemos de ser axentes e dinamizadores do noso entorno. Se non se fai algo desde a librería é complicado sobrevivir. Obviamente aquí non temos moita poboación. Esa é unha realidade, que tamén dificulta. Sempre na etapa máis estival é onde nos movemos máis. Creo que as librerías están obrigadas a dinamizar a súa contorna. Agora demos un paso importante que foi a aparición da nosa plataforma propia. Os libreiros españois temos unha plataforma que se chama todostuslibros.com onde ides atopar todos os libros que queirades. Neste momento, nesa plataforma están cinco millóns de volumes e un millón catrocentos, me parece, de títulos distintos, cousa impensable. O digo porque a tendencia vosa é ir sempre a plataformas destas tan coñecidas, pero os libros xa teñen a súa plataforma propia. Nos estamos vendendo libros ao resto do estado en 24 horas.

Tanto no mundo dos libros como na agricultura empeza a haber plataformas propias dos colectivos e eses son o medio que creo que hai que utilizar, sobre todo vós, porque senón isto complícase moito. Non se lle pode dar o diñeiro a un señor que está en Silicon Valley.  A pasta hai que darlla á proximidade porque vai repercutir en ti. Hoxe os lectores españois non teñen ningunha necesidade de acudir a unha plataforma allea ao colectivo libreiro español. Na librería non teño moitos libros con moitos anos. Mañá vai vir á librería a Televisión Española para facer unha reportaxe sobre un autor e teño un libro [seu] do noventa e sete (Como una linterna apuntando el sol, poemario do periodista e escritor sansenxino Manuel Jabois). Quero dicir que atopas libros que están descatalogados por completo. O convenio que o colectivo libreiro [fixo] con Correos, permite poñer en 24-48 horas o libro en calquera punto do Estado.

—Xa para rematar, ao principio contáchesnos que libros marcaron a túa infancia ou adolescencia e, agora pregunto, que lle diría o lector adulto Xaime Corral de hoxe, ao lector neno ou adolescente de onte?

Se me permitides… Na librería Nós existe un andel con todas as publicacións dos autores nacidos en Sanxenxo. É un escaparate propio para todos os autores locais. Volvendo á pregunta, quería incidir —dixen antes que había que animarse a escribir de vez en cando— na [necesidade da] lectura. Que pisedes moita biblioteca porque a lectura vaivos facer máis libres, máis críticos. Cando salgades á rúa cos coñecementos, convén fortalecer [estes] coñecementos para a vida cotiá, a lectura é fundamental. Tedes que apoiarvos nas recomendacións do profesorado e usar moito a biblioteca e, se tedes algún recurso secundario, pois de vez en cando gastalo en libros. Neste momento a muller está lendo moitísimo, moito máis que o home. Na vosa idade está a lerse moito. Hai moitas ofertas neste momento no mercado para o mundo xuvenil. Así que convídovos a que leades, pisedes moito a biblioteca, porque nesa formación tedes vós o futuro.

                                                              

La casa de la Troya, la novela y su primera versión cinematográfica
La casa de la Troya, novela romántica y costumbrista, escrita por Alejandro Pérez Lugín (1870-1926) en la localidad coruñesa de Sada en 1914 y publicada en Santiago de Compostela en 1915, se ha convertido en una clave a la hora de mostrar cómo era la sociedad y la vida cotidiana de la juventud universitaria en una pensión de estudiantes y la sociedad de Santiago de Compostela a finales del siglo XIX. El propio autor la subtituló Estudiantina. Se han señalado conexiones con las llamadas novelas de campus, entre las que se encuentra El último estudiante (1883) de Emilia Pardo Bazán.

Del éxito de la novela, con una portada en la primera edición de Castelao, Premio Fastenrath otorgado por la Real Academia Española, dan cuenta sus más de cien ediciones. Ocupa el tercer lugar entre las obras que más veces se editaron en lengua española. Ha sido traducida a varios idiomas y ha sido llevada tanto al teatro como al cine en numerosas ocasiones. Cuenta con una casa-museo homónima en Santiago, inaugurada el 27 de febrero de 1993.

En la ficción, en esta casa se aloja el personaje principal, Gerardo Roquer, y sus compañeros de estudios, un joven madrileño que lleva una vida desordenada en la capital de España y es obligado por su padre a estudiar la carrera de derecho en Santiago, algo que él interpreta como un destierro.

La novela, basada en las experiencias autobiográficas del estudiante Pérez Lugín y ambientada unos años más atrás, nos permite una aproximación a la sociedad de entonces. La trama amorosa del protagonista y Carmiña, ingenua y dulce, es un pretexto para pintar la desenfadada y pintoresca forma de vivir de los estudiantes compostelanos; sus picardías, su forma ingeniosa para poder vivir sin dinero y aprobar sin estudiar. Un superficial retablo estudiantil que crea una imagen tópica de los estudiantes y transmitida a lo largo de los tiempos, con detalles de las actividades sociales relevantes de entonces, como lo eran el teatro, los bailes, las serenatas, los paseos, aspectos de la vida rural, junto a tradiciones y leyendas gallegas. Es de destacar la manera en la que la obra refleja las cuestiones de género determinadas por las costumbres sociales o la educación de finales del siglo XIX.

Un espejo de un mundo de hipocresía dominado por el hombre y donde se veían como normales aspectos como el sometimiento al poder patriarcal o el sufrimiento femenino por la falta de libertad. Los estereotipos del ángel del hogar que la sociedad imponía, convenciendo a hombres y mujeres de que la mujer debía de ser madre y esposa obediente dentro del hogar, «Carmiña era hermosa, elegante, inteligente, discreta, tenía mucho ángel». Una visión de las mujeres dependientes, ingenuas, pasivas y sexualmente reprimidas; mientras que los hombres se mostraban, sexualmente sin ataduras, inteligentes, valientes y duros. Una imagen también retratada en la publicidad y en el humor de la época presente en las páginas de La Voz de Galicia.

La primera versión cinematográfica (1924), dirigida y con de la adaptación de la novela homónima llevada a cabo por el propio autor del texto, Alejandro Pérez Lugín, escritor, periodista y cineasta, es una cinta muda, en blanco y negro, con una narración que, junto a los espacios interiores, «se enmarca en los exteriores de Santiago y otras localidades gallegas con la seguridad de que los vecinos iban a querer ver reflejados en la pantalla sus pueblos y ciudades» (María Vaquero Argelés, “La Casa de la Troya. Una visión de Galicia en papel y en nitrato”).

En 1925, Troya Films la estrenó en La Zarzuela de Madrid al mismo tiempo que en Barcelona. En Galicia, la película se estrenó en el Teatro Linares Rivas de A Coruña y mereció el aplauso tanto del público como de la critica. Apunta María Vaquero que «en numerosos planos y escenas podemos observar, además de los paisajes de los que estamos hablando, a numerosos extras reclutados en las mismas localidades de rodaje que aparecen realizando sus faenas cotidianas. Así tenemos a la lavandera, la lechera, los aventadores de paja, las cantareiras de la romería…».

La película, al igual que la novela, tiene un tono burgués y muy al gusto de la época. Los personajes usan el uniforme de su oficio y el teatralismo en la empatía con el espectador, incluso secundarios, como «Panduriño» en su papel de sujeto de origen desconocido que con su esfuerzo personal, sin amenazar, burlar ni estafar, eran primados por la sociedad, son del aprecio y del aplauso del público. De igual manera, los espacios de Compostela son tributarios de una arquitectura institucional y un marco escenográfico complaciente: la Universidad, Casino, cafés, sociedades, el Paseo de la Herradura, la Catedral, el abandonado Cuartel de Santa Isabel…, pero también la cámara se recrea en mostrar localidades y el paisaje de Combarro o Vigo con la intencionalidad de captar al máximo número de espectadores para el arte cinematográfico recién nacido.

La casa de la Troya, tanto como novela como película, no solo se basa en una historia estudiantina que evoluciona y termina de manera positiva y afianza la construcción del tópico de «la tierra gallega, con esa lluvia eterna que embellece los paisajes, con sus gentes cariñosas y de aferradas costumbres», por cuya visión de Compostela y Galicia, y de «lo más superficial y efímero», recibió severas críticas posteriores como la de Gonzalo Torrente Ballester, al ajustarse a «una sociedad anclada en los años bobos de la Restauración» (Antonio Bonet Correa, “Santiago de Compostela en tiempos de La Casa de la Troya); sino que también es un espejo para examinar realidades como la de las mujeres de aquellos años o el asunto amoroso como objeto de intereses paternales. «Las mujeres de clase alta eran educadas (Carmiña en uno de los mejores colegios de París), pero las mujeres de clase más baja no tenían acceso a la educación, pocas eran instruidas y se dedicaban en su mayoría al servicio doméstico o al campo. Si bien, en dos mundos tan aparentemente distintos y distantes social, cultural e ideológicamente, hay puntos en común por el simple hecho de nacer mujer, tanto Generosa como Carmiña, se dedican a su casa: la patrona debe reconvertir su casa en medio de vida sacrificando sus propias comodidades y atenderá no sólo su casa, sino también a sus estudiantes. Y Carmiña recibe una educación que se reduce a clases de música, francés y trabajos de aguja, como coser o bordar, o lo que es lo mismo: sólo se la educa en materias específicas de la condición femenina, (…). El ámbito de acción de ambas es por tanto, el doméstico y ninguna de ellas tenía autonomía económica, eran dependientes del marido o del padre, hecho que las convierte en invisibles de cara a la sociedad siendo el único fin de cada una de ellas conseguir un buen matrimonio». Tanto la pensión-museo como la novela-película, son «ejemplos de lo que significaba vivir en una sociedad patriarcal y en una época difícil para las mujeres, que todavía tenían poco peso» (C. P. Lorenzo y M. D. Villaverde, “Un museo de novela. La Casa de la Troya, y la realidad de las mujeres del XIX a través de sus protagonistas femeninas”).

Restaurada en el año 2003, se conserva copia de la película en la Filmoteca Nacional y en el Centro Gallego de Artes de la Imagen de A Coruña -CGAI-.

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