JESÚS GARRIDO

La dinámica de grupo tiene muchos aspectos, pero pueden destacarse tres: la acción-reacción que cada uno del grupo tiene ante los demás; la acción-reacción de cada uno del grupo con el conductor; y la acción-reacción de los componentes del grupo entre sí. Las técnicas de los corrillos y los diálogos simultáneos vivifican espléndidamente la comunicación entre cada miembro del grupo. Son, sin duda, técnicas de lo más oportuno y eficaz.

DIÁLOGOS SIMULTÁNEOS

Cuando un grupo no es suficientemente activo y no se le ocurren ideas, entonces el conductor puede indicar que se formulen todas las ideas, preguntas, dificultades o interpretaciones que los miembros le dan a algún aspecto del problema que se está tratando. Después, alguno del grupo resume sus preguntas o respuestas ante el resto y se van copiando las palabras claves en el encerado.

Se logra con ello una mayor participación, ya que todo el mundo tiene que decir algo. Se consigue también que los tímidos, que no se animan a manifestarse en público porque otros acaparan demasiado la conversación, logren superarse de una vez ya en diálogo simultáneo y sean capaces de exponer sus puntos de vista o experiencias personales.

Se pretende también que muchos se desahoguen. Hay algunos que se pican con el conductor, con los demás participantes, etcétera. Así suelen decir lo que sienten y hablar claro, y eso es beneficioso para la dinámica del grupo. Después, al exponer los resultados ante el gran público, o ante el grupo, suelen hacerlo los más atrevidos o los que hablan mejor. Esto ayuda a que el otro, que muchas veces es el que piensa más, tenga que intervenir si no se le ha interpretado bien su pensamiento al exponerlo. Mejora la dinámica.

Para llevar a cabo esta técnica conviene procurar trabajos breves y en tiempos cortos. De lo contrario, se pueden producir subrupturas dentro del subgrupo, animadversiones personales o puede convertirse en otra técnica distinta.

Respecto al conductor, debe atenerse a unas reglas:
Tiene que ver el momento de usar esta técnica: el grupo no avanza, un concepto no está claro, hay gente que no habla, hay demasiada gente que quiere hablar, el grupo empieza a dividirse y hace falta sondear la opinión personal de cada dos o la de cada seis, etcétera.

Ha de ser exacto en empezar y terminar esta técnica: 6 minutos, 10, 20, 30… y cortar.

Formula las preguntas que se van a discutir de un modo claro y muy concreto: que sean preguntas que exijan respuestas cortas y no permitan el discurso.

Si son de dos en dos, no hay jefes. Si son de seis en seis, se sugiere que el subgrupo nombre su propio jefe, pero no lo impone nunca. Si no sale, se deja.

Estimula a que no discutan demasiado sobre la posibilidad o no de las ideas o apreciaciones que se aporten en los subgrupos. Lo importante es la producción y la expresión libre y que nadie se sienta coartado. Si es posible o no, ya se verá en el grupo total.

Usa esta técnica para estimular y, luego, al llenar el encerado de las preguntas o sugerencias que cada subgrupo hace, los anima de nuevo.

Atiende a todo cuanto dice cada grupo, anota en clave en el encerado lo que va diciendo y no permite la crítica hasta que todos acaben. Después sigue la técnica que ve oportuna: discusión dirigida, mesa redonda…

Esta técnica intensifica el interés por participar, aumenta la intervención, destapa a los anónimos o silenciosos del grupo y facilita un ambiente democrático.

Puede dar las preguntas por escrito en papeletas o hacer que alguien de las binas o grupos se copie, pero debe comprobar que se han entendido bien.

Recorre los subgrupos y mira si funciona o hay que cambiar a otra técnica. Un riesgo que tiene es que el subgrupo tome demasiada entidad en sí mismo, se formen pandillas dentro de él y se pierda el sentido de que los diálogos simultáneos son una forma de volver con más riqueza de ideas.

LOS CORRILLOS

Se parece mucho esta técnica, en su ejecución, a la de los diálogos simultáneos. Convencionalmente, en estos suele estudiarse y discutirse una noticia ya elegida o aceptada ya por el profesor. Los corrillos, en cambio, muestran un aspecto más abierto y original: buscan la noticia en el periódico, eligen la que les parece más oportuna, sugieren qué se podría estudiar en ella, actividades y recursos que se necesitarían para el trabajo, etcétera.

Es útil cuando:

El grupo grande no es activo o es demasiado activo y no se entiende.

Hay miembros que no participan o alguno que participa demasiado.

Hay tipos geniales que no se expresan en grupo grande, tímidos que no hablan y necesitan desahogarse.

Se quiere lograr en poco tiempo muchos puntos de vista, listas rápidas de ventajas, dificultades…

Se pretende deshacer anónimos, ver cómo se agrupa la gente.

Hay que estudiar aspectos distintos de un problema.

Hay que lograr que al menos la mitad hablen ante el gran grupo.

Quiere lograrse un clima más cordial y menos tenso.

Quiere aumentarse el número de responsables.

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