ANA ABELENDA

Este carnaval, mi hija Eva, de 6 años, se disfrazó de jirafa y resistió en el cine una película entera. Salió de la sala como una jirafa. Noté altura en su manera de preguntar. «¿Por qué la abuela de Encanto se porta tan mal?». Respondí con varias preguntas y Eva se puso a bostezar. Es un duro trabajo la interpretación, pero está claro que hay que ser asertiva para interesar.

En casa no dejamos de cantar esa canción: «No se habla de Bruno, no, no, no. No se habla de Bruno más…». Encanto es una maravilla que nos gustó tanto o más que Coco. A Eva le hace cantar y bailar y a mí llorar como si hubiese contenido un gran cataclismo emocional… y al neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres, cosechar miles de likes en Facebook e Instagram con su interpretación en clave psicológica del filme.

Hay que hablar de Bruno, asegura Bilbao, porque «hablar de Bruno, aunque duela, es un signo de buena salud mental». El mensaje de Encanto, siguiendo a Bilbao, es que nadie es tan fuerte como para no necesitar ayuda, nadie es perfecto, nadie absolutamente responsable de la felicidad de los demás. Hay que hablar de Bruno, hay que hablar de eso que nos duele para tratar de sanarlo, aunque implique caer o echar abajo una mansión construida con un gran sacrificio familiar. No hay don ni reputación que valga más que tú.

Los mandatos familiares son una carga social bien vista aún. La debilidad de la familia Madrigal, de Encanto, está precisamente en sus dones. Esos dones son un látigo que la matriarca espolea para que su familia brille ante todos sin concederse ni una grieta, un respiro de verdad. La abuela Madrigal tiene grandes intenciones, pero se porta mal, como me advierte Eva. A mi hija le gusta el personaje de Luisa «porque es la más fuerte». Y la veo meterse con su hermana diciéndole: «Eres como Mirabel, ¡no tienes don!».
Llamo a Álvaro Bilbao y me dice que, «en realidad, en cada familia cada uno cumple un rol, pero ese rol no debe apoderarse de todo lo demás».

En la mía tengo claro quién sería quién de Encanto, salvo yo. Y la verdad es que prefiero no preguntar, no, no, no…

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