CARMEN VÁZQUEZ DE PRADA

El proceso para aumentar mi motivación es a veces complicado. Existen muchas diferencias individuales respecto a lo que motiva a cada persona. Es decir, cada uno tenemos nuestros propios motivadores, nivel de energía para conseguir las cosas, y por supuesto, nuestro nivel de persistencia o tenacidad para conseguir terminarlas, y hacerlo bien (con calidad). Y todo esto viene determinado, en gran medida por nuestra personalidad (genética + aprendizaje).

Empecemos, por tanto, por el principio: Lo primero, el autoconocimiento, saber quienes somos y qué nos motiva (qué nos mueve). A cada uno, como hemos señalado arriba, nos mueven distintas cosas. Vamos a analizar los posibles motivadores, para ver si podemos identificar el nuestro (o los nuestros). ¿Qué entendemos por motivador? Es aquello que nos mueve, es el motor que hace que cada uno de nosotros tomemos la decisión de actuar, o no actuar. Explica nuestras preferencias, nuestros valores, lo que aprobamos y lo que no aceptamos. Según un autor llamado Ira S. Wolfe, existen, al menos, 6 motivadores diferentes:

1. MOTIVADOR TEÓRICO

Aquellas personas a las que nos mueve aprender y adquirir conocimiento. Necesitamos recabar información sobre lo que nos interesa, y antes de tomar cualquier decisión, nos gusta leer sobre el tema, preguntar, saber, conocer, aprender. Una vez que tenemos toda la información, tomamos una decisión. El motivador es nuestro propio interés por aprender, por el conocimiento.

2. MOTIVADOR UTILITARIO y PRÁCTICO

Los que tenemos este motivador alto buscamos la utilidad y el beneficio de todo lo que hacemos. En nuestro día a día vamos a lo práctico, a lo eficiente, buscamos la productividad y los resultados. No nos gusta perder el tiempo, y necesitamos un «para qué». Nos gusta encontrar fórmulas y herramientas que nos permitan trabajar de manera más eficiente y productiva.

3. MOTIVADOR ESTÉTICO y ARMÓNICO

Este motivador no solo abarca la belleza de las cosas, sino que también valora la armonía en los entornos donde nos movemos. Solemos mostrar buen gusto a la hora de decorar ambientes, dándoles un toque acogedor. A veces también se puede reflejar incluso en la forma de vestir. Somos personas que valoramos mucho la armonía en la clase, en el trabajo y en la familia. No nos gustan nada los conflictos y estos pueden llegar a impactar mucho en nuestra concentración en el estudio/trabajo. Para motivarnos es importante cuidar el buen ambiente y la armonía entre personas (clase, amigos, familia) y también en el espacio físico (una habitación bonita, ordenada, apuntes limpios y con buena letra).

4. MOTIVADOR SOCIAL

Las personas con este motivador, solemos mostrar un gran altruismo, siempre dispuestos a ayudar, incluso, a veces, saliendo nosotros perjudicados. Se nos reconoce por nuestra generosidad. Somos muy serviciales, por esa necesidad de sentir que aportamos valor a otros.

5. MOTIVADOR PRESTIGIO Y RECONOCIMIENTO
Personas que nos mueve todo aquello que proporcione estatus social, prestigio, reconocimiento, desarrollo académico y profesional, liderazgo. Darnos una responsabilidad extra que nos proporcione reconocimiento, es el motor de nuestra conducta. Nos motiva pensar y sentir que crecemos académica y profesionalmente.

5. MOTIVADOR TRADICIONAL

Nos motiva nuestra propia visión del entorno, nuestras creencias de la vida, el respeto por nuestros principios. Podemos frustrarnos y enfadarnos cuando no conseguimos las cosas que queremos, porque los otros no entiendan cómo queremos vivir, y el significado de nuestra forma de ver el mundo. Necesitamos entornos que compartan nuestros valores y forma de vivir y nos «sacrificamos por nuestras creencias y por la causa».

¿Has podido reconocerte en uno o varios de estos motivadores? saber qué me mueve y cómo consigo mis objetivos es el inicio, el activador de mi comportamiento.
Si eres un padre/madre o profesor, es muy relevante saber qué tecla tocar con cada uno de tus hijos/alumnos. Y mantener la llama encendida, y a las personas conectadas con el proceso enseñanza-aprendizaje que se produce en la escuela y en las aulas. En muchas ocasiones podemos captar la atención de los alumnos adolescentes, dirigiéndonos a ellos con las palabras adecuadas a sus motivadores. Si es una persona con el motivador social se le puede presentar así: «Aprendiendo biología, podemos ayudar a hacer que la ciencia avance, mejorando la salud de las personas enfermas», o «como esto te lo sabes tan bien, necesito que ayudes a Pedro a que lo comprenda mejor, tu explicación seguro que le ayuda mucho más que la mía».

 


Carmen Vázquez de Prada es socia del catemo.es

 

LOS PASOS A SEGUIR

Si me encuentro en un momento donde siento que estoy desmotivado y apático, sin ganas: ¿Qué puedo hacer para aumentar mi motivación? Aunque es importante destacar que la motivación es muy subjetiva y cambiante, aquí van algunas claves que seguro que te ayudan si las pones en práctica y realmente quieres cambiar:

Identifica un objetivo, una meta que quieras conseguir. Por ejemplo; entrar en una carrera universitaria donde piden una media de un 11,3

Desarrolla un buen plan de acción. Divide tu meta en pequeñas submetas. Estas serán hitos que irás consiguiendo (Por ej: exámenes de evaluación) y sentirás que te acercan a tu meta final. No olvides celebrar cada uno de tus pequeños logros. Y si en alguno fracasas: aprende de tus errores y enfréntate al siguiente examen haciendo las cosas mejor. Tener un espíritu de aprendizaje de nuestros errores nos ayudará mucho (Carol Dweck lo llama growth mindset)

Emplea tu energía física y psíquica en lo que realmente quieras conseguir. No la malgastes en cosas que te alejen o te distraigan de tu objetivo (por ejemplo: perder el tiempo en instagram ó salir hasta muy tarde el fin de semana anterior a la semana de exámenes).

Esfuerzo y decisión. Hace falta un punto de valentía, de amor propio para alcanzar un objetivo.

No gastes tiempo en quejarte, solo te quita energía y no te soluciona nada. Sin excusas (sin “es ques ni peros”, es que estoy cansado, es que no me gustan las matemáticas..)

Actúa. Sin pensar si me apetece o no. No lo pienses, actúa. Después te sentirás bien, reconfortado y con más autoestima. Lo hago y punto (Ejemplo: hacer los deberes de matemáticas,, hay que hacerlo y ya). Aprovecha los días en los que te encuentres más alegre, optimista y con más energía para hacer las cosas que te cuestan más. Es en esos momentos en los que podrás realizar una tarea difícil.

Rodéate de personas optimistas, que luchan por lo que quieren conseguir. Las emociones y el estado de ánimo se contagian. El pesimismo también.

Disfruta del camino. De cada pequeño logro, de cada día de esfuerzo, fijándonos en lo que ya hemos conseguido: felicitate. Te ha costado llegar hasta aquí.

Y cuando hayas logrado tu meta, ¿Qué tal buscar otra para volver a ilusionarte?

Descubrir lo que queremos y lo que nos motiva es necesario y muy valioso para conseguir nuestros objetivos a lo largo de nuestra vida. Aprender a enfrentarnos a los miedos (al no voy a poder, y si no lo consigo), nos hará sentirnos más fuertes y nos ayudará a mejorar nuestra autoestima (la base sobre la que se contruye mi bienestar).

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