ANTONIO SANDOVAL

Estos días, en infinidad de parques, plazas, prados, laderas, claros de bosque, dunas o montañas de toda Galicia, de toda Europa y de casi toda la superficie terrestre del hemisferio norte, suena una sinfonía fundamental para nosotros.

Es la que crean con sus pequeñas alas una inmensa multitud de criaturas que van y vienen de flor en flor. Incluye desde el zumbido entusiasta de los abejorros y escarabajos hasta el inaudible aleteo de las mariposas, quienes parecen bailar a su son.

También nosotros deberíamos hacerlo: celebrar con bailes, con nuestra propia música y con cuantas otras formas de expresión y de arte se nos ocurran la existencia de ese acuerdo que cada primavera renuevan tantas plantas e insectos. Es un acuerdo muy antiguo. Y sin el cual nuestra especie comenzaría a pasarlo verdaderamente mal.

Ese acuerdo se pactó hace unos 100 millones de años, en un período que la ciencia denomina Cretácico y en el que todavía vivían los grandes dinosaurios. Básicamente consistió en lo siguiente: unas plantas comenzaron a ofrecer la energía del néctar y las proteínas del polen a unos insectos. A cambio, estos empezaron a ayudarlas a transportar parte de ese polen de unas a otras. Es decir, a colaborar en su polinización, a ayudarlas a tener descendencia.

Fue a partir de entonces cuando las plantas angiospermas (las que producen flores) e insectos como las abejas o las mariposas, y muchos otros, comenzaron a evolucionar mano a mano. El resultado es, entre otros, esos pétalos que cubren los campos y esa sinfonía de zumbidos y aleteos que llenan cada día de sol de primavera.

Hoy ese acuerdo entre angiospermas y polinizadores es absolutamente clave para gran parte del resto de la vida terrestre. ¡Incluida nuestra especie! Investiga, por ejemplo, cuántos de los vegetales que llegan a tu plato cada mes producen flores: se ha calculado que en torno al 30 % de los cultivos del planeta (sobre todo los de frutos y hortalizas) dependen de la polinización realizada por los insectos y por otros animales. ¿Y el 70 % restante? Investiga también, por ejemplo, de qué sistema de transporte se sirven los cereales.

Crisis de los polinizadores

Hace unos años, empezaron a sonar las alarmas en cada vez más lugares: numerosos estudios demostraban que en la actualidad hay menos polinizadores que hace solo unas décadas. Entre las causas están la pérdida de hábitat, los plaguicidas, el cambio climático, la contaminación atmosférica y lumínica… Y otras. Y por supuesto, la combinación de todas ellas. Infórmate acerca de esta crisis: ¿cuáles pueden ser sus consecuencias?, ¿qué deberíamos hacer para corregirla?

¿Hay muchos o pocos polinizadores en tu centro escolar y en sus alrededores? ¿Cuáles son los más frecuentes? ¿Qué tipos de flores atraen a más de ellos? Busca respuestas a estas preguntas desde la distancia, para dejarlos trabajar siempre tranquilos, a fin de que sigan cumpliendo su misión.

■ Para saber más. Consulta el informe Sin insectos no hay vida de Ecologistas en Acción:


asandovalrey@gmail.com es escritor y divulgador científico

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