SUSANA PÉREZ CASTELO 

Hace unos días los habitantes de la costa atlántica de Galicia se vieron sorprendidos por dos seísmos de una intensidad suficiente como para que se pudiera percibir el temblor. No es la primera vez que se registran terremotos en esta zona, pero lo cierto es que Galicia está catalogada por el Instituto Geográfico Nacional como una zona de sismicidad (riesgo de terremotos) baja a moderada, y de hecho es una de las más bajas de la península ibérica.

Los terremotos son movimientos bruscos en los que se libera de golpe una gran cantidad de energía que se propaga por el terreno en forma de ondas. El origen de estos movimientos tiene que ver con la estructura de nuestro planeta, cuya parte más exterior, la corteza, es rígida y está fragmentada en grandes bloques que se denominan placas litosféricas.

Constante desplazamiento

Estas placas reposan sobre otro estrato más profundo, el manto, que es fluido, lo que hace que las placas estén en un constante aunque lento desplazamiento, de unos milímetros al año. Las placas forman así una especie de rompecabezas cuyas piezas cubren la superficie de la Tierra y experimentan un complejo sistema dinámico de empuje en unas zonas y de separación en otras.

Al observar un mapa de la distribución de los seísmos de todo el planeta se puede ver que se localizan principalmente a lo largo de los bordes de las placas, donde los movimientos pueden ser convergentes, es decir, donde las placas se acercan; divergentes, donde las placas se alejan; o transformantes, en los que los bordes de placa se deslizan entre sí.

Son las enormes tensiones que se producen en estos límites de placa lo que desencadena los terremotos, que son de diferente importancia según el tipo de interacción; los más violentos se registran en las zonas de convergencia de placas, mientras que en las de divergencia tienen una magnitud más moderada. Hay otros tipos de terremotos asociados a la actividad volcánica, como los que se registran en las islas Canarias.

Epicentro en el mar

Los seísmos sucedidos recientemente frente a la costa de Galicia tuvieron su epicentro en el mar, concretamente a unos tres kilómetros de profundidad. Es una zona que no se encuentra sobre un borde de placa, pero que puede verse afectada por las tensiones en los límites de las placas colindantes y por los procesos geológicos derivados de ellas.

Hay evidencias que apuntan a la formación de una zona donde la corteza se está hundiendo bajo la península ibérica, un movimiento que pudo haber originado los terremotos que se acaban de registrar.

 


Susana Pérez Castelo es divulgadora científica.

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