3. CONTENIDOS

 

En esta unidad vamos a cubrir la comprensión de la geometría del sistema Sol-Tierra-Luna que da lugar a distintos tipos de eclipses. También se proporcionarán algunas ideas para observarlos de forma segura y se presentarán anécdotas que ayuden a motivar al alumnado sobre el tema.

Tres en raya

Un eclipse de Sol se produce cuando la Luna se interpone entre nosotros y nuestra estrella. Por una extraordinaria casualidad el tamaño aparente de los dos astros es prácticamente igual, por lo que si la alineación es perfecta se puede apreciar cómo la Luna oculta completamente el disco solar (eclipse total). Como la distancia entre la Tierra y la Luna varía a lo largo del mes, dependiendo de cuándo tiene lugar el eclipse puede ocurrir que el disco lunar tenga un tamaño ligeramente inferior al del Sol, por lo que el borde de nuestra estrella se vería brillar como una especie de anillo (eclipse anular). En ocasiones es posible que un eclipse comience como anular y acabe como total, o viceversa.

El alineamiento entre el Sol, la Luna y la Tierra se produce una vez al mes, y coincide con la fase de Luna nueva. Si no hay un eclipse todos los meses es porque la órbita de la Luna está ligeramente inclinada respecto al plano que contiene al Sol y la Tierra, de tal modo que lo más normal es que su sombra pase un poco por encima o por debajo de nuestro planeta. Sólo tendremos eclipse cuando la Luna nueva coincida en alguno de los dos puntos en los que la órbita lunar corta el plano de la órbita terrestre alrededor del Sol.

Lugares escogidos

El Sol tiene un diámetro 400 veces mayor que el de la Luna, pero también está unas 400 veces más lejos de nosotros. Por eso ambos astros tienen el mismo tamaño aparente visto desde la Tierra. Durante un eclipse la sombra de la Luna se proyecta como un dedo que se va deslizando sobre la superficie de nuestro planeta. La umbra, o región desde la que el Sol queda completamente oculto, apenas tiene unos pocos cientos de kilómetros de diámetro. La duración del eclipse total es de sólo unos pocos minutos, y es mayor cuanto más al centro de la trayectoria de la sombra nos encontremos. En esta ocasión casi toda la zona de totalidad transcurre por el Atlántico Norte, aunque pasa por las Islas Feroe, entre Islandia y Escocia, y las tierras noruegas de Svalbard.

Una ocasión para hacer ciencia

Observando un eclipse solar en 1868, el astrónomo francés Janssen descubrió un elemento químico hasta entonces desconocido. Fue bautizado con el nombre de Helio, en honor al dios griego del Sol, y hoy sabemos que es el segundo elemento químico más abundante del universo. En 1919 el británico Arthur Eddington viajó hasta el oeste de África para medir la posición de algunas estrellas que se hicieron visibles junto al Sol durante la totalidad de un eclipse. Estas estrellas aparecieron desplazadas de su posición real, demostrando así la predicción de la Teoría de la Relatividad de que la masa del Sol es suficiente para curvar el espacio-tiempo en sus cercanías, y por tanto también los rayos de luz que proceden de estrellas lejanas. Pero no todos los astrónomos interesados en los eclipses han tenido tanta suerte como Janssen o Eddington. Hsi y Ho, astrónomos reales en la antigua China, fueron ejecutados como castigo por no haber sido capaces de predecir el eclipse solar del año 2137 a. de C., el más antiguo del que existen registros.

La seguridad por encima de todo

Como se ha comentado varias veces en este estudio, no merece la pena correr ningún riesgo por observar el eclipse. Se ha dado el caso de personas que han perdido la visión en un ojo por utilizar unas gafas guardadas desde un eclipse anterior cuyo filtro se había deteriorado. Además, como a simple vista el disco solar es muy pequeño, resulta más interesante proyectarlo para aumentar un poco su tamaño.

La forma más sencilla consiste en preparar una caja o tubo con una pequeña perforación en un extremo y una pantalla en el otro. Existen multitud de tutoriales en internet, pero puedes empezar por este de la Agrupación Navarra de Astronomía tiene unas fotos muy claras

Otra forma muy sencilla y que siempre da resultados espectaculares es dejar pasar la luz del Sol a través de pequeños agujeros, como los que hay en una espumadera o los que se forman entre las hojas de un árbol frondoso. Tras pasar por estos orificios, la luz proyectará en el suelo una multitud de imágenes del Sol con el mordisco oscuro causado por la Luna. Puedes ver un ejemplo picando aquí. 

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