ANTONIO SANDOVAL

¡Qué bien se está así, sobre una piedra o un muro, con tus escamas recibiendo, igual que diminutas células fotovoltaicas, la luz del Sol! Una luz que, por cierto, llega hasta nuestro planeta tras un viaje de cerca de ocho minutos: este es el tiempo que tardan sus fotones (las partículas de que está hecha la luz) en recorrer la distancia que hay entre nuestra estrella y la Tierra. Pero todo esto, por supuesto, la lagartija no lo sabe. Es más: ¡tampoco lo sabía nuestra especie hasta hace bien poco!

Es probable que haya lagartijas en tu centro escolar… Siempre que ese entorno no esté muy urbanizado. Es por esto, y por otras muchas razones en forma de animales y plantas salvajes, y de las enormes ventajas para el aprendizaje que supone tenerlos cerca, por lo que cada vez más familias reclaman que haya un espacio natural, por pequeño que sea, junto a cada centro escolar.

Una lagartija muy gallega…

Y descubierta por un gallego. Así es la especie más común en la mayor parte de nuestra geografía. Se llama lagartija gallega, y el único lugar del mundo en el que existe es el noroeste de la península ibérica.

La describió por primera vez el más ilustre naturalista de nuestra tierra en el siglo XIX: Víctor López Seoane. Pero él pensó que era una subespecie de otro tipo de lagartija. Solo a finales del siglo XX se la consideró una especie con todos los honores. Su nombre científico es Podarcis bocagei. Se lo puso originalmente Seoane (como Lacerta muralis bocagei) en homenaje a un insigne zoólogo portugués, José Vicente Barbosa du Bocage, que llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores de su país.

Para observar lagartijas debes mantener toda la atención, y ser paciente. Casi seguro, lo primero que verás será una de estas criaturas escapando ante tu presencia. Aguarda: si el día es soleado, no tardará en regresar adonde estaba tomando el sol. Para no asustarla, no es mala idea alejarte y usar unos prismáticos. Entonces podrás saber si es un macho o una hembra. Los primeros son verdes por encima, mientras que las hembras son de color pardo. Unos y otras no alcanzan la madurez sexual hasta los dos años de vida. Si lo que estás viendo es una hembra adulta, puede ser que tenga cerca su mayor tesoro: entre dos y nueve huevecillos alargados y blancos, escondidos en alguna grieta. Tardan entre mes y medio y dos meses en eclosionar.


asandovalrey@gmail.com es escritor y divulgador.

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies