ANTONIO SANDOVAL 
Posadas en un árbol de cualquier parque urbano o periurbano, observando el mundo desde lo alto de una farola o paseando por entre el césped en busca de su desayuno, comida, merienda o cena, las tórtolas turcas están entre las aves más habituales de nuestros pueblos y ciudades. A finales del siglo pasado, sin embargo, no era así. Empezaron a instalarse aquí, de forma absolutamente natural, hace cerca de 50 años. Búscalas en cualquiera de tus caminatas de ida y vuelta a tu centro escolar: si vives en una ciudad, hazlo sobre todo paseando por sus mayores jardines. Quizá incluso haya más de una viviendo justo al otro lado de la ventana de tu clase.

Son muy fáciles de identificar: parecen una paloma algo pequeña, de color gris crema, de tonos a veces casi rosados; su nuca se adorna con medio collar negro, como una diadema desprendida de su cabeza. Cuando vuela, se aprecian los extremos oscuros de sus alas y blancos de su cola.

Un misterio

Hasta principios del siglo XX, apenas había registros de tórtolas turcas más allá de Turquía. Esta especie, abundante desde ese país hasta el sur de la India, se consideraba, por tanto, exclusivamente oriental. Su colonización de Europa comenzó en 1900.

Primero ocupó los Balcanes. Cinco décadas después ya había llegado a Irlanda, al tiempo que prosperaba pacíficamente en cada vez más pueblos y aldeas de este continente. Incluso llegó al norte del círculo polar ártico, en Noruega. ¡Y lo mismo sucedía en el otro extremo de su área de distribución, al aparecer en cada vez más regiones de China y Japón!

La ciencia no ha dado aún con los motivos de tan rápida expansión. Aunque lo cierto es que ha coincidido con el no menos rápido crecimiento de nuestras ciudades durante esas mismas décadas.

Y es que desde su llegada a Europa la tórtola turca ha mostrado predilección por pueblos y ciudades. Sin duda ha contribuido a ello su carácter confiado y tranquilo. Los adultos son aves sedentarias. Una vez que eligen su hogar, ya no se alejan de él. Los responsables de la expansión de la especie son, por tanto, los ejemplares jóvenes. A veces se alejan incluso cientos de kilómetros de donde nacieron. Si adonde llegan encuentran compañía, en primavera crean una nueva familia.

En nuestro país los primeros avistamientos son de los años 60. Veinte años después se estimó que criaban unas 400 parejas. El cálculo actual es de cerca de tres millones de ejemplares.

El nombre científico de la tórtola turca es Streptopelia decaocto. Ahí va un reto: la primera parte de este nombre es una combinación de las palabras streptos (cadena) y pelia (paloma), en referencia a la lista negra de su nuca. Investiga tú el origen de la segunda parte, de ese decaocto. Un par de pistas: tiene que ver con una leyenda, también griega, que cuenta la historia de cierta sirvienta de los dioses, insatisfecha con lo que cobraba por su trabajo.

Para saber más. ¿Hay tórtolas turcas donde vives? Consúltalo en este atlas.


asandovalrey@gmail.com es escritor y divulgador.

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