Aunque hoy los ordenadores hayan retirado de todas las mesas de trabajo las máquinas de escribir, no cabe duda de que el uso de este instrumento significó un gran avance en su tiempo. Desde finales del siglo XVIII y durante toda la primera mitad del XX se sucedieron distintos prototipos de artefactos ideados para facilitar la escritura, darle rapidez y para aportar facilidad y claridad a la lectura de los documentos. Esto fue así hasta que en 1873 salió al mercado una máquina de escribir que resultó el último grito de la tecnología de la época. La empresa que se lanzó a esta aventura fue la E. Remington and Sons, utilizando la patente de Christopher Sholes.

Esta máquina constaba de un rodillo sobre el cual se situaba el papel, que se deslizaba simultáneamente con el movimiento de las letras accionadas por teclas, que a su vez golpeaban sobre una cinta entintada y que grababa la letra sobre el papel. Esta tecnología básica pervivió durante toda la historia de la máquina de escribir, la cual se fue perfeccionando en cuestiones accidentales. La más eficiente de estas mejoras fue la de aplicar la energía eléctrica al sistema de manera que bastara con pulsar suavemente las teclas con los dedos. Hoy estos artilugios se han convertido en objetos de museo.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies