C. PORTEIRO

España ha identificado 22 casos —tres en Galicia— relacionados con una hepatitis de origen desconocido que está afectando a menores de 10 años en un veinte países, según la OMS. El Reino Unido fue el primero en detectar el brote. No se sabe qué la provoca ni si hay alguna relación entre los casos reportados, pero las autoridades sanitarias están en alerta.

¿Qué es la hepatitis?

Una inflamación del hígado, órgano que nos ayuda a digerir alimentos, almacenar energía y eliminar sustancias tóxicas. Cuando esta se produce, el hígado no puede funcionar de forma correcta. Hay distintos tipos. Las hepatitis A y E se transmiten por contacto con agua o alimentos contaminados por restos fecales. Las hepatitis B (que abre la puerta a una segunda, la D) y C se transmiten por la sangre —una transfusión, por ejemplo— o relaciones sexuales sin protección. El consumo de tóxicos, como el alcohol, también puede desencadenarla.

¿Por qué no se conoce el origen de este brote?

Los expertos están sorprendidos porque esta hepatitis no se asocia a ningún virus, bacteria o parásito conocido. Hay un sospechoso: el adenovirus F41. Es uno de los más de 100 subtipos que hay entre las siete especies de virus. Lo raro es que hasta ahora solo se manifestaba con gastroenteritis —inflamación del estómago e intestinos que puede provocar vómitos y diarrea—. No era tan agresivo, por eso los expertos tratan de aclarar si se trata de una mutación, de un virus nuevo o de una coinfección (varios virus al mismo tiempo, con el covid, por ejemplo).

¿Hay cura?

No hay vacuna para prevenirla. De hecho, solo hay vacunas para las hepatitis B, D y A. Para la hepatitis C hay un tratamiento que puede curar un 95 % de los casos. Si un niño padece la hepatitis de origen desconocido es probable que su propio hígado se recupere. En el peor de los casos, necesitará un trasplante.

¿Cómo detectarla?

Los primeros síntomas son comunes: malestar digestivo, vómitos y diarrea. Hay que alarmarse si la piel o el blanco de los ojos se ponen amarillos (ictericia). Eso es una señal de que el hígado está fallando.

¿Por qué se ceba con los niños pequeños?

Todavía no hay una explicación clara porque se desconoce qué origina esta enfermedad, pero la teoría indica que han estado menos expuestos que los adultos a los adenovirus, mucho más después de estos dos años de confinamiento y mascarillas, así que aún no tienen el sistema inmune preparado.

 

 

Genios de la supervivencia que necesitan infectarnos

Detrás de muchos brotes, epidemias o pandemias hay un protagonista que nunca falta: un virus. Aunque no los consideramos seres vivos, estos patógenos tienen vida propia. Tanto es así que buscan las mejores fórmulas de poder infectar a un huésped. Necesitan tomar el control de nuestras células para poder hacer copias de sí mismos y seguir expandiéndose. Es la única forma que tienen de sobrevivir.

¿Cómo lo consiguen? Al igual que ocurre con otras especies, al hacer millones de copias de sí mismos, siempre se producen algunas mutaciones (cambios en su estructura), dando lugar a nuevas variantes que pueden tener otras características. Ocurrió, por ejemplo, con el covid-19. Comenzó siendo un virus menos contagioso, pero más letal (provocaba más muertes). Con el paso del tiempo, se hicieron dominantes (más extendidas) las variantes con más capacidad de transmisión (contagio) y menos virulencia. ¿Por qué? El virus necesita un huésped vivo y cuantos más, mejor, para garantizar su supervivencia.

 

La vacuna del covid no tiene nada que ver con la enfermedad

Circulan por las redes sociales mensajes en los que se culpa a la vacuna contra el covid-19 de ser la causante de la hepatitis de origen desconocido en niños. Esto es rotundamente falso. Solo se necesita un dato para desmontar este bulo que algunos propagan por ignorancia o para generar miedo: la mayoría de los niños que han padecido o padecen esta enfermedad no estaban vacunados contra el covid-19. Es más, las estadísticas y estudios médicos han demostrado que la vacunación ayuda a protegernos de las enfermedades. 

ACTIVIDAD BÁSICA

Conocer nuestro cuerpo

La hepatitis está relacionada con el hígado, pero hay otras enfermedades que afectan a otros órganos. La neumonía, por ejemplo, a los pulmones. Para conocer mejor nuestro cuerpo y las dolencias que pueden aparecer, dibujad en un papel vuestra propia silueta e investigad dónde se sitúan el corazón, el cerebro, el páncreas, el estómago, los pulmones, los intestinos y el aparato urinario. ¿Qué enfermedades se asocian a cada uno de estos órganos?

 


Las actividades de esta unidad están realizadas por C. Porteiro

Mapa de las víctimas por cólera en las calles del barrio londinense de Soho a mediados del siglo XIX

Un mapa para frenar el cólera

Fíjate en el mapa. Se trata del barrio de Soho (Londres) a mediados del siglo XIX. Las zonas más rayas se corresponden con las calles donde se registraron más víctimas de cólera durante un brote que azotó la ciudad en 1854. Murieron centenares de personas tras experimentar diarreas, náuseas, vómitos y deshidratación.

Nadie conocía el origen de la epidemia. Como era habitual en la época, las autoridades atribuyeron las infecciones a los «miasmas», es decir, vapores contaminantes que se respiraban en la zona. Sin embargo, un joven doctor —John Snow—, decidió investigar.

Tomó los datos oficiales de fallecidos y al revisar su distribución se dio cuenta de que un número muy alto de afectados se concentraban en la misma calle, Broad Street. No tardó en darse cuenta de que todos ellos habían utilizado la misma bomba de agua que abastecía a la zona. Ante la sospecha de que era el agua, y no el aire, la responsable de los contagios, se ordenó el cierre de dicha bomba. ¿Qué ocurrió? Los casos se redujeron drásticamente, demostrando que Snow tenía razón: el cólera no se transmite por el aire sino por el contacto con superficies contaminadas con la bacteria que la provoca, aunque esto no fue aceptado hasta 25 años después, con la teoría microbiana de Louis Pasteur.

Los hallazgos fueron plasmados en varios mapas que ya se han convertido en historia de la medicina, por cuanto fueron muy útiles para rastrear brotes y poner sobre la mesa la necesidad de crear una red de drenaje y suministro limpio. También es historia de la infografía, porque se considera una de las primeras visualizaciones de datos que permitieron ver un patrón y entender cómo se había propagado la enfermedad.

El cólera no está erradicado. Cada año mueren miles de personas en todo el mundo por la bacteria V. Cholerae, que apareció por primera vez en el delta del río Ganges (India). En la actualidad los casos se concentran en los países en vías de desarrollados. ¿Por qué? No cuentan con suministro de agua potable o saneamiento de aguas residuales.

 

Las recetas para doblar la esperanza de vida en tan solo un siglo

No cabe duda de que la medicina y la farmacología han sido grandes impulsoras de la mejora en la calidad de vida. Si hoy vivimos el doble de años que hace solo un siglo es gracias a sus avances. Sin ir más lejos, las vacunas, la penicilina o los trasplantes han salvado millones de vidas y han permitido que los niños puedan llegar a edad adulta, algo que no era lo habitual. La gente moría por algo tratable hoy como la tuberculosis o enfermedades erradicadas, como la viruela.

No obstante, no todo el mundo se moría al llegar a los 42 años. Había gente que podría vivir hasta los 75, por ejemplo, el problema es que antes de llegar a la edad adulta morían muchas más personas por enfermedades que hoy se pueden prevenir o tienen tratamiento.

Avances en otras ramas de la ciencia, como la ingeniería o la arquitectura, también han contribuido a mejorar nuestra salud. ¿Puedes imaginar cómo? Los arquitectos tuvieron que idear construcciones donde no se estancase el agua, porque podían proliferar mosquitos —transmiten enfermedades— y durante los años de la peste se reformaron las casas, incluidos los cimientos, para evitar la entrada de las ratas, que transmitían la enfermedad. Los ingenieros, a su vez, diseñaron redes de drenaje, canalización y saneamiento de agua o sistemas de ventilación en interiores.

ACTIVIDAD MEDIA

Simulador de pandemias

En esta web podrás simular la propagación de un virus, bacteria o parásito. Elige uno de ellos y hazlo evolucionar para ver, en función de sus características, cuán rápido se puede extender. ¿Qué patógeno es más letal?

ENTENDER

La globalización facilita la propagación

Si bien es cierto que hoy tenemos más recursos para detectar, controlar y buscar curas para ciertas enfermedades contagiosas, también hay que entender que la globalización —el comercio, los viajes y las migraciones— han facilitado la propagación de patógenos.

Los colonizadores españoles llevaron el sarampión, la gripe y la viruela a América en el siglo XV. Los indígenas no estaban inmunizados porque nunca habían estado en contacto con los patógenos, que arrasaron poblaciones enteras.

La propagación de un virus cambia nuestros hábitos de vida. Antes de la aparición del VIH (sida) la población apenas utilizaba preservativos para las relaciones sexuales. El SARS-CoV impulsó el comercio electrónico ante el cierre de comercios en China. El H1N1, de la mal llamada gripe española, impulsó la natalidad porque acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

ACTIVIDAD AVANZADA

El coste de salvar vidas

Un laboratorio tiene derecho a poner el precio a un fármaco para recuperar la costosa inversión que supone y obtener beneficio, pero un Estado también tiene el suyo a negociarlo. El problema surge cuando hay vidas en juego. Debatid sobre esta cuestión: ¿Se le puede poner un precio máximo a un fármaco?

El precio de los medicamentos: lo que hay detrás de las negociaciones con las farmacéuticas

Las vacunas y los fármacos para prevenir y curar enfermedades son producto de muchos años de investigación e inversiones multimillonarias. Hay que pagar salarios, material, ensayos y ni siquiera se tiene la certeza de que el resultado será exitoso, de hecho muchos no lo son. Por eso los Estados delegan esa responsabilidad en laboratorios privados, con los que negocian una vez que sacan al mercado tratamientos efectivos.

Eso fue lo que ocurrió con el Sovaldi. Un antiviral aprobado en el 2013 que curaba casi al 90 % de los pacientes con hepatitis C. El laboratorio que lo desarrolló (Gilead) le puso un precio muy alto: 60.000 euros por 24 semanas de tratamiento. Para las autoridades sanitarias españolas era un precio «inasumible», así que decidieron no administrar el fármaco, a pesar de que la enfermedad provocaba unas 4.000 muertes al año. Como respuesta a la presión social y para no disparar el gasto, se crearon comités de expertos que decidían a quién se le permitía el acceso al medicamento. Hubo pacientes (también en Galicia) que murieron esperando por el tratamiento y sus familiares lo denunciaron a la justicia.

El coste tampoco es el mismo en España que en otros países más pobres. Los laboratorios suelen rebajar el precio de los tratamientos y vacunas, aunque en muchos casos siguen siendo prohibitivos. Es lo que ocurrió con la vacuna del covid-19. Cada farmacéutica negoció un precio diferente con cada país. Los más pobres se quedaron sin ellas o dependieron de las donaciones.

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