JOSÉ A. PONTE FAR 

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843. Murió en Madrid en 1920, tenía 76 años y estaba casi ciego, lo que le obligó a dictar sus últimas obras. Siempre contó con el favor de la crítica, pero nunca fue bien valorado por la España oficial conservadora. Hasta el punto de que era el gran candidato a ganar el Premio Nobel de 1915, pero una comisión oficial española se desplazó hasta Estocolmo para que no le fuese concedido el premio a un compatriota. Aquí somos así: la ideología se antepone a la estética.

El hecho de que el novelista canario, heterodoxo y anticlerical, terminara presidiendo en 1909 la Conjunción Republicano-Socialista, que un año más tarde terminaría llevando al Congreso de los Diputados al fundador del PSOE, Pablo Iglesias, nunca fue olvidado por la clase política conservadora. Y nuestro gran escritor se quedó sin el Premio Nobel, del que era un digno merecedor.

Galdós fue para muchos críticos, escritores y profesores de literatura el más grande narrador español después de Miguel de Cervantes. También, por lo tanto, el más notable representante del realismo en España e iniciador del naturalismo en nuestras letras. Por estas coincidencias literarias entabló una relación amistosa y sentimental con Emilia Pardo Bazán. Tuvo fervientes seguidores entre los novelistas españoles, como Antonio Muñoz Molina, la recién fallecida Almudena Grandes o Rafael Chirbes.

De la clase media al palacio

Su importancia en la literatura española es hoy más reconocida que nunca. Le avala su obra, con cerca de cien novelas, casi una treintena de obras de teatro y una colección importante de cuentos, artículos periodísticos y ensayos.

En 1873 empezó a publicar los Episodios nacionales, una de sus obras más conocidas. Se trata de una colección de 46 novelas históricas redactadas entre 1872 y 1912 y están divididas en cinco series que tratan de la historia de España desde 1805 hasta 1880. Son obras que se pueden leer en cualquier momento de la vida porque reflejan no solo hechos históricos importantes, sino que también diseccionan la vida diaria de la gente normal en España a lo largo de todo el siglo XIX. En ellas reflejó como ningún otro en la literatura la vida y la gente de Madrid, se podría decir también que es el novelista que mejor retrata la vida de España. Un país, el que él vivió, muy conflictivo y en constante proceso de renovación de ideas y costumbres.

Se puede afirmar que, para estudiar y conocer esa época de la historia española, las novelas de Galdós son tan necesarias como las crónicas de los periódicos y los estudios propios de los historiadores. Sus obras se mueven constantemente por la geografía madrileña y española. Describe la vida de la clase media como nadie lo ha hecho, pero también los despachos y los salones aristocráticos en los que se celebra una fiesta, los campos de Castilla y los cafés madrileños con toda su agitación humana.

Su carrera comenzó con su traslado a Madrid para estudiar Derecho (una carrera que nunca acabó) y poco a poco se fue convirtiendo en un escritor profesional, que comenzó a vivir de sus obras escritas. Colaboró y luego dirigió la Revista de España y también deleitó con sus bellos textos a los lectores del periódico El Debate. Y de esta forma, Galdós empezó con mucho brío su carrera literaria: su primera novela, La fontana de oro, se publicó en 1870.

Historias inolvidables

Como novelas recomendables, también citaré Fortunata y Jacinta (1886), Miau (1888), Tristana (1892), Misericordia (1897) y El abuelo (1897). Además de por su calidad literaria, se han popularizado con gran éxito por las excelentes versiones televisivas y cinematográficas que se hicieron de ellas.

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