CARLOS OCAMPO

«El batiscafo Trieste descendió a más de 11.00 metros en aguas de Guam» es uno de los titulares de la primera página de La Voz de Galicia del 24 de enero de 1960. «El batiscafo Trieste, de la Marina norteamericana, ha descendido a una profundidad de más de once kilómetros en la fosa de las Marianas, junto a la isla de Guam, con lo que se ha batido todas las marcas de inmersión anteriores. En un anuncio de la Marina en Washington se dice que el batiscafo descendió a 11.340 metros».

Al leerla hoy, puede parecer que había algo de exageración en esta nota de prensa sobre el récord que aún sigue en manos de Jacques Piccard, porque no pudieron ser más de 10.924 metros. Esta es la profundidad máxima del abismo de Challenger, que está cerca de Guam y es el lugar más hondo de la Tierra y de la fosa de las Marianas, llamada así porque está junto al archipiélago del mismo nombre. 10.924 metros es el dato obtenido por el proyecto Five Deeps, en mediciones realizadas con las técnicas más avanzadas. Puedes leerlo en un artículo de la BBC publicado en mayo del 2021 (t.ly/Tq47).

No obstante, las profundidades del mar no son fáciles de medir y los 11.000 metros hay que tomarlos con cautela, pero darlos por válidos para el momento. En todo caso, el récord parece imbatible, a menos que la exploración oceanográfica descubra algún punto más profundo que aún no conocemos.

Carrera de récords

Los anteriores récords los había logrado también el Trieste, un batiscafo «comprado por la Marina norteamericana a Jacques Piccard y a su padre, Auguste [este fue quien lo diseñó, y lo construyó él mismo]». Solo unos días antes, el 9 de enero, podemos leer, también en primera página: «El batiscafo Trieste, de 75 toneladas, ha alcanzado una profundidad récord […] de 7.200 metros, batiendo su marca anterior, de 5.500 metros, establecida en noviembre en el mismo lugar. . Iba mandado por el teniente de Marina Donald Walsh y llevaba a bordo a Jacques Piccard, coinventor del batiscafo».

El 23 de enero, el científico suizo Piccard y el teniente Walsh —«quienes han declarado que no tropezaron con dificultades»— son también los tripulantes del Trieste.

Pero ¿a qué obedecía esta sucesión de plusmarcas (5.500, 7.200, 11.340 metros) en tan corto período? Todo formaba parte del llamado proyecto Nekton. La finalidad de este programa era demostrar que los Estados Unidos tenían entonces «capacidad para la exploración por hombres del lecho marino en sus partes más profundas», es decir, una especie de proyecto Apolo, de carrera espacial, pero en dirección opuesta.

Consecuencias

El 17 de febrero de 1960, un reportaje de La Voz ampliaba con todo lujo de detalles la aventura de Piccard y Walsh y hablaba de las aplicaciones prácticas del proyecto Nekton. «La hazaña del Trieste duró 6 horas y 31 minutos […], en la zona del abismo Challenger, que registra la máxima profundidad de los mares (10.063 metros), [Piccard y Walsh] han conseguido una marca que no tiene menos importancia que el lanzamiento del primer Sputnik», arranca la noticia.
Sigamos leyendo: «La expedición americana en las Marianas está en curso desde hace meses, con objeto de proporcionar, principalmente, datos para el proyecto y construcción de sumergibles atómicos de gran profundidad, que puedan alcanzar más de 7.000 metros y resistan el formidable empuje de la presión».
El experimento, no obstante, aportó mucho más: «Se sabe que en la extraordinaria profundidad a que [Piccard] ha llegado existen aún formas de vida y que le han llamado la atención unos peces que tienen la cabeza en forma de caja cuadrada».

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