Fernando Pariente.

El 17 de enero de 1920 fue el primer día en que la sociedad norteamericana se vio obligada a abstenerse del alcohol al entrar en vigor la Enmienda 18, aprobada por el Congreso tres años antes. Sus defensores sostenían que así se iniciaba una nueva vida de la sociedad con grandes ventajas para la convivencia y la moralidad. Sin embargo, la cruda realidad vendría a demostrar, con el paso del tiempo, que los inconvenientes podrían ser mayores que las ventajas. El submundo clandestino que nació de la prohibición fue un eficaz caldo cultivo para el desarrollo del hampa, de las mafias, de la violencia y del crimen. El remedio fue peor que la enfermedad. Por eso una nueva enmienda a la Constitución, la 21, derogó en el año 1933 la Enmienda 18.

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