CRISTINA PORTEIRO
La mitad de las mujeres en España han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida por el simple hecho de ser mujer. Desde violencia psicológica a acoso callejero o incluso agresiones físicas y sexuales, según el Ministerio de Igualdad. En el resto del mundo, las cosas no están mejor. Cada día son asesinadas 137 mujeres por sus parejas, exparejas o familiares. Por eso, cada 25 de noviembre la sociedad se moviliza para recordar a las víctimas de la violencia machista, exigir el fin de las agresiones y reivindicar la igualdad.

Mira este vídeo de los alumnos del IES Agra de Raíces (Cee)

¿Por qué el 25 de noviembre?
El 25 de noviembre de 1960 fueron asesinadas las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) tras haber sido encarceladas, violadas y torturadas por orden del dictador Rafael Trujillo (República Dominicana). Ellas se opusieron al tirano, quien escribió un largo historial de crímenes. En 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) —donde se reúnen los representantes de todos los países del mundo— decidió conmemorar en el aniversario de sus muertes el día para la eliminación de la violencia contra las mujeres, un problema que no entiende de países, edades, religiones, ideologías ni condiciones económicas.

¿Qué es la violencia machista?
Cualquier agresión a una mujer que se produzca apoyándose en el argumento de que pertenece a un hombre o que es inferior a él. Aunque la relacionamos con los golpes, también hay violencia psicológica (insultos, humillaciones, prohibiciones, control obsesivo para saber dónde anda o por qué vistes de una manera), sexual y económica (cuando se controla a una mujer quitándole su fuente de ingresos para que dependa del hombre).

¿Afecta a todas las mujeres?
La violencia machista es como una epidemia, las más larga de la historia. Está extendida por todo el mundo y la sufren muchas mujeres, ya sean ricas o pobres, con estudios o sin ellos. Y es así porque la sociedad se ha negado a tratarlas como iguales a los hombres. Todavía se normalizan comportamientos machistas como el de suponer que son menos inteligentes o el de tratarlas igual que a menores de edad que necesitan protección y ayuda para decidir. De ahí la importancia de educar en la igualdad, ofrecer protección efectiva a las víctimas para que puedan rehacer sus vidas y no mirar hacia otro lado si conocemos algún caso.

Ana Orantes: Su asesinato cambió las leyes

Ana Orantes, contando el calvario que fue su matrimonio y que le costó la vida

 

En 1997, Ana Orantes relató en televisión los 40 años de maltrato a los que la había sometido su exmarido, José Parejo. Trece días después, José roció con gasolina a Ana y le prendió fuego. Ella murió. A raíz de este caso se creó la Ley de Violencia de Género y las órdenes de alejamiento.

Hay muchas señales de violencia que pasamos por alto

Seguramente hayas sido testigo de algún comportamiento violento contra las mujeres. Algunos, como las agresiones físicas, son inconfundibles. Pero a veces no es tan sencillo, porque estamos acostumbrados a normalizar ciertos actos, como el de confundir los piropos con comentarios inapropiados. Levantar la falda a las niñas puede resultar gracioso a algunos adultos y niños, pero es un gesto que no se debe consentir. Tampoco se puede besar a una chica si ella no quiere o insultarla por negarse a cualquier petición. En el ámbito familiar, ¿qué rol tienen nuestras madres y hermanas? ¿Son ellas las que siempre ponen o recogen la mesa en las comidas familiares? ¿Toman decisiones? Quizá hayas escuchado a algún amigo insultando a su exnovia o amenazando con publicar sus fotos íntimas. Eso es violencia y debe denunciarse. Tampoco se debe consentir que el hombre decida cómo, con quién o a dónde puede ir una mujer. Nada justifica limitar su libertad.

 

Solo se probaron falsas siete de cada 168.000 denuncias

En los últimos años se ha popularizado el discurso de que muchas mujeres denuncian en falso por venganza. Incluso algunos partidos como Vox niegan las cifras oficiales y la existencia de un problema en todos los ámbitos de la sociedad, desde el familiar al del trabajo o la educación. La realidad es otra. El año pasado se presentaron 168.057 denuncias por violencia de género. Se decretaron 40.720 órdenes de alejamiento (2.022 en Galicia), que es la prohibición de acercamiento del maltratador a la víctima. ¿Cuántas de todas esas denuncias eran falsas? Según la Fiscalía española, solo siete. Y ese es otro problema. «Solo creemos a la mujer si muere», dicen los colectivos que las defienden.

 

Líderes mundiales en el G20 en el 2016.Damir Sagolj

Ellas lideraron los cambios

Hoy las mujeres españolas pueden divorciarse si lo desean. Pero no siempre fue así. Hasta 1981 estaba prohibido. Cuando vuestras abuelas eran jóvenes, debían pedir permiso —por norma— a su padre o a su marido para poder trabajar, cobrar su propio salario, comprar cualquier objeto de valor o abrir una cuenta bancaria. Su rol se limitaba al cuidado del hogar, los niños y satisfacer al hombre.

Hasta finales de los noventa, las mujeres todavía tenían que oír de boca de vecinos, familiares o incluso la policía aquello de «perdónale, que está arrepentido» cuando denunciaban maltratos. Esa incomprensión social alcanzaba también a altos cargos como el Defensor del Pueblo, quien llegó a decir que no existía «interés histórico social o jurídico» por la violencia de género. No se llevaba la cuenta de las mujeres asesinadas. Y se hablaba de «crímenes pasionales», en lugar de «crímenes machistas».

Por eso fue tan importante que mujeres valientes, como Ana Orantes, denunciasen públicamente su indefensión. Su caso, trágico, removió conciencias y logró avances importantes en España. No fue solo el embrión de la Ley de Violencia de Género, que supuso un avance en el endurecimiento de las penas y una mejora en la protección a las víctimas. También sirvió para demostrar que la educación de los niños es vital para prevenir situaciones de violencia en el futuro.

Las mujeres también se han abierto paso, con mucho esfuerzo, hacia los cargos de responsabilidad. Gracias a ellas, España es hoy uno de los países más avanzados del mundo en igualdad y el segundo con más mujeres en el Gobierno, después de Finlandia. Pero esto no es lo habitual. Solo hay que ver las reuniones internacionales donde se dan cita los líderes. Como la de la foto. ¿Cuántas mujeres ves?

Las huellas del machismo ayer y hoy

Enhorabuena, si defiendes la igualdad: eres feminista

«Yo no soy feminista ni machista, defiendo la igualdad». Es una frase que habrás oído en alguna ocasión. Quizá valga la pena recordar qué defiende el feminismo: la igualdad entre las mujeres y los hombres. Otro de los rasgos del feminismo es que no es excluyente. Los hombres que tratan a las mujeres como iguales y respetan su libertad también forman parte de este movimiento, porque el feminismo es cosa de toda la sociedad. No se trata de una guerra de sexos, el objetivo es trabajar conjuntamente en beneficio de ambos, porque las sociedades feministas son más ricas y avanzadas.

Aún excluidas de la toma de decisiones

No es raro encontrar conferencias en las que solo intervienen hombres, ver mesas de debate en las que solo ellos opinan o incluso hombres que desacreditan a mujeres porque creen que están intelectualmente más preparados por el hecho de ser varones. Esto también ocurre con los altos cargos empresariales y políticos. De los 27 países que conforman la Unión Europea, solo tres son gobernados por mujeres (Dinamarca, Finlandia y Alemania). En el resto del mundo, solo uno de cada 10. A pesar de representar a más de la mitad de la población, ellas ocupan una cuarta parte de los asientos parlamentarios.

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ENTENDER

Cuando el «mi marido me pega» provocaba risas

Hoy sería impensable hacer chistes sobre mujeres maltratadas. Y esto es así porque la sociedad está más sensibilizada y concienciada. Pero no hace tanto tiempo (1991), la gente se llegaba a reír de este grave problema. Un ejemplo es la polémica escena del «mi marido me pega», de los humoristas Martes y Trece, en la que parodian a una víctima de malos tratos.

También en el cine hay ejemplos de machismo. En la película «Sor Citroën», una monja le dice a una mujer maltratada: «Tú eres muy débil, te gusta que te peguen. Siempre has sido muy locuela. ¿No será que le provocas?», culpando a la víctima de la violencia ejercida por su marido. ¿Crees que en las series y películas que ves se normalizan actitudes dominantes y violentas contra las mujeres?

■  En el mundo del deporte hay competiciones en las que las mujeres todavía son utilizadas como objetos decorativos. En el ciclismo o las motos, era habitual ver a azafatas besando al campeón, como si fuesen un trofeo. ¿Qué opinas?

PROFUNDIZAR

La culpabilización de la mujer ha estado detrás de actitudes sociales y sentencias judiciales polémicas

■  ¿Has oído hablar del sexo fuerte y el sexo débil? Las palabras también generan desigualdad y violencia. Las utilizan quienes cuestionan la valía de las mujeres para cosas tan comunes como estudiar carreras científicas, conducir, dirigir empresas e incluso competir en actividades deportivas. Incluso cuando destacan, denuncian que les cuesta el doble que a sus compañeros ser reconocidas. Seguro que admiras a mucha gente. ¿Alguna es una mujer?

Los roles de género asignan tareas diferenciadas. A ellas siempre les ha correspondido el cuidado (del hogar, de las personas). Por eso cuando se niegan a reproducir ese rol, las desprecian (con insultos como feminazi) o se las culpa de cualquier desgracia familiar.

■ Hace poco trascendió la noticia de tres jueces que absolvieron en Perú a un violador alegando que la víctima llevaba bragas rojas de encaje. En España también ha habido casos polémicos. ¿Recuerdas la sentencia de la Manada? Cinco hombres violaron a una mujer en un portal de Pamplona en el 2016 y lo grabaron en vídeo. Inicialmente se los condenó solo por abusos sexuales, un delito menor que el de violación. ¿Por qué? Los jueces alegaron que la víctima no se resistió. Las protestas de las «manadas feministas» y la presión política no se hizo esperar. Se recurrió el caso y un tribunal admitió la violación.

■ ¿Has oído hablar del «solo sí es sí»? Muchos abusos se producen bajo el pretexto de que las mujeres dicen no o no dicen nada cuando quieren decir sí. La nueva ley de libertad sexual —todavía en trámite— exigirá el consentimiento expreso de la mujer. El silencio no es un «sí». ¿Crees que es necesario?

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