Fernando Pariente.

Los dos hombres que se dieron la mano aquel 26 de marzo de 1979 en Washington, Anuar el Sadat y Menáhem Begin, representaban a dos pueblos que en treinta años se habían enfrentado en cinco guerras abiertas: Egipto e Israel. No era la primera vez que se veían, habían debatido muchas horas y habían negociado duramente. En 1977 Sadat viajó por sorpresa a Jerusalén y se comprometió a reconocer al Estado de Israel si se daban las condiciones necesarias. En 1978, ambos habían sido huéspedes del presidente norteamericano Jimmy Carter en su residencia de Camp David, y allí habían firmado unos acuerdos que habían abierto por fin el camino de la paz. Lo que parecía imposible estaba hecho, por ello ambos protagonistas recibieron el Premio Nobel de la Paz. Desgraciadamente, no todo el mundo comprendió esta solución. Algunos países árabes consideraron el acuerdo una traición de Egipto y por ello trasladaron la sede de la Liga Árabe de El Cairo a Túnez. Años más tarde, en 1981, Sadat fue asesinado por soldados de su propio ejército.

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