ANTONIO SANDOVAL

Camino de tu centro escolar a primera hora de la mañana, mientras das vueltas en tu cabeza a las clases, controles e incluso exámenes que tienes por delante las próximas horas, llama tu atención lo mucho que brillan las gotitas que cubren un tramo de césped o de hierba junto al que pasas. ¿Habrá llovido esta noche? No, porque los charcos que en tal caso te encontrarías en tu ruta, y en los que alguna vez has llegado a meter el pie de puro despiste, están hoy ausentes. ¡Ah, claro!, te dices, ¡son gotas de rocío! Has acertado. Pero, ¿qué sabes acerca del rocío? ¿De dónde sale?

En la antigüedad clásica, los griegos tenían una diosa que personificaba este fenómeno. Se llamaba Ersa, y era hija nada menos que de Zeus y de la Luna. Más en concreto, de Selene, que para ellos era la diosa de nuestro satélite. Y es que por entonces se pensaban que este tenía mucho que ver con esas gotitas minúsculas. Hoy sabemos que no es así.

Condensación nocturna

Muchas noches, a la vez que la superficie de la Tierra se enfría según pierde su calor, la humedad de la atmósfera se condensa a una velocidad superior a la que puede evaporarse: esto es lo que da como resultado la formación de estas gotitas de agua. Y en no pocas ocasiones, ¡también a la niebla!

Otros de los lugares típicos en los que se forma el rocío son, además de la hierba, las hojas de los árboles y arbustos o las telas de araña. Estas últimas se quedan entonces demasiado expuestas para cumplir su función, hasta que el sol se lleva esas gotas delatoras. La próxima mañana de rocío, probad en vuestra clase a descubrir en qué lugares aparece en mayor o menor cantidad, o se ausenta el rocío, por ejemplo en el patio. Y averiguad el por qué de estas diferencias.

Una estimación muy vaga

¿Cuántas gotitas de rocío puede llegar a haber en la hierba de uno de los campos o parterres de tu centro escolar, o de su entorno? Contarlas sería imposible. Es más: probablemente gran parte de ellas se evaporarían antes de que terminaras. Pero sí puedes intentar hacer una estimación, por muy vaga que sea.

Cuenta las gotitas que cubren, por ejemplo, solo diez briznas de hierba juntas y de diferente tamaño. ¿Cuál es la media de todas ellas? A continuación, calcula cuántas de esas briznas puede haber en, por ejemplo, diez centímetros cuadrados. Si esa proporción se mantuviera a lo ancho de ese recinto, ¿cuántas serían en un metro cuadrado? Entérate ahora de la extensión total de ese espacio de hierba, y haz la estimación final.

Una forma muy particular

Fíjate, ya de paso, en la forma de esas gotitas: no son una esfera, ni media, sino que tienen un aspecto muy particular. ¿Cuál crees que es el motivo?

Ahí va una pista: los líquidos tienen una propiedad que se denomina tensión superficial… ¿Te suena de algo? ¿Has probado, por ejemplo, a depositar con cuidado una pequeña aguja de coser en la superficie de un vaso de agua, y ver cómo flota? Si luego tienes sed, ¡recuerda sacarla de ahí antes de beber!

Para saber más. El rocío en algunas tradiciones gallegas y de otros lugares.

 


asandovalrey@gmail.com es divulgador y escritor.

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