SARA CARREIRA

En el IES Campo de San Alberto de Noia llevan años trabajando por proyectos y de forma colaborativa: «Nos permite atender a la diversidad desde una perspectiva inclusiva donde el alumnado con diferentes niveles de competencias e intereses participa activamente en las mismas actividades», dice Chefa Lorenzo, profesora de Pedagoxía Terapéutica (PT). Ella, junto a Félix Sánchez, docente de Lengua Castellana, fueron los que desarrollaron con los alumnos de 3.º de ESO este reportaje.

Para elegir el tema se fijaron en una noticia del periódico, que decía que Concello y cofradía de Noia, además de la Xunta y otras entidades, trabajaban para llevar al marisqueo noiés ante la Unesco, con el fin de ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, una lista en la que ya está la colocación gallega de piedra en seco como forma constructiva. En el caso del marisqueo, a Lorenzo y Sánchez les pareció muy interesante «por lo que supone para nuestra zona y porque una gran parte de las familias de nuestro alumnado vive del marisqueo».

Este asuntos les permitió aunar muchos aspectos importantes: los alumnos se ponían al tanto de la actualidad de su villa, pero también ahondaban en las tradiciones locales, descubrían el valor económico de un sector como el marisquero y la necesidad de construir una economía sostenible, un concepto muy importante para esta generación.

Debido a la pandemia cambiaron ligeramente la forma de trabajar: al principio, cada estudiante investigó alguna de las singularidades que definen y diferencian el marisqueo en la ría, y lo hicieron «bien por Internet o preguntando a expertos»; en una segunda fase, los resultados fueron compartidos en un repositorio común en el aula virtual del centro, desde donde «todo el alumnado podía acceder a todo el trabajo realizado por sus compañeras y compañeros y usarlo para la elaboración del reportaje que debía recoger y sintetizar las principales características del marisqueo». Con todas las propuestas se hizo una versión final.

«Al principio nos costó optimizar los escasos 50 minutos que duran las sesiones lectivas pero cuando alcanzamos la ‘‘velocidad de crucero’’ las caras de concentración y las discusiones surgidas del contraste de pareceres nos indicaron que el trabajo de motivación estaba conseguido», recuerda Chefa Lorenzo.

Gracias a la tecnología el alumnado se organizó en parejas sin riesgo para su seguridad, igual que las videoconferencias con los expertos.

«Nos dimos cuenta de los beneficios que reporta al grupo un trabajo de este tipo, donde los límites individuales se diluyen y el trabajo de todos contribuye a enriquecer el individual. Al ser compartido todo el material, algunos de los alumnos más brillantes utilizaron el material aportado por otros que en principio no lo son tanto, poniendo en valor el trabajo de todo el alumnado, no solo el de los más capaces».

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